Las golondrinas del Belmar

Por María José Zorrilla

Pasé unas cortas vacaciones en Colombia.  Medellín y Cartagena, los sitios seleccionados para visitar con un grupo de amigas.  Gran impacto nos causó llegar a la ciudad que hizo famoso a Sergio Fajardo o viceversa la ciudad que Fajardo hizo famosa.  Muchos años desde que supimos que en Colombia se estaba realizando una verdadera transformación.  Los aspectos a resaltar, lo social, lo cultural, lo urbano y lo político.  Avenidas arboladas, camellones verdes y bien jardinados, calles amplias, parques por todos lados y a lo lejos las casitas de colores que más bien parecía una postal de souvenir.  Fajardo de formación matemático, inició un programa de mejora en la calidad de vida y desarrollo humano de la ciudad.  Centró sus esfuerzos en la educación, instalación de bibliotecas, ludotecas, hacer realmente públicos los espacios públicos y dotar a la ciudadanía una dignidad que no tenía.  Durante su ejercicio como alcalde de Medellín entre 2004 y 2007, se disminuyó la criminalidad de 98 por cien mil a 31 por cien mil habitantes, hizo intervenciones urbanas muy afortunadas, modernizó el transporte, instaló bibliotecas, ludotecas, centros de desarrollo empresarial entre otras innovaciones, que lo llevaron a obtener distinciones como el Personaje del Año, Excelencia en el Servicio Público por la OEA y uno de los 8 latinoamericanos más prominentes de la región.   Cuando llegamos a Cartagena, mucha fue mi envidia por el grado de conservación de su casco antiguo.  La ciudad amurallada, sitio de embarco y desembarco de mercaderías durante la Colonia y centro de tráfico de esclavos, es hoy una verdadera belleza.  Comparar con Vallarta a las dos ciudades colombianas que visité, me provocó nostalgia por lo que dejamos ir con nuestro otrora pueblito mexicano y lo que hemos dejado de actuar al no preservar ni un solo parque público de los cinco espacios que hemos estado luchando por conseguir la declaratoria como Área Natural Protegida por parte del grupo Mejor Vallarta y la Asociación ambientalista Xiutla (nada que ver con el Ballet del Profesor Barrios)  El cabildo ha permanecido mudo y más fácil ha resultado levantar rascacielos por doquier en la zona romántica y tirar moles de concreto como el Cine Bahía, antes que dotar a la ciudad de esos espacios que les corresponde.  Y es que Vallarta está pensado para los turistas, no para el ciudadano.  Muy lejana a la experiencia de Medellín, donde se le ve a las familias departir alegremente en parques, museos, centros recreativos y lúdicos.  El verano está por llegar, pensé y vienen las elecciones.  Ojalá la nueva administración, quien quede, pueda emular en un ápice al célebre Fajardo, que se propuso modificar conductas y reformar actitudes.  Es vital darle importancia a los espacios verdes.  Las golondrinas que aparecieron en el cubo de luz del Belmar Hotel Galería, fueron el presagio de que una golondrina no hace un verano, pero decenas de ellas desesperadas por hacer nido y encontrar cobijo, sí.  Y es que con la demolición del Cine Bahía, salieron a relucir las pobres golondrinas que habían hecho de ese gigante de concreto, su refugio permanente.  Entre las jardineras abandonadas del edificio de Insurgentes y Madero, las golondrinas salieron a relucir y en las mañanas entre 7 y 9 horas, imagino fue trágico ver pequeñas parvadas de esas aves, pulular por el cubo en el interior del hotel y buscar ese pequeño rincón para hacer nido y demarcar su territorio.  Yo ni enterada estuve de este aleteo dentro de mi negocio, porque se presentó justamente a la caída de los últimos ladrillos del Bahía, cuando yo me encontraba en Colombia.  Más nostalgia me dio al enterarme de lo ocurrido.  Esas pobres aves han perdido su residencia y su individualidad.  Nosotros estamos por perder la nuestra.  El Paraíso escondido ya no lo es más y a todas luces desde la fauna aviar, hasta las moles de cemento, parecen reclamar el  derecho a convivir con algo verde, vivo y  alegre.