PRI: “Hasta el modito de andar”

Por Luis Alberto Alcaraz

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LA CUARTA TRANSFORMACIÓN. Primero fue la presidenta nacional  del PRI, Claudia Ruiz Massieu, quien anunció la necesidad del PRI de renovarse incluso al grado de cambiarse de nombre, después fue el ex presidente del PRI Jalisco, Ramiro Hernández, al señalar que el PRI “debe cambiar hasta el modo de andar”. Ella es hija del desaparecido José Francisco Ruiz Massieu y sobrina nada menos que de Carlos Salinas de Gortari, él es parte de la generación de dinosaurios que llevó al PRI Jalisco a la debacle total, al grado de que como alcalde de Guadalajara le correspondió entregar el poder al emecista Enrique Alfaro, quien de la alcaldía saltó fácilmente a la gubernatura. Pese a que ninguno de los dos está moralmente habilitado para hablar de lo que debe ser el nuevo PRI, en el fondo ambos tiene toda la razón: es el momento de que el PRI inicie la cuarta transformación. El PRI como partido surgió en 1929 cuando Plutarco Elías Calles fundó el Partido Nacional Revolucionario que unificaba a todas las corrientes derivadas de la revolución mexicana, y nueve años después Lázaro Cárdenas, tras su pleito con el sonorense, fundó el Partido de la Revolución Mexicana. Finalmente, en 1946, surgió el PRI como lo conocemos actualmente, con la consigna de llevar al país al primer mundo tras la debacle de la segunda guerra mundial. Irónicamente el PRI también está a punto de entrar a su cuarta transformación, coincidiendo con el movimiento nacional anunciado por Andrés Manuel López Obrador.

¿CAMBIAR PARA SEGUIR IGUALES? Pero antes de que las bases priistas se sumerjan en un proceso de renovación  de forma y fondo valdría mucho la pena que se preguntaran muy seriamente sobre la conveniencia de resucitar o dejar morir al partidazo. Porque cabe la posibilidad de que el PRI, luego de casi 90 años de vida institucional, haya cumplido por completo con su objetivo y no tenga nada más que aportar al desarrollo de nuestro país. Por supuesto que el PRI como generador de recursos para una clase política privilegiada siempre tendrá razón de existir. En su peor momento político el PRI no dejará de ser una agencia de colocaciones para unos cuantos, de ahí la urgencia de muchos grupos por apoderarse de lo que queda del partido, el cual a partir del próximo año tendrá gravísimos problemas para sostener su robusta burocracia. Si Andrés Manuel López Obrador está buscando desde ahora la forma de que Morena regrese gran parte de los mil 500 millones de pesos que le corresponderán el año entrante como prerrogativas por ser la primera fuerza nacional, los priistas difícilmente sobrevivirán con los pocos millones de pesos que les tocarán como tercera fuerza. Morena tuvo la inteligencia de crecer y ganar la presidencia de la República con 400 millones de pesos al año, pero con ese dinero el PRI no tendrá ni para el combustible de sus aeronaves. Pese a todo, como cualquier otro partido de la chiquillada, el PRI seguirá siendo un excelente negocio para quienes logren mantenerse con el control de la franquicia, por eso desde ya Claudia Ruiz Massieu se apunta para ser la nueva ideóloga del PRI.

LOS QUE YA SE FUERON. Es en serio, vale la pena una reflexión a fondo sobre las ventajas de revivir al PRI o dejarlo morir. Con Luis Donaldo Colosio Junior como cuadro emergente del Partido Movimiento Ciudadano no se ve de dónde pueda echar mano el viejo PRI para refundarse. Tal vez por ello sería un gran aporte a la política nacional que el PRI se diluyera por completo para consolidar eso que el ex dirigente nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza, bautizó jocosamente como PRIETA, la fusión PRI-Morena que viene a suplir al histórico PRIAN. Y es que aunque de lejos Morena parece ser un partido de izquierda, ya de cerca es posible encontrarle más coincidencias con el PRI que con el PRD o cualquier otro partido de la vieja guardia izquierdista. El propio López Obrador es un cuadro forjado en el viejo PRI, como Marcelo Ebrard, Manuel Bartlett, Lázaro Cárdenas Batel y Porfirio Muñoz Ledo, personajes que estarán en la primera línea de la cuarta transformación. Pedir que la derecha de este país desaparezca es imposible, de ahí que la única opción que tenemos en México para avanzar hacia el bipartidismo es mediante la consolidación de Morena como partido hegemónico de centro izquierda y el fortalecimiento de la derecha en torno al PAN. El sueño no es guajiro, el pasado 1 de julio el 53% logrado por Morena en las urnas provocó la desaparición del Panal y del PES, además de dejar al MC, PRD, PT y PV al borde la de extinción. Así que no es en mal plan plantear las ventajas de que el PRI desaparezca para siempre, los mexicanos nos ahorraríamos mucho si cada tres años sólo tuviésemos la opción de votar por Morena o por el PAN, dos partidos que representan perfectamente al mexicano de hoy.

