“El virrey quiere en su corte al gobernador”: Mar de Fondo

José Reyes Burgos

Existe un imperante ánimo de militantes de todos los partidos y corrientes políticas
en integrarse a las filas del que se convertirá en la primera fuerza política del país
y la segunda en Jalisco. Desde el PRI, desde el PAN, y cómo no, también desde
Movimiento Ciudadano, ya hay fila para cambiar la militancia y unirse más tarde
que a tiempo al movimiento de Andrés Manuel.

Pero Carlos Lomelí, que tendrá la conducción de la política morenista en Jalisco,
fue muy claro en la reunión que tuvo con alcaldes, diputados y regidores electos el
pasado viernes: “morena es pa’ los morenos”, dijo, y añadió que no desea “ni que
le traigan” en frente a personas que ahora expresen el ánimo de unirse al partido
pero que en las campañas lo golpearon con todo desde otro frente.

El momento para ser pragmáticos y voltear bandera, como sí lo hicieron
muchísimos, era incluso hasta de última hora en plena primera mitad de las
campañas… ya no ahora. Y es que varios quieren ingresar y por el solo mérito de
cambiarse piden posiciones en un partido que formalmente aún no existe en
Jalisco.

Pero parece ser que se va a respetar el derecho de antigüedad (sólo parece) y
esas posiciones se van a dar sólo a quienes de verdad generaron y aunaron a los
resultados. El caso de Puerto Vallarta ejemplifica muy bien esta situación,
imperante en todo el estado.

Aquí el resultado fue el mejor de Jalisco, con una diputación federal ganada, una
local asignada por repechaje, y 3 regidores (más uno del PT) metidos al cabildo. El
problema es que en sus cálculos preliminares, no le ajustan las cuentas a la
militancia pues por todas partes ya se levantan las manos para ver quién entra
donde y se queda con el partido que hasta finales de este año formará su comité
directivo municipal.

Ejemplo es la cercanía que ha trazado “Tito” Yerena con Carlos Lomelí intentando
ser aceptado en Morena; y algunos emecistas que han mirado a dicho partido
como opción de encontrar las posiciones que, pese al triunfo local, Movimiento
Ciudadano no les ha garantizado… pero “ni maíz palomero”.

Si ya hay veteranos que son obradoristas desde el 2006, la vieja escuela, de la
que forman parte operadores como Rocky Santana, Gaudencio Jiménez, Pablo
Ruperto, Cecilio López, Álvaro Ramírez, Oscar Pérez, Enrique Márquez, unos más
activos que otros pero todos desde hace tiempo de izquierda en Vallarta, con
AMLO, pues.

Mientras otros apenas llegaron al tablero zurdo local en este proceso, y ganaron,
por cierto, a los veteranos no los podrá dejar colgados Carlos Lomelí, y la política
morenista local deberá estar en manos de alguno de ellos si se pretende construir

un partido competitivo y no de favores. Que si se descuida, en una de esas Diego
Franco y sus emecistas anti-Mochilas se apoderan de Morena, lo cual ninguno de
los mencionados quiere ver jamás…

Un PRI desmarcado

Triste, el acto en el que su partido le otorgó la constancia de regidor a Roberto
Gonzales tras lograr una aislada posición en el próximo ayuntamiento vallartense,
pues a dicho acto casi no asistió nadie ajeno a su equipo inmediato, hasta el
auditorio tuvieron que cambiar en el PRI local por falta de quórum.

Era de esperarse, pues a estas alturas la cruda post electoral apenas comienza y
no queda ni vislumbrado que liderazgo se tendrá en Jalisco para los tricolores, ni
mucho menos el proyecto a construir en Puerto Vallarta, los ánimos están por los
suelos.

Mientras en el año 2000, cuando la ola foxista hizo arrasar también al PRI en
Jalisco, en Vallarta el candidato de ese entonces Luis Reyes Brambila perdió
habiendo logrado más de 20 mil votos, Roberto González hizo lo que pudo contra
el tsunami morenista, pero acumuló apenas más de 9 mil sufragios. No fue el
único en esos términos de resultados.

