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José Díaz Escalera, una leyenda escrita entre tabiques y licor

  • José Díaz Escalera ha sido arquitecto de su propio destino. Llegó a Puerto Vallarta en los primeros años de los sesenta.
  • José Díaz Escalera con Tatiana Borioli Jon Berner.
  • Desde su llegada a Puerto Vallarta, José Díaz Escalera se involucró en diversas actividades de la vida vallartense.
  •  “Me gusta la obra más que el proyecto”, sostiene este arquitecto capitalino que junto a los ingenieros Freddy Romero, Guillermo Wulff, Marcial Reséndiz y Luis Favela, es creador de lo que hoy se conoce como el estilo arquitectónico vallartense; sin embargo dice que no inventaron nada, ya que “sólo le dimos forma al proyecto, y un poco de diseño”

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Por Martha Ramírez Ruiz
Puerto Vallarta

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Descendiente de una familia de notarios, no siguió la tradición familiar que inició su abuelo en 1899 al frente de la Notaría Pública número 14 en el Distrito Federal, porque a él desde niño le gustó pegar tabiques.

“Me gusta la obra, más que el proyecto”, afirma José Díaz Escalera, constructor por vocación, de profesión arquitecto. Su obra está ligada al crecimiento de Puerto Vallarta, donde ha edificado desde casas habitación, hoteles, fraccionamientos privados y de interés social, así como promotor y ejecutor de la remodelación de colonias populares.

Aunque acumula ya en su trayectoria profesional 35 años de dedicarse a la industria de la construcción en Puerto Vallarta, sus nexos con este puerto datan desde antes de egresar de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Aún conserva su tesis profesional que elaboró con el tema: “Centro Turístico Ejidal Coapinole-Puerto Vallarta”, de esto ya hace casi cuatro décadas.

A la fecha no se vislumbra desarrollando otra actividad que no esté ligada a la construcción: “Quizá si no hubiera sido arquitecto sería ingeniero, porque no me imagino alejado de la obra, de los tabiques, de la cal y la mezcla”.

Sin embargo, en ninguna de las edificaciones que ha diseñado y ha sido constructor existe algún distintivo, “nunca pongo placas… se me hace algo muy mamón”, dice haciendo gala de buen humor, porque si algo tiene Díaz Escalera es que es una gente que sabe reír, incluso de él mismo al referirse de su persona como “El Enano”.

Con sus propias palabras se describe como “un chaparrito, mexicano y de bigote” que quiere ser “sencillo y humilde”, que tiene como mayor defecto “mi mal carácter cuando las cosas no marchan correctamente en el trabajo”.

De igual forma se define como “una persona que admira la bondad, la honestidad y la limpieza del alma, una gente muy religiosa, que no teme a la muerte sino al sufrimiento”.

Al hablar sobre lo que le indigna, no medita la respuesta y dice tajante: “la corrupción, no solo la ideológica sino la de sentimiento, ante la falsedad, la hipocresía y la soberbia”.

Dice ser alguien que admira el don de la risa, “incluso de saber reírse de uno mismo, si estoy en una mesa y digo “el enano de Díaz Escalera”, y otros se ríen, ya puedes reírte de todo y de todos, se tienen que aguantar”.

Es precisamente su corta estatura la que hace difícil que uno lo imagine como basquetbolista, deporte que practicaba cuando estudiaba en el colegio de los maristas, aunque también jugó futbol y llegó a ser campeón de sky acuático en torneos que se realizaban en Acapulco.

Originario del Distrito Federal donde nació el 27 de abril de 1938, José Díaz Escalera está casado con la también arquitecto Tatiana Borioli Jon Berner, a quien conoció en la Escuela Nacional de Arquitectura de la UNAM; la familia se completa con cuatro hijos varones: José Luis, Ricardo, Alejandro y Leonardo.

