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Y todo por un elefante redondo

Por: Cristina Gutiérrez Mar
cucus.cgm@gmail.com

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La vida es un círculo.

Nuestra vida termina donde esta misma comenzó. Regresamos a nuestro origen.

La tierra es redonda, si caminamos derecho volveríamos al mismo lugar.

La luna llena es un círculo brillante.

– ¡Los elefantes también son redondos! -dijo Romina entusiasmada mientras escuchaba atenta a su hermana mayor.

– Los elefantes no son redondos Romina, serán gordos pero no son un círculo, siempre dices disparates. – contestó Julieta mientras salía de la habitación.

Romina enfundada en un vestido color palo de rosa, se quedó pensativa y confundida, a sus nueve años podía  asegurar que sí existen los elefantes redondos.

Tomó una hoja de papel que estaba encima del escritorio y dibujó un elefante.  Un elefante redondo, globoso; en resumen, un círculo con ojos, trompa y tremendas orejas.

Era el elefante de sus sueños, aquel con el que Romina sueña todas las noches y aparece en su mente justo cuando cierra los ojos. Siempre impecable, brillante como las estrellas y de sonrisa fosforescente. Aquel que la acompaña a explorar otros universos, su guía de turista, su amigo fiel, su codificador de pensamientos.

– Romina, ¿has tomado mis colores del colegio? – preguntó Julieta un tanto desesperada mientras entraba de nuevo a la habitación.

– Julieta, ¡no es justo! me culpas siempre de todo, ahora de tus colores; nunca me crees nada y lo obvio nunca es. – dijo Romina un tanto enfadada.

Julieta extrañada con los gestos de madurez de su hermana, se acercó a ella y mirándola a los ojos le preguntó: -¿A qué te refieres cuando dices que lo obvio nunca es?

Romina le sonrió entusiasmada a su adolescente hermana, nunca le había formulado una pregunta tan importante.

– Así es, lo obvio nunca es.  Julieta, tú siempre ves la primera capa de la cebolla, mejor dicho, lo que ven tus ojos. ¿Te has preguntado alguna vez sí los demás ven las cosas igual  tú?  – contestó Romina muy segura de sí misma.

– ¿Qué libro leíste Romina? Vives como en otro mundo. – respondió Julieta mientras buscaba la caja de colores en los cajones descarapelados del escritorio.

Romina abriendo aún más sus grandes ojos dijo: – No lo leí en ningún libro, solo digo la verdad.  Me he dado cuenta que tú, papá y mamá no miran más allá; no observan lo invisible y mucho menos viajan en los sueños nocturnos. Los sueños son otra dimensión, otras vidas que a la mayoría de las personas  les asusta un poco explorar, yo en cambio, decido vivirlas y he encontrado conocimientos que en este mundo no existe.

¿Como tu elefante gordinflón? – dijo Julieta levantando las cejas,  riendo  alto y en forma sarcástica.

– Cada quién decide qué creer, qué observar y qué explorar. – contestó Romina muy seria.

– ¡Encontré los colores! Están atorados en el cajón y no los puedo separar. – exclamó Julieta.

Romina se acercó al cajón y, con sus pequeñas manos tomó la caja de colores sin mayor dificultad.

– Aquí tienes los colores. Si hubieras sacado los colores a la fuerza, la caja estaría rota y tal vez uno o más colores se hubieran ido por detrás del cajón.

Julieta sonriendo exclamó: ¡lo obvio nunca es!

Ambas rieron sin darse cuenta que por un elefante redondo y una caja de colores atorados, tuvieron el mayor aprendizaje de sus vidas.

En esta vida todo depende en la forma de observar las cosas, ya sean  personas, sentimientos, problemas, temores, etcétera y,  del ángulo que te encuentres. La mayoría de las veces sóo hace falta cambiar de percepción y no irse con lo obvio porque frena nuestra capacidad de sorprendernos. Nunca conseguirás nada a la fuerza.  Al irnos con lo obvio hacemos juicios de valor, sobre todo cuando se trata de personas. Observamos la primera capa de la cebolla, pero no las demás.

Atrévete a explorar nuevos mundos como los sueños, busca respuestas sustentables, rodéate de personas positivas, explora, piensa antes de actuar, sé auténtico, prudente y, sí ves por ahí  un elefante redondo y de sonrisa fosforescente; mándale saludos de mi parte.  =)