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Lunes de desilusión

Resulta que todas estas izquierdas radicales sólo dicen lo que la gente quiere escuchar, y cuando les das poder son peor que ninguno. Más autoritarios que nadie, más egoístas que nadie, menos buenos que nadie.

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Por Consuelo Elipe

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Qué lunes tan extraño…

Ayer domingo España se fue a casa después de un mundial tan único como que te dejen sin entrenador el día antes de comenzar. Ese slogan de “Spain is different” que tan famoso se hizo, aplica perfecto para esta situación. Y es que sea por lo que sea, y yo soy de las que culpan al presidente de la Federación, el hecho es el mismo, nos descabezaron y todo un país tuvimos que sufrir la desilusión total.

Y no contentos con esto, también el TRI se va a casa, y además hubo elecciones y ganó el que supongo la mitad del país quería y la otra mitad no.

También me suena mucho, lo mismo que pasa en España, totalmente polarizada y lo que pasa en Cataluña, dividida por la mitad.

Y es que cada día confío menos en el juicio de las mayorías, siento sonar tan horrible, pero es que según me hago mayor, las “mayorías” me caen peor, la gente en masa me agobia más y soporto menos todo, en particular la falta de sentido común.

Sí, entiendo perfecto el rollo que leo una y otra vez, de que la gente está harta, de que el mundo pide cambios bla, bla, bla, pero es que resulta que todas estas izquierdas radicales sólo dicen lo que la gente quiere escuchar, y cuando les das poder son peor que ninguno. Más autoritarios que nadie, más egoístas que nadie, menos buenos que nadie.

Si no, vean los estupendos representantes de Podemos en España, que llamaban a todos los demás partidos casta, y ahora su líder se ha comprado una mansión de escándalo con piscina, porque dice que ahora que serán padres, sus hijos tienen que crecer tranquilos. Son los que cuando llegan al poder convierten los medios de comunicación en su coto privado y programan propaganda día y noche. Vamos lo mismo que los demás.

Perdón si no tengo un día muy esperanzado, de esos de mensajes de que a todos nos vaya bien, y que ojalá se cumplan las promesas y los pajaritos canten y las nubes se levanten, pero siento decirles que esto no Facebook, sino el mundo real, y el partido que ha ganado va a gobernar no en un mundo paralelo sino en este.

La única ventaja de hacerse mayor (aunque sigo sin ver nada de bueno), es que cada vez percibo todo con más relatividad, es decir me da un poco lo mismo. Trabajar, seguiremos trabajando como locos para poder pagar facturas, y esté el presidente que esté quizás no cambie mucho nuestra realidad. Pero si es cierto que las cosas grandes sí pueden ser muy diferentes, mucho peor también.

Sigo hablando de España para que nadie aquí se ofenda, pero es que desde que estas corrientes radicales entraron en el horizonte nada bueno ha pasado. Yo ni reconozco mi propio país. Sólo veo gente rara, gente exaltada, gente que ha recuperado todos los rencores y mala sangre de hace décadas, gente que odia, que se identifica con los terroristas de ETA, hasta el punto en que nuestro nuevo flamante presidente está ya considerando acercar los presos al país vasco, ¿pero nos hemos vuelto locos?, ¿qué clase de moda progre nos invade?

Nuestros dirigentes están más preocupados de que todos montemos en bicicleta en ciudades que no están preparadas para ello, que acojamos a muchos inmigrantes sin soluciones reales para ellos, pero que bien queda en la foto que apoyemos a todas las minorías, a etarras y que nos dejemos chantajear por los independentistas.

¿Pero somos geniales no? Tan buenos, generosos y fotogénicos. No me creo nada, así que pues nada, a esperar y seguir buscando esperanzas propias.