ELLOS SABEN CÓMO HACERLO. Por supuesto que los cachorros del PRI bajo ninguna circunstancia permitirán que el partidazo muera, como ya lo demostraron en el 2000 cuando Vicente Fox les quitó la presidencia de la República por primera vez. Así que ya tienen experiencia en eso de resucitar muertos, sólo que el contexto será radicalmente distinto, porque en el 2000 el PRI se reinventó a partir de la fuerza de los gobernadores, que con el manejo absoluto de los dineros locales se convirtieron en virreyes de sus territorios y financiaron el resurgimiento. Al mismo tiempo el pésimo desempeño de Vicente Fox y el PAN como gobierno hizo que el electorado se decepcionara del cambio y permitiera la llegada de una nueva opción, que en el 2006 habría sido Andrés Manuel López Obrador pero que gracias a la famosa alianza PRIAN fue descarrilado. Hoy, dando por hecho que el desempeño de AMLO será de por lo menos bueno, con posibilidades de rayar en lo excelente, las posibilidades de que el PRI resurja de entre sus cenizas en uno o dos sexenios es prácticamente de cero. Así que si bien el bipartidismo absoluto no será una realidad en el corto plazo, sí es un hecho que el PRI será un partidito con candidaturas mediamente testimoniales en los próximos 10 años, sobre todo porque a millones de mexicanos no les gusta estar en el bando de los derrotados y desde el 1 de julio empezaron a migrar hacia el poderoso Morena que amenaza con llegar para quedarse un tiempo muy largo, aunque por fortuna López obrador asegura que ésta fue su última elección y que en el 2021 simplemente se irá a La Chingada, su rancho tan querido.

POSDATA. Si a nivel nacional y estatal el PRI está en la lona, a nivel local está prácticamente muerto. Durante los 9 años que fue oposición en el siglo pasado tuvo la suerte de contar con  apoyos externos y, sobre todo, con el financiamiento de sus regidores que aportaban buena parte de su sueldo para el pago del gasto corriente del CDM. Hoy con solamente un regidor, y no un regidor cualquiera sino un regidor altamente tacaño, el PRI Vallarta no tendrá ni para el pago de su secretaria, lo que augura el inicio de una época muy oscura para el priismo local. La única opción será dejar el partido en manos de quienes tienen las ganas y el dinero suficiente para mantenerlo vivo al menos en estado vegetal. Así que es el momento de que Chavita y Rafita entren al PRI Vallarta por la puerta grande.

VOX POPULI. Lo que pasará en Vallarta dentro de tres años dependerá de varios factores. Morena se empoderará siempre y cuando sus regidores realicen un excelente papel y a nivel nacional AMLO cumpla todas las expectativas. Por desgracia no hay mucho que esperar de los cuatro regidores que Morena tendrá en la próxima administración, porque seguramente caerán en el hechizo de Arturo Dávalos y se dedicarán a levantar su dedito cada que se realice una votación. En cuanto al MC el futuro también es incierto, sobre todo porque Enrique Alfaro ya anunció su deslinde del MC, lo que dejará al garete la franquicia en Vallarta. La tribu que hoy comanda Arturo Dávalos seguramente buscará retener el poder con Víctor Bernal en el 2021, pero para entonces habrá que ver si el MC sigue siendo un partido poderoso o se diluye por decisión de Enrique Alfaro. Lo cierto es que para entonces ni PRI ni PAN serán opción viable para disputarles el poder.