La marca PRI se desentendió por completo de las urnas como ese fabricante
distinguido de votos duros y masivos, se apartó a quedar a la tercera fuerza, pero
con mucho margen abajo, y ni diputado local, ni federal, ni facción de varios
integrantes en cabildo logró. Vienen tiempos difíciles para el priismo vallartense;
también es una oportunidad para construir una regiduría de verdadera oposición y
no que levante la mano para aprobar todo cuanto proponga el alcalde emecista,
como sucedió en los últimos 6 años…

El virrey quiere en su corte al gobernador

Se advierte una confrontación entre el gobernador electo de Jalisco, Enrique
Alfaro Ramírez, y quien será el representante institucional de Andrés Manuel
López Obrador (próximo presidente de México) en Jalisco. Pues en días recientes,
Carlos Lomelí Bolaños declaró ante la prensa su disgusto por la noticia de que el
emecista había buscado a su jefe.

“Que lo busque, a ver si lo recibe”, fue su respuesta; aunque también asumió la
disponibilidad a trabajar en equipo con quien le ganó la elección de gobernador en
Jalisco. Y es que, Andrés Manuel, anunció cual as bajo la manga justo después de
ganar que crearía una nueva figura institucional para agilizar las gestiones del
Gobierno Federal en cada uno de los estados del país.

En este sentido, Carlos Lomelí será el coordinador estatal de programas de
desarrollo en Jalisco, puesto que consistirá en administrar todos los recursos
federales que se tengan que invertir en la entidad para todos los proyectos de
todas las secretarías y dependencias, porque las famosas delegaciones van a
desaparecer. Esta será una sola oficina con personal de dichas instancias, 88 en
Jalisco, bajo el mando del morenista.

Eso no gustó desde luego nada al gobernador electo, ni a ninguno otro en
funciones en los demás estados del país; argumentan que “los virreyes de AMLO”
(así les han apodado) violarán el federalismo y serán un puntapié para favorecer a
Morena desde el Gobierno Federal en los estados.

Lo cierto es que el gobernador que necesite partidas federales y gestiones de
alguna secretaría u organismo federal, deberá reportarse con este delegado,
Alfaro con Lomelí en el caso de Jalisco. Por más disgusto que genere, esta
decisión está anunciada y a partir del 1 de diciembre comenzará a ser un hecho.

¿Cuál es el meollo del asunto? Pues que más conviene a Enrique Alfaro superar
sus diferencias con Lomelí, que a este último hacerlo con el ex alcalde de
Guadalajara, porque ¡sorpresa!: no solamente Lomelí sino todos los regidores de
Morenas y los coordinadores de campaña en el caso de los municipios sin
regidores morenistas, van a canalizar todo el recurso federal para las obras en
cada localidad.

Entonces, digamos que Carlos Lomelí si podrá ejercer recurso y programas
sociales tanto como obra pública con o sin Enrique Alfaro, pero este último por si
mismo solamente dispondría de las partidas estatales y municipales.

Adicionalmente, cabe mencionar que la Línea 4 del Tren Ligero ya fue anuncia por
Carlos como si él fuera el gobernador, aunque de hecho, una obra como esa
requiere de muchísimo dinero de la federación, así que aunque este sea también
propuesta de Alfaro, si quiere mérito, deberá compartirlo.

En pocas palabras el gobernador electo necesita evitar convertirse en el perro de
las dos tortas, que su partido tampoco es que tenga mucha presencia en el
Congreso federal, ni él suficiente dinero (la deuda de Jalisco está por los cielos)
para ejecutar sin ayuda todas sus propuestas. Habrá de buscar las paces, pero
con el ‘virrey’, no con el rey, que este (AMLO) ya delegó y no dará marcha atrás.

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