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PLANES QUE FRUCTIFICARON

Entrevistado en las oficinas de la empresa D.E. Construcciones y Diseños, S.A. de C.V., en el despacho 304 del edificio Scala -inmueble también de su autoría y propiedad-, José Díaz Escalera accede a hablar un poco de todo, de las vivencias acumuladas a lo largo de más de 35 años, con logros y desaciertos como los frustrados proyectos de cerrar el malecón para hacerlo un paseo peatonal, o aquel de convertir el predio de la Escuela 20 de Noviembre en un estacionamiento.

Hoy reconoce que se truncaron estos dos proyectos ante el repudio de los “vallartenses de Vallarta”, de esos que caminan por las calles empedradas como si trajeran debajo del brazo las escrituras de la ciudad, “porque hubo errores en el planteamiento”.

Y acepta con humildad: “me equivoqué”. Sin dejar de defender estos proyectos que aún no envía al archivo muerto, advierte que “el error fue del planteamiento, no de lo que se proyectaba”.

No obstante, prefiere hablar y recordar los planes que sí fructificaron, desde aquellos años en los albores de la década de los 60’s, cuando todavía con el suéter con el emblema de la UNAM llegó a este bello lugar, entonces con menos de cinco mil habitantes, para conocer la historia del puerto fundado en 1851 y hacer una investigación para elaborar la que sería su tesis profesional: “Centro Turístico Ejidal, Coapinole-Puerto Vallarta”.

Regresaría ya con título profesional en 1962 para iniciar la construcción del hotel Posada Vallarta -hoy hotel Krystal-, obra planeada para ejecutar en 13 meses y que le llevó 23 años terminarla.

Hace referencia que este hotel originalmente estaba planeado con 84 cuartos, paulatinamente creció el proyecto, primero 124 habitaciones hasta llegar a tener 500 cuartos, vendrían los salones, la plaza mexicana, el centro comercial, el cortijo y otros restaurantes.

Díaz Escalera no se limitó a ser constructor del que fue el primer hotel de cinco estrellas que se inauguró el 3 de febrero de 1963, en el entonces incipiente destino turístico, también formó parte de su consejo de administración.

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POSADA VALLARTA, UN HIJO

La apertura del Posada Vallarta, la primera pista del aeropuerto internacional y la filmación de la película La Noche de la Iguana, son tres factores a los que Díaz Escalera atribuye “el primer gran despegue turístico de Vallarta”.

Aunque ha sido constructor de otros hoteles -Playa de Oro, Punta Esmeralda- y copropietario del Nautilus, no olvida su primera obra: el Posada Vallarta.

Y al recordar que hace 12 años se quitó el letrero de Posada Vallarta, al pasar esa empresa a ser propiedad de la cadena de hoteles Krystal, Díaz Escalera enciende el segundo cigarrillo de la entrevista y da una bocanada antes de expresar: “Me afectó muchísimo, era como mi hijo, ahí dejé 23 años de mi vida, dejé una parte de mí, y lo digo literalmente, no es una metáfora, en el Posada Vallarta se quedó una parte de mi vida”.

Fue por eso que años después, cuando se inaugura el hotel Nautilus, lo hace en la misma fecha que se abrió el Posada Vallarta, un 3 de febrero, pero de 1995.

Al hablar sobre los diferentes ramos de la construcción que ha desarrollado resalta las acciones que se ejecutaron cuando se desempeñó como presidente del Consejo de Colaboración Municipal en el trienio de Rodolfo González Macías.

Así expone que la remodelación de las colonias Caloso, Canoas y Palito Verde “es la que mayor satisfacción me ha proporcionado”, mientras señala las fotografías que cuelgan en la pared de su oficina, cuando el entonces secretario de Desarrollo Social, Luis Donaldo Colosio, visitó esas obras que fueron un proyecto del Colegio de Arquitectos.

Díaz Escalera indica que estos trabajos se hicieron de forma cuatripartita, con recursos federales, estatales, municipales y participación de los vecinos, y que en la visita de Colosio éste dijo que “eso sí fue Solidaridad”.

