Emprender por el México que anhelamos

Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad, un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad.
– Winston Churchill.

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Por Mtro. Luis Ignacio Zúñiga Bobadilla (*)
luis.zuniga@univa.mx

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Después de un intenso proceso electoral con varios meses de campañas de representantes de partidos o de candidatos independientes, pugnando por lograr el triunfo para acceder a un cargo de representación popular en alguno de los tres niveles de gobierno federal o en los estados y municipios o en el poder legislativo, finalmente se concluye esa etapa que ha dejado prácticamente resuelta la elección de quienes en próximas fechas iniciarán su gestión.

Se ha manifestado que se trató de la elección más grande de la historia de nuestro país, por la confluencia de elecciones federales con algunas locales, lo que implicó mayor cantidad de recursos asignados para tal efecto y personas colaborando en el proceso.

No fue un proceso electoral fácil por todo lo que se disputaba, pero tampoco lo fue por la cantidad de vidas perdidas producto de la violencia y ambición de poder, así como por todo tipo de agresiones tanto físicas como verbales que se conocieron en diferentes lugares del país. Sin duda alguna es un aspecto en el que tiene que avanzar nuestra democracia.

Sin embargo y en contraposición a lo anterior, no obstante que se vivía un momento de zozobra ante la incertidumbre de los resultados y de sucesos posteriores que pudieran poner en riesgo nuestra paz y tranquilidad; el mismo día de la elección y antes de que se diera el anuncio oficial por parte del Consejero Presidente del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova, el candidato de la coalición “Todos por México”, José Antonio Meade, así como el candidato por la coalición “México al frente” encabezada por Ricardo Anaya, adelantaron sus respectivas intervenciones para comunicar al país, el reconocimiento de su derrota.

Sin duda alguna fue hecho que generó sentimientos de diversa naturaleza para la audiencia, de tristeza por la derrota, de incredulidad, de escepticismo, de coraje y, en fin, otros tantos sentimientos más que quizá poco a poco se fueron disolviendo con los respectivos discursos de los candidatos derrotados quienes además reconocían en la figura de Andrés Manuel López Obrador como el ganador de la elección.

Un hecho sin precedente en la historia de nuestro país por la llegada al poder de la Izquierda, con un candidato que por tercera ocasión intentaba llegar a la Presidencia de la República Mexicana y que finalmente logra su cometido. Para algunos no era sorpresa derivado de las diversas encuestas que lo colocaban en el primer sitio de las preferencias de los electores y efectivamente, así se dejó sentir en los resultados.

Con un trabajo paciente, recorriendo cada uno de los rincones del país a lo largo de doce años, le dio la oportunidad de ver el rostro de la pobreza, de la marginación, del abandono del campo, de la falta de infraestructura, de la violencia, del desánimo, de la desesperanza, de problemas de salud y de tantas carencias de más de cincuenta millones de mexicanos que vieron en sus propuestas la gran posibilidad, sino del cambio, de un estilo diferente de gobernar, de la esperanza de una vida mejor o por lo menos más alentadora. Eso es lo que soporta la victoria en las urnas, lo que da cabida a esa nueva esperanza para tantas familias que por sexenios quedaron en la marginación del desarrollo de nuestro país.

Sin embargo, sabemos que ese cambio, esa magna transformación que millones de familias suplican y que anhelamos como mexicanos, no se dará de forma automática ni de la noche a la mañana. Debemos seguir trabajando con mayor intensidad, con mayor colaboración y sinergia de todos los actores de la sociedad; no se trata solo del trabajo de un gobierno que actúe con rectitud, con honestidad, con vocación de servicio; se requiere además de la participación de todos nosotros como sociedad, trabajar con intensidad, de forma colaborativa, solidaria y recta y con plena convicción de emprender por el México que anhelamos.

(*) Director de la UNIVA-PV.