Futbol y Putin

Vladimir Putin.

Por María José Zorrilla

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Concluyó el Mundial de Futbol y lejos muy lejos quedaron las noticias de los atropellados en Rusia.  Entre la euforia de las porras de unas y otras selecciones, la energía recargable en estadios y bares, banderas y trajes típicos inundando calles y plazas;  nadie volvió a traer a la luz los dos accidentes viales.   En un muy lejano rincón de la prensa, quedaron dos noticias que hasta unos connacionales salieron afectados y ni por eso, en México se le dio seguimiento al caso.  Todo quedó en el más absoluto silencio y la nota pasó al rincón de los olvidos al más puro estilo siberiano.  Congelaron la información.  El primer atropellamiento sobrevino aparentemente por una falla mecánica y nunca se supo o más bien  nunca se volvió a decir, nada más de él.  Kirguistán era el país de origen del conductor, un país con mucha influencia asiática y nexos muy estrechos con Turquía, con  mayoría musulmana, que nos hizo sospechar sobre la verdadera causa del tropiezo.  No obstante, la nota quedó allí y ocupó un breve instante en el abundante espacio noticioso avasallado por triunfos inesperados, selecciones sorpresa y equipos devaluados.  México país de origen de dos de las 7 víctimas del primer accidente no volvió a tocar el tema.  El accidente quedó erradicado del panorama futbolístico, como un simple chofer de taxi que perdió control del vehículo y asustado salió corriendo.  Afortunadamente el agresor, fue detenido por los mismos transeúntes.  La nota donde se dio a conocer la información salió de una agencia rusa.  Al final en el documento se afirmaba  que Rusia es un país donde hay gran mortalidad por accidentes de tráfico, debido al alcohol, falta de infraestructura adecuada y poco respeto a las reglas.  Al chofer, sólo le dieron dos meses de cárcel porque llevaba trabajando más de 20 horas.

En el ínterin circularon unos videos que parecían demostrar algo más que una pérdida de control, coincidencia que se vuelve a presentar días después en Sochi.   Otro individuo en esta ocasión con mucho  sueño, se salió del carril de la calle para invadir la banqueta plena de turistas, dejando como saldo un muerto. La maniobra no pareció ser natural.  Los mal pensados llegamos a intuir que podría haber sido un incidente provocado al igual que el primero.  Incluso la nota derivada de este accidente fue más breve y menos precisa que la anterior.    Como copia y calca de su precedente, el accidente fue opacado por los acontecimientos y la euforia del mundial.   Fue una eventualidad más, parte de la magnitud de la justa que simplemente aconteció en la inmensidad del territorio Ruso.  Una vasta  porción de tierra de más de 17 millones de kilómetros cuadrados, que le confieren el título del país más extenso del mundo, poseedor de las reservas de hidrocarburos más grandes del mundo y del mayor arsenal de armas de destrucción masiva del mundo, según wikipedia    No hubo país que osara enviar una advertencia,  o “warning” de “peligro, choferes dormidos hacen de las suyas en Rusia”.

Por temor o respeto, la realidad es que esta nación euroasiática capaz de inferir en elecciones presidenciales de cualquier país del mundo, logró lo que nunca pensamos atestiguar en nuestra vida.  La sumisión de un mandatario norteamericano ante el poderío ruso.    Trump se atrevió a desdecir lo que su agencia central de inteligencia había declarado sobre las pasadas elecciones en Estados Unidos y la intervención rusa.  Putin creció en imagen, poder y fuerza.  Ahora los hilos del mundo parecen estar centrados en esa parte del globo terráqueo.  Indirectamente el Mundial de futbol develó realidades que no parecíamos considerar en este lado del planeta.