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EL ESTILO VALLARTA

De aquellos tiempos cuando llegó a radicar en este pueblo para ejercer la arquitectura, con una especialidad en urbanismo del Instituto Baulcentrum en Holanda, a la actualidad, se han escrito páginas y páginas del antiguo Puerto de Las Peñas, episodios donde aparece, en unos como testigo y otros en el papel protagónico.

Aunque a mediados de los años 60’s y principios de los 70’s se convierte junto con los ingenieros Freddy Romero, Guillermo Wulff, Marcial Reséndiz y Luis Favela en uno de los forjadores de lo que hoy se conoce como estilo arquitectónico vallartense.

En un gesto de modestia, contrario a otros de sus colegas contemporáneos, dice que este grupo de profesionistas de la construcción sólo vinieron “a ponerle diseño a la arquitectura vallartense, no inventamos nada, sólo le pusimos diseño y un poco más de proyecto”.

Explica que al ser este lugar fundado principalmente por emigrantes de zonas montañosas -El Tuito, Mascota, Talpa de Allende y San Sebastián del Oeste-, éstos construyeron sus viviendas con similitud a su lugar de origen: con tejas, ladrillos, arcos, vigas de madera, muros de piedra, ventanas y puertas angostas y con arcos.

Los constructores contemporáneos “le dimos un valor agregado con diseño, pero no inventamos nada, no se vale atribuirse un mérito que no tenemos”, sentencia.

En la plática anuncia su intención de escribir un libro “que refleje la historia de Vallarta, utilizando la arquitectura como un pretexto”, sin embargo confiesa que la idea de dejar por escrito un testimonio de los acontecimientos, unos como observador y otros como protagonista, “es aún difusa”.

Al hacer un balance sobre sus años de vida en Vallarta, a “donde venía por 13 meses… y me quedé,  no tuve, como dicen algunos, la visión del futuro del puerto, no, me quedé porque se fueron dando las circunstancias… Y ahora siento una gran satisfacción, por la maravilla de entorno en que vivo, por contribuir en algo en el desarrollo del pueblo, por los amigos, además porque aquí fue la formación de mis hijos”.

Así ha sido la vida de este personaje que se clasifica a sí mismo como un bohemio versátil a quien por igual se le puede ver en un bar de la exclusiva zona de Marina Vallarta que en un antro de la colonia Emiliano Zapata, conviviendo sin distingos con colegas, empresarios, políticos y albañiles, dependiendo de la hora y del sitio, teniendo como ambiente común el humo de un cigarrillo y el aroma de una copa de licor.

“El alcohol es un pretexto para entablar el diálogo”, sentencia al dejar en claro que “nunca me llamó la atención el dominó, ni las cartas; no concibo a cuatro personas sentadas en una mesa sin diálogo. Es importante que se dé la discusión, el intercambio de ideas… y el alcohol es un buen detonante para ello”.

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RECONOCIDO POR SU OBRAS

Reconocido en varias ocasiones por la Sociedad de Ingenieros y Arquitectos de Guadalajara por sus obras en la costa Norte de Jalisco, a sus 60 años de existencia José Díaz Escalera habla de su proyecto de vida: “nunca retirarme de mi profesión, pretendo seguir haciendo obra, si no de gran envergadura, sí cuidando los detalles y el diseño, que se me deje seguir contribuyendo al desarrollo urbanístico de Puerto Vallarta; de igual forma pretendo seguir viviendo entre Puerto Vallarta y San miguel de Allende”.

Amante de clásicos como Bach, Vivaldi y Beethoven, y de contemporáneos como Sostakovick, Maller y Bartok; degustador de todo tipo de comida y fanático del whisky y del tequila, este constructor de sueños que en 1949 formó parte de las fuerzas infantiles del equipo de futbol América está puesto para vivir con intensidad cada minuto de su existencia, aunque si tuviera oportunidad de dictar su epitafio buscaría una frase más o menos así: “Aquí yace alguien que quiso ser sencillo y humilde”.