Su nombre será “Ringo”

Por Dr. en derecho Miguel Ángel Rodríguez Herrera

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Mientras prolongaba mi sueño en mi confortable sillón de piel y bebía un poco de bourbon sin hielo, meditaba sobre extrañas y complejas ideas que bullían en mi mente.

Cuando, cual relámpago fuese, presencié raras y vertiginosas visiones que me recargaron de miedo al punto de  que un perceptible temblor movió las carnes de mi cuerpo.

Distinguí con toda claridad a un jinete que con su caballo se desplazaba por un gran superficie donde se encontraban millones y millones de humanos, los que a su paso se arrodillaban ante él a la vez que proferían gemidos los unos e imprecaciones de odio los otros, pero eran los más que arrojaban ensordecedores estallos de vítores alzando los crispados puños en abierto esguince de éxito.

El misterioso jinete traía en su diestra un gran cetro de oro, su rostro denotaba dureza pero no maldad, arrojo pero no temeridad, sangre pero no de asesino, inteligencia pero no soberbia.

Su mirada pareciera extraviada como si viese más allá del mundo y pronunciaba con potentísima voz: “Temed más a mi caballo porque él es mi voluntad”.

Dijo también: “Mi cetro de oro palidece frente a mi ojos porque ellos expresan mi gran conocimiento”.

Y luego oí un gran retumbo seguido de un glamoroso coro con voces como campanas de plata y luego todo calló mientras que la imagen de una mujer encinta de talante hermoso y de mediana edad, pronunciaba un susurro para todos audible y amenazador que así se oía: “su nombre es Ringo”. Y luego resplandeció la figura de un varón de nívea vestidura quien a su vez gritó con poderoso sonido: “significa hombre de mando”.

No tuve discernimiento alguno sobre aquella visión de fuerte portento, pero me quedé con ese sentimiento de familiaridad entre el jinete y yo, como si lo conociese.

Dios permita que algún día lo vea y me sean explicadas esas raras visiones. Dejé mi copa y me arrolló el profundo sueño.