¿Y el fútbol, Apá?

  • La Selección Nacional ilusiona a México.
  • “Chucky” Lozano hace soñar a un país.
  • “Chicharito”, un ícono de la Selección.

Por Nacho Cadena

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Dudé un poco antes de sentarme a escribir, si era correcto, conveniente o útil el tema del cual trataré en mi modesta columna de hoy. Lo haré porque vale la pena aprovechar la oportunidad y el próximo Mundial se hará realidad, de nuevo, hasta dentro de cuatro años.

Vamos pues, es muy poca la gente en México que no hable, no pregunte o no se entere del torneo Rusia 2018, donde hasta ahora México, como equipo, tiene una buena presencia: uno de tres latinoamericanos que han ganado; cuatro, sí, 4 jugadores de la selección mexicana están colocados entre el 11 ideal Mundial; por si fuera poco, México le ganó por la mínima diferencia al campeón mundial Alemania, considerado, además, desde siempre, un equipo sobresaliente.

México sólo ha jugado hasta hoy un solo juego y a él me refiero. Bien consciente estoy que mañana (o el sábado para ser exactos, contra Corea del Sur) todo puede cambiar para mal, pero mi reflexión se corta con los resultados hasta el día de hoy.

Siempre hemos tratado en esta columna Desde mi Balcón el tema de la UNIDAD aplicada a la vida social y económica de Vallarta. Unidad de estrategias, UNIDAD en principios básicos, UNIDAD en trabajar en conjunto de objetivos, de colaboración, de respeto a valores fundamentales, UNIDAD de no ataques irresponsables, no pleitos intrascendentes, no discusiones caprichosas.

Ejemplos reales los tenemos, con UNIDAD hemos logrado avances importantes en bien del destino y de los ciudadanos.

¿Y el fútbol, Apá?

No soy muy aficionado al fútbol y menos conozco del mismo, pero sí puedo observar y percibo a través de escuchar en los noticieros que el equipo, la Selección Mexicana, ha mejorado mucho y concluyo anticipadamente que lo único que ha cambiado es un grupo unido, un equipo con objetivos claros y precisos, bien entendidos por todos y con el deseo de cada miembro del equipo de hacer lo suyo de la mejor manera. Percibo también una actitud positiva, optimista, definida, clara que se manifiesta en el lenguaje, en la figura corporal, en los gestos, en las manifestaciones exteriores, en los puños cerrados y, por supuesto, en los resultados de estado de ánimo positivo favorece al equipo que lo tiene y desconcierta al equipo contrario. Luchar con ganas, con disposición, con energía, con entrega, con un propósito definido puede hacer maravillas.

Recuerdo el juego México – Alemania (en mi pobre entender) los de camisa verde, decididos, concentrados en lo suyo, mirándose unos a otros con miradas de admiración y de “vamos para adelante”; los de camisa blanca, altos, güeros, guapos, fuertes, perdidos en el espacio, desconcentrados, sacados de onda, con reclamos entre sí y con una gran dificultad para descifrar lo que estaba sucediendo. Me pareció imaginarme que en su idioma desconocido se preguntaban entre ellos “¿qué no íbamos a jugar contra México, contra los futbolistas mexicanos?” y clarito los entendí que se preguntaban también “¿de dónde salieron esas camisas verdes que juegan con tanta enjundia, de dónde salieron, de dónde vienen?”.

Actitud terrible, fracaso total el del equipo poderoso y único representante de Argentina; no aguantaron la presión y la enjundia de los croatas, estos valerosos y entregados, los otros, los de rallas azul y blanco callados, con la mirada al piso, con cara de compungidos ¿cómo recuperar la diferencia de un gol cuando traes los hombros tan caídos? Pleitos, reclamos, achaques, egoísmos, antipatías, soberbia de algunos, competencia interna.

Bueno, para terminar, un pensamiento sobre el director técnico, el tan criticado colombiano Osorio, no sé si es un buen técnico, un conocedor, un gran estratega, un conocedor profundo de lo que algunos parlanchines llaman “el juego del hombre”. Una cosa no podemos dejar de reconocer, al menos tres cosas:

1) Sus jugadores, los miembros de su equipo lo aman, lo admiran, lo respetan, comparten su causa y piensan que es el mejor… ¡Ah! Y lo expresan, lo dicen, lo presumen, lo defienden.

2) Juntó lo mejor de su equipo, las características esenciales y logró formar un grupo homogéneo, unido, alegre y con admiración y respeto entre ellos mismos ¡Ah! Y con alegría, buen humor, hasta con ganas de una fiestecita. Un grupo que se lanzó al campo de juego bajo la vitamina anímica de “Vamos con todo”.

3) Logró el señor Juan Carlos Osorio, el Profe, el Míster, como le llaman los jugadores, renacer al campeón, al invencible, a la raza sagrada en el primer y único juego en el que han participado hasta hoy.

Mañana (o el sábado) y lo que sigue no lo sé, pero hasta hoy creo que podemos todos, cada uno y en grupo aprovechar la lección.

Por hoy fue todo, muchas gracias. Hasta el próximo viernes.