La misma historia de siempre

La cantidad exacta no se sabe, pero se habla de entre 25 y 200 vehículos afectados por el desbordamiento de la vena Santa María.

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Por Luis Alberto Alcaraz

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LLUEVE SOBRE MOJADO. La tormenta del pasado martes nos regresó de golpe al Vallarta del siglo pasado, cuando la ciudad crecía de manera desordenada sin cumplir con los requisitos mínimos para evitar consecuencias por la explosión demográfica. Como si el tiempo no hubiera transcurrido, como si miles de millones de pesos no se hubiesen invertido en la infraestructura de la ciudad, nuevamente las imágenes de Puerto Vallarta se volvieron virales, aunque por desgracia para mal. Las imágenes de decenas de empleados del hotel Secrets luchando contra la corriente para recuperar sus vehículos de la inundación le dieron la vuelta al mundo. Uniformados con la ropa de trabajo, sorprendidos a media jornada laboral, los empleados que cada día estacionaban sus coches en la ribera de la vena Santa María no podían ocultar su impotencia al ver su patrimonio sumido en el lodo y en el agua. La cantidad exacta no se sabe pero se habla de entre 25 y 200 vehículos afectados, algunos probablemente con pérdida total debido a que fueron literalmente cubiertos por el agua. Por desgracia las imágenes no nos son ajenas, lo único que cambia es la fecha y el rumbo de la ciudad. Cada tres años el alcalde en turno presume haber resuelto el problema de las inundaciones, pero cuando vienen las tragedias nadie da la cara, nadie le pone nombre y apellido al responsable del engaño, de la estafa. Nadie le tira piedras al ladrón, en una lamentable demostración de la triste memoria de corto plazo que tenemos como sociedad.

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Y SE VA A PONER PEOR. El problema es simple: dotar a la ciudad de una infraestructura que resuelva el problema de las inundaciones de manera integral es muy costoso y poco redituable en materia electoral, aunque como bien saben algunos ex alcaldes es la mejor forma de ganar dinero porque se trata en su mayoría de trabajos que quedan sepultados bajo tierra, lejos de la fiscalización ciudadana. Pese a ello la ciudad se sigue inundando en cada tormenta fuerte y lo único seguro es que el fenómeno se agravará debido a los severos cambios climatológicos que está sufriendo el planeta. Una simple tormenta de dos horas es suficiente para poner de cabeza la ciudad, así que es fácil anticipar lo que pasará cuando realmente nos toquen tormentas históricas, fuera de lo común. El problema de origen se deriva en la forma desordenada en que crece la ciudad, la manera criminal en que se han reducido los espacios naturales para la captación de agua de lluvia y la pavimentación cada vez mayor del suelo vallartense. Esto provoca que las grandes cantidades de agua que se precipitan sobre la zona vayan a dar casi en su totalidad a las partes bajas buscando su cauce natural hacia el mar. Y si antes había muchas salidas al mar hoy los caminos de las bajadas de agua se han reducido notablemente, provocando el colapso de las principales venas, como lo es la Santa María que en su tramo final hacia el mar, frente al desarrollo Flamingos, está prácticamente estrangulada por los desarrollos inmobiliarios.

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POR ARRIBA Y POR ABAJO. Junto al desbordamiento de los arroyos es posible ver en cada tormenta el colapso de la red de drenaje que en lugar de captar agua de lluvia expulsa aguas negras por la saturación de las líneas. El criminal desarrollo inmobiliario del centro de la ciudad solamente agravará este problema, pero serán otros políticos los que tendrán que dar la cara cuando eso ocurra, aunque probablemente sea la misma sociedad de hoy la que pague las consecuencias. En todo este escenario de emergencia natural lo más lamentable es la ausencia de un presidente municipal efectivo, porque el presidente municipal electo y reelecto prefiere seguir de vacaciones en lugar de retomar el cargo para el cual luchó férreamente para conseguir la reelección. No se entiende cómo una persona es capaz de luchar por mantenerse tres años más en el cargo y al mismo tiempo prefiere mantenerse fuera del poder hasta octubre próximo. Ridícula situación la nuestra, que para que un alcalde se reelija tiene que abandonar el cargo por lo menos seis meses, dejando en su lugar a quien evidentemente sólo acata las órdenes que se le dan tras bambalinas. Porque aunque Dávalos regresa a la alcaldía en octubre todos sabemos muy bien que es él quien sigue dando las órdenes en la presidencia, sólo que sin la necesidad de mojarse los zapatos en cada inundación que se presente.

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NO PASA NADA. Lo triste es que esta ha sido la misma historia de Puerto Vallarta, una gran ciudad que ha crecido a base de ocurrencias y necesidades, de chipotes por uno y otro lado, abriendo calles no donde la gente las necesita sino donde los políticos consiguen más plusvalía. Inmersos en una especie de Síndrome de Estocolmo, los vallartenses prefieren alcaldes menos ratas, aunque sean igual de incompetentes. Incapaces de soñar con un mini Peje, nos conformamos con un pata salada que sea discreto a la hora de robar, aunque sea incapaz de llevar al municipio a un primer mundo. No hay nadie capacitado al frente del timón, sólo grupos políticos que históricamente se disputan el poder para beneficios particulares. Es Vallarta la única ciudad donde en pleno corazón turístico a alguien se le ocurre poner instalaciones militares, a nadie le parece ilógico que se levante una escuela pública en pleno corazón de Fluvial Vallarta. Somos, por eso y mucho más, una sociedad condenada al colapso, a la corrosión de sus estructuras internas por culpa de nuestra incapacidad para ser más exigentes con nuestros gobernantes. Lo peor de todo es que cuando el destino nos alcance los responsables de esta situación estarán muy lejos de aquí, disfrutando de sus ganancias sin el menor remordimiento por el terrible daño que le causaron a una ciudad que juraban amar y proteger.

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POSDATA. Enrique Alfaro anuncia que no hay problema, que no tiene inconveniente en reducirse el sueldo de gobernador en un 35% para ganar por debajo de los 108 mil pesos que ganará el próximo presidente de la república. Por supuesto que el ganar 100 mil pesos al mes para un gobernante que maneja miles de millones de pesos al año no es un asunto importante, porque tan solo por concepto del diezmo la ganancia será groseramente superior.

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VOX POPULI. Hoy, cuando los laudos millonarios estallan en contra del actual gobierno municipal sus funcionarios salen a denunciar la irresponsabilidad de los gobiernos priistas al despedir de manera injusta a decenas de empleados que hoy ganan juicios estratosféricos gracias a la mediocridad del aparato jurídico del Ayuntamiento. Por no pagar 11 millones de pesos a siete trabajadores despedidos durante la administración de Gustavo González Villaseñor el pleno del Ayuntamiento vallartense podría ser suspendido 15 días sin goce de sueldo. Que nadie se espante, llegarán los tiempos en que los despedidos por El Mochilas y el propio Dávalos también acudirán a exigir su liquidación millonaria. Lo bueno es que le tocará a Arturo Dávalos pagar las consecuencias de sus propios actos. Son los pequeños inconvenientes que tiene la reelección.