Lecciones del futbol

Kolinda Grabar-Kitarović.

Por María José Zorrilla

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Y ganó la France, una selección que brilló desde el principio y mostró un futbol eficiente, rápido, y bien cohesionado. Durante el desarrollo del Mundial, entre tanta información que ahora circula por el ciber espacio,  los memes no cesaron de llegar.

Neymar, Messi y Ronaldo ocuparon buena parte de ellos, pero también circularon unas fotografías de la selección francesa en 1986 en comparación con la selección francesa del 2018. Se trataba de destacar la presencia  mayoritaria de galo-africanos en el equipo ahora campeón del mundo. Algunos señalaban que Francia era el único equipo africano en las semifinales con jugadores de origen del Congo, Camerún, Guinea, Senegal, Togo, Mali, Senegal, Marruecos y Argelia. La mayoría de los franceses se ofendieron ante esos memes racistas. Estaban orgullosos de su selección.

Paradójicamente, ante la problemática global de los migrantes, para el deporte, las distancias se acortan entre razas y colores y la migración no es tema a discusión. Se acepta y así es. Y en efecto el triunfo de los Bleus fue celebrada por todos y en particular por los franceses que abarrotaron los Campos Eliseos y El Arco del Triunfo para conmemorar su segundo campeonato mundial.  Mbappé, Matuidi, Pogba Matuidi, Umtiti, son apellidos tan franceses como Giroud, Lloris o el mismo Griezmann que suena más alemán que galo.  El origen no tiene ninguna trascendencia, ahora el todo es francés y los resultados están allí. Son los poseedores de la Copa del Mundo y jubilosos los franceses festejan el triunfo de una nación entera, sin divisiones ni exclusiones.   El mundo unido por un balón. Emotiva y muy fresca resultó la ceremonia de premiación. Los tres mandatarios protagonistas del evento, Putin, Macron y Kolinda Grabar-Kitarović convivieron alegremente con los jugadores. Si bien los vencidos no estaban tan jubilosos como los ganadores, se sentían satisfechos por el trabajo realizado.

La presidenta croata que se ganó el respeto y la admiración del mundo entero, dejó entrever algunas lágrimas de emoción y no es para menos. Este país hace 30 años no existía y hace 25 estaban en tremenda guerra fraticida. Hoy son una nación fuerte, querida y respetada, que además se ha ganado a pulso un lugar entre los mejores equipos de futbol del mundo.

Y mientras mientras esto sucedía en Moscú en el estadio Luzhnikí donde religiones y colores estaban en una sola sintonía, en Israel se vive la polémica de la nueva iniciativa de ley para permitir comunidades y barrios con judíos exclusivamente.  Benjamin Netanyahu, el primer ministro israelí y secretario de Relaciones Exteriores de ese país, tiene prisa por que se apruebe esta ley.  Analistas y críticos consideran que esta ley ultranacionalista y repugnante, marcaría el fin de un estado democrático.  Cuando se permite la segregación por raza o religión, consideran los expertos, puede derivar en la privación de muchos derechos como aplicar la ley bajo principios religiosos judíos o prohibir el idioma árabe que es oficial y representa a una quinta parte de sus más de 9 millones de habitantes.  Muchos parlamentarios consideran que esta propuesta es similar a lo que ocurrió en Sudáfrica con el Apparatheid y las protestas han empezado a tener presencia en Tel Aviv.

Israel es un país donde conviven las tres grandes religiones monoteístas del mundo y donde en el Monte del Templo se encuentran el santuario de la Cúpula de la Roca, el histórico Muro de los Lamentos, la mezquita de Al-Aqsa y la iglesia del Santo Sepulcro.  No habrá ley que pueda borrar esos emblemáticos monumentos testigos de su historia y de su origen, como tampoco nadie podrá dejar de reconocer, que Francia como su selección es grande por su pluralidad multiétnica y multicultural.