Aventuras de un pintorGente PV

Hartazgo Digital

He caído en la adicción a Youtube, a Twitter, a Instagram y a seguramente a la siguiente aplicación que no tardará en llegar.

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Por Federico León de la Vega

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Recuerdo esa sensación de desencanto que tuve en la preparatoria después de ver por primera vez una película que revelaba toda la desnudez femenina. Sí, se me satisfizo la curiosidad anatómica, pero se me intensificó la necesidad de algo más natural, que a partir de entonces me haría más falta. Mi atención volvió inevitablemente a las mujeres de carne y hueso, con las que se pueden tener conversaciones profundas, a las que se puede tocar, besar, oler.

Ese desencanto ha ido creciendo en mí a causa de tanta información que recibo por vía digital. Desde luego la comunicación actual es fabulosa. Comparto videos con amigos que la vida ha llevado a varios países, estoy en comunicación continua con toda mi familia, todo lo que deseo aprender está tan a la mano como el teclado de mi computadora y ni hablar de las imágenes de todo, disponibles de inmediato en la pantalla.

Sin embargo, tanta información, con esa abundancia, inmediatez y velocidad me tiene agobiado. He caído en la adicción a Youtube, a Twitter, a Instagram y a seguramente a la siguiente aplicación que no tardará en llegar. Padezco un hartazgo de algo que, sin embargo, parece indispensable. Tal vez echo de menos el olor y la textura de las cosas –como en los libros de papel- pero si digo eso no tardarán en diseñar un programa que los aporte. Un “app” que extienda nuestra capacidad olfativa y táctil. La cibernética está empeñada en satisfacer todas las necesidades humanas, sustituyendo la naturaleza hasta hacerla obsoleta incluyéndonos a nosotros mismos en el lote de lo descartado.

Intentando definir el problema me parece que lo que extraño es la vida, el palpitar, el sudor, la sangre y todo lo que viene gratis en el paquete cuando nacemos. ¡Ya sé! Que no seríamos capaces de sobrevivir sin la tecnología actual y que nos hace más amable la vida. Es por eso que resulta difícil decidir dónde está el punto de equilibrio. La oferta tecnológica ha demostrado no conocer límites y la tendencia humana es al camino más fácil. Esto nos lleva en automático a la obsolescencia de lo natural y aún a la obsolescencia humana.  ¿Qué parte debemos defender?, ¿en qué etapa del avance de la ciencia aplicada dejaremos  de ser humanos?

Tal vez debiéramos de establecer una especie de coto del corazón, una cerca que proteja nuestra alma. Cuando aún nuestro genoma puede ser fácilmente editado (googlear CRISPR-Cas9 ) para cambiarnos el ADN, cuando los medio informativos determinan nuestra verdad, proteger nuestra esencia humana se convierte en emergencia.

Me viene a mente la recomendación bíblica “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida”- Proverbios 4:23. De pronto ésta cobra una validez muy actual. Va creciendo en mí un hartazgo cibernético, una necesidad de volver al origen, de conservar mi esencia humana, de dejar el mouse y pasar las páginas a mano, de dibujar a lápiz y no con Corel, de ver una piel bajo la que corra un torrente de sangre, impulsado por un corazón que no sea un sistema operativo.

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fleondelavega@gmail.com