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Madrid, Madrid, Madrid….

Sigo sintiendo que el cielo de Madrid es único, el contraste del azul brillante con el verde de los árboles, es algo tan especial que no sé cómo explicarlo.

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Por Consuelo Elipe

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Pues estoy en España. Y no, no estoy de vacaciones. Es lo que pasa que cuando no vives en una ciudad y la visitas, siempre parece que vas a hacer turismo, pero cuando es tu ciudad de origen esto no funciona así.

A veces da un poco de pena porque incluso siendo mi ciudad me gustaría venir completamente de vacaciones y dedicarme a descubrirla con ojos nuevos. Con tiempo, con calma.

Pero desde que me quede a vivir en Puerto Vallarta, muchas de mis visitas a Madrid, y sobre todo en algunos periodos, han sido por temas no tan felices como temas de salud de familiares. Esto enlaza directo con lo que hablaba en la última columna sobre la vejez.

Cuando decides irte a vivir fuera de tu país, y lo haces siendo bastante joven, nunca piensas que el mundo, tu mundo va a cambiar, y que tus padres que en ese momento son jóvenes también y están perfectos, en un determinado momento no lo estarán.

Pero como bien aprendí en México, no hay día que no llegue ni fecha que no se cumpla (¿o algo así no?) y la fecha de que la vuelta a casa sea por motivos ajenos a las vacaciones llegó.

Independientemente de esta introducción, siempre me gusta compartir cómo veo mi país, sabiendo que es un país visitado por muchos y querido también. ¡Y hay tantas cosas! Sigo sintiendo que el cielo de Madrid es único, el contraste del azul brillante con el verde de los árboles, es algo tan especial que no sé cómo explicarlo.

Este mes de mayo, con nuestro patrón San Isidro que tiene un no sé qué, que no tienen otros meses, y cuando lo unes a un clima excepcional, con ese frio “finito” que se cuela y te deja la cara helada, el resultado es que es delicioso pasear por cualquier lado o estar en casa en tu sillón favorito de todo el mundo mundial, arropada con la manta.

Y claro, con este ambiente, ¿qué puede apetecer más que un café con leche en vaso? En la barra de un bar, mejor en el mío, MI BAR, ese de debajo de mi casa en el que he tomado café los últimos 30 años, con el mismo camarero, Candy, entrañable, con la tele puesta con las noticias o con la lotería de navidad, lo que toque. O en una terracita, esas tan monas que ahora han brotado como setas desde que ya no se puede fumar dentro de los lugares y que la verdad también me encanta, las cerraditas con cojines y plantitas en “modo acogedor”. Podría tomarme 8 cafés, al día, pero considerando que tengo el jet lag y no me duermo ni a tortas, lo dejo en 3…o 4.

Hoy tuvimos hasta una tormenta de verano, así se llaman, literal, en 5 minutos llovió, casi nos lleva el aire, granizó, y paró. E incluso eso me pareció divino, porque todo es diferente y todo me recuerda a tantas cosas en los que en muchos aspectos sí, cualquier tiempo pasado fue mejor (lo digo porque todos estábamos jóvenes y todos en la familia estaban sanos).

Desgraciadamente el ambiente político y general no esta tan poético, ni me gusta nada. Hay muchos momentos que no reconozco a España, no reconozco a los españoles, ni su forma de pensar, ni de opinar ni de vivir. Veo las noticias y no sé qué planeta es ese. Gracias a Dios al menos Madrid no es Cataluña y no sufrimos esa crispación, pero por supuesto te duele y te afecta.

Pero la vida sigue corriendo y lo bueno es que Madrid y Puerto Vallarta seguirán ahí, aunque nosotros vayamos de un lado a otro, ¡y DE MADRID AL CIELO!