Aventuras de un pintorGente PV

Tengo una amiga escritora.

De su mente fluyen, como manantial, cuentos de hadas, historias de  dragones, de vuelos misteriosos, de viajes fantásticos, de aventuras y de héroes míticos. Desde su infancia ha vivido entre dos mundos: el que se ve, el de nosotros los humanos, limitado, materialista… y el invisible, el que sólo las personas con aspiraciones místicas llegan a percibir.

En el caso de mi amiga, la necesidad de transportarse continuamente al mundo invisible surge de la inconformidad con el mundo visible, porque ha visto claramente que las cosas aquí no marchan bien. La inconformidad con el mundo visible se le manifestó desde muy temprana edad. Fue una niña muy alegre y comunicativa, pero muy sensible. Pasaba, y aún pasa, por episodios en los que se abstrae en profundos pensamientos, poniendo carita de alta concentración. Para viajar a su mundo fantástico diseñó unas alas que se pone o se quita a voluntad.

También tiene un laboratorio de hechicera buena, donde conserva polvos mágicos para diversos efectos. Allá en los mundos fantásticos con frecuencia se encuentra con un antiguo compañero de juegos; un animal de peluche que llama Leoncio.

Sus alas las deja escondidas detrás de un árbol antes de regresar al mundo visible. En ocasiones, los regresos a esta realidad la alteran el corazón. Le vienen palpitaciones y tristezas. Me precio de que algunas veces, cuando me ha permitido compartir con ella mis propios conocimientos, he sido capaz de tornar su pesadumbre en alegría y ella ha vuelto a emprender el vuelo, como libélula liberada. En una foto antigua, de pequeña se le ve con carita de pregunta, de ligero puchero, como queriendo entender el porqué del mundo que indebidamente se llama real. Esta semana ha vuelto a poner esa cara.

Hace un tiempo en una de tantas vueltas, la vida visible la confrontó, obligándola a resolver problemas de esta dimensión. Entonces ella, que es mujer de dolores, experimentada en aflicción, decidió tomar el reto y dedicarse a resolver problemas de la salud. Especialmente de la salud de los niños. Tomó el toro por los cuernos y se lanzó a la investigación de enfermedades como la diabetes infantil. Ávida lectora y siempre curiosa, ha leído todo lo habido sobre el tema, consultando autoridades, asistiendo a conferencias, poco a poco fue adquiriendo  conocimientos muy útiles para luego volcarlos sobre las páginas que regularmente escribe.

Diversificando su interés por la salud llegó al tema del bien morir, entrevistando a conocedores y conocedoras de la materia. Nada imaginaba mi amiga que, en otra vuelta de la vida, hace tan sólo pocos días ella misma sufriría la muerte de su padre: su ser más querido, su mentor, su amigo de toda la vida.

Desde entonces, mi amiga escritora, mi querida amiga, está atorada de este lado de los mortales. De lejos escucha a veces la voz de su amado padre o siente su presencia; al parecer proviene de ese mundo mágico, más completo y espiritual donde ella ha dejado sus alas.

La escritora se ha puesto a leer sobre el tema, informándose como siempre de todo remedio que pueda haber. A mí me ha pedido ayuda para entender qué pasó con su papá. Yo, miserable de mí, no encuentro manera de alegrarla. Le he explicado que el morir no es un problema, sino que es EL problema, el súper-problema de la humanidad. Que el aguijón de la muerte sólo lo puede combatir un ser fantástico, un hombre que sanaba enfermos, que caminaba sobre el agua, que reproducía panes y ¡SÍ! también resucitaba muertos.

Lamentablemente en ésta época tecnológica al hombre fantástico no lo tienen por real. Hay pocos que confían en que regresará. Quienes eso creen es a través de una fe cada vez más escasa y difícil de sostener en este mundo materialista y ciego a las cuestiones fundamentales. La promesa de la vida eterna nunca es tan vital, tan necesaria de recordar como cuando perdemos a un ser querido tan cercano como lo fue para mi amiga su querido padre.

En sus intentos por regresar al mundo invisible, mi amiga ha perdido temporalmente la memoria y no sabe dónde dejó sus alas. Yo le explico que es con paciencia y sobretodo con fe en Dios que las ha de hallar pronto. También le pienso decir que seguramente su dolor actual se transformará en letras mágicas de muchas páginas que sirvan de consuelo a los demás, que les permitan volar. El tiempo dirá.

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