Gente PVUtopía Vainilla

Abrazo en la estación Saint Lazare

Por: Cristina Gutiérrez Mar
Ilustración de Sio

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Es una mañana hermosa de primavera. Aby viaja a Chicago con su familia para celebrar su cumpleaños número veintidós…

Llegan felices a la ciudad y se hospedan en un pequeño hotel en el centro.  El hotel está fuera de tono en comparación con los monstruosos edificios de al lado, éste es angosto, antiguo y marmolado.

La enorme puerta abarca la mayoría de la fachada. Un candil estilo medieval enciende el lobby, y el techo de lienzo de ángeles adorna el subliminal espacio.

El elevador es diminuto y dorado, y rechina cada vez que suben al cuarto piso.  La última habitación del pasillo es la suite colonial, donde Aby, sus papás y sus dos hermanos pequeños se quedarán.  El piso es floreado y las cortinas parecen grandes vestidos de sobrias y amargadas emperatrices. La luz es excepcional, y el gran ventanal de la entrada alumbra hasta los espejos del subconsciente.

Lo que más le emociona a Aby, más que su propio cumpleaños, es visitar el Instituto de Arte de Chicago, y poder observar el “El Tren de Normandía” de Claude Monet.

Ninguno de los miembros de la familia es aficionado al arte; de hecho, entrar a un museo les ocasiona alergia.

A la mañana siguiente, bajan al exquisito comedor de doble altura, de mesas circulares, largos manteles de luna llena y sillas barrocas. Los cinco miembros de la familia se sientan en la mesa del centro y les ofrecen un platón de melocotones perfectos, yogurt natural y menta fresca, seguido de pan recién horneado con mermelada natural de piña y chía, acompañado de café espumoso. Después unos waffles de avena con rebanadas de jamón serrano y pera caramelizada.  Para terminar unas fresas cubiertas de chocolate que saben a vino tinto y avellanas.

Entre todos deciden que Aby estará en el museo dos horas, mientras el resto de la familia irá a una tienda comercial. Así, podrán pasar el resto del día juntos celebrando el cumpleaños.

Pareciera que Aby está deprimida porque su familia no la acompañará al museo, pero en realidad está feliz de la vida poder ir en singular y contemplar las obras de arte que tanto ama sin que nadie la presione.

El único problema es que cuenta con  poco tiempo para poder recorrer todo el museo, cuando a ella le hubiera encantado estar todo el santo día disfrutando de las pinturas y de su propia humanidad.

Se despide de su familia y sale corriendo con cronómetro en mano.  La fila para entrar al museo es un poco lenta, por consecuencia pierde quince minutos.   Toma un mapa y marca rápidamente las salas que quiere visitar.  Sale disparada sin ir al baño y muerta de sed.

Lo primero que visita es la sala de Roy Lichtenstein.  Realmente se enamora de su magia.  Sus pinturas están representadas en primer plano y predominan los colores primarios.  Aby se asombra de cómo una pintura tan sencilla puede complicar tanto su inconsciente.

En la siguiente sala se topa con un cuadro del famoso Paul Cézanne, “El plato de manzanas”, pintado en 1877.  Se rió en su interior cuando le recordó al platón de melocotones del desayuno, y pensó que no parecían manzanas las frutas del aclamado cuadro.

Después encuentra la pintura de “El dormitorio en Arlés” de Vincent Van Gogh pintado en 1889.  Aby queda impactada al instante por la habitación de paredes azules y piso de madera con menta.  La pequeña cama vestida de rojo la hace fantasear un poco con el propio Van Gogh, pensando que era demasiado atractivo. Se ríe de sí misma y está segura que puede percibir el aroma de la recámara del artista entre trigo, lluvia, romance y serenidad.  Imagina lo que existe al abrir la pequeña ventana color verde: un cielo despejado, el jardín despeinado, y un árbol flaco y fuerte de pequeñas hojas donde dejan pasar pequeños rayos de luz al interior.

Aby camina emocionada entre las obras de Grant Wood, Diego Rivera, Max Weber, Georges Seurat, Paul Signac y Pierre – Auguste Renoir.

Aby agacha la mirada y observa el reloj, le quedan quince minutos para ir al otro extremo del museo para visitar la pintura que tanto sueña.  Sigue muy sedienta, pero se mantiene firme para no perder tiempo.

Cruza corriendo todas las salas del museo, sus cabellos vuelan y casi pierde un zapato.  Su estómago le duele entre la emoción y las ganas de orinar. No se detiene hasta llegar a su pintura favorita.

Por fin llega, ahí está frente a ella, su soñado “Tren de Normandía” de Claude Monet.  No siente las piernas, está muy cansada, pero demasiado extasiada por aquel majestuoso lienzo de impresionismo puro que hace referencia a la Estación de Paris Saint Lazare. Es una obra perfecta donde el vapor del tren figura nubes azuladas gracias al efecto de la luz solar.  Las figuras de los pasajeros y los faroles tienen apenas un toque de pincel, y toda la sensación y armonía de la pintura es insuperable.

Aby ama los trenes, le recuerdan su radiante infancia. No puede contener el sentimiento y, las lágrimas brotan de sus enormes ojos.  Después, desea tanto abrazar a alguien de la emoción, pero no hay nadie a su alrededor.  Además, sería muy extraño abrazar a un extraño. Así que cierra los ojos un instante para tranquilizarse cuando inesperadamente siente una mano en su hombro.  Un señor mayor muy elegantemente vestido, de barba larga y blanca, mirada cálida, aproximadamente de ochenta y cinco años y con acento francés le dice:  – Puedes abrazarme a mí.

Entontes Aby sin pensarlo mucho lo abraza transportándose de inmediato a la estación de Paris Saint Lazare:  Hay mucha gente subiendo al majestuoso ferrocarril anochecido y se escucha demasiado ruido.  Aby observa a lo lejos una silueta de un hombre de perfil sentado en un pequeño banco que está pintando en un lienzo. Tiene barba larga y un cigarrillo en la boca.  Aby se acerca aún más al pintor, él voltea a verla y, con una enorme sonrisa le dice:  – ¡Camille mi amor, me hace tan feliz verte!  Él se levanta de su pequeño asiento, la toma por su cintura, besa la comisura de sus labios y le da el mejor beso que pueda existir en la historia; largo, suave y lento. El tiempo se detiene, como si el mismo universo hiciera una pausa forzada, se miran a la cara, él acaricia su pelo alborotado, ella su nuca.  Se abrazan con todo su cuerpo y toda su  alma, hasta que después de unos segundos, Aby se separa un poco y, observa que está en el museo abrazando a un extraño.  Éste le sonríe, a continuación le besa su mano derecha, se extrañan en ese momento  y él se marcha colocándose una boina en la cabeza. 

Aby tarda un poco en reaccionar, en eso voltea a ver el reloj, faltan tres minutos para cumplirse las dos horas.

Sale corriendo de nuevo hasta llegar a la salida.  Obviamente hace una parada estratégica en el baño y sale del museo un poco aturdida.  Su familia ya la espera.  La abrazan y la llenan de globos y besos.  Voltea de nuevo hacia el museo para recordarlo una vez más, y observa a un señor de barba tupida, con un cigarro en la boca y su boina diciéndole adiós.  Aby le sonríe tiernamente, se lleva la mano al corazón y se va abrazada de su familia…

 

* Camille Doncieux fue la segunda esposa de Claude Monet de 1870 a 1879.  El tren de Normandía, estación de Paris Saint Lazare fue pintado en 1877.