Sin Reglas Claras

Caos en las cercanías del ex cine Bahía.

Por María José Zorrilla

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Ojalá López Obrador no haya impuesto la moda de esperar 18 años para que haya un cambio.  Tengo 35 años de vivir en Vallarta, y los mismos años de tener un negocio ubicado en Insurgentes.  La Insurgentes es el único punto de encuentro  entre el sur y el centro de la ciudad y es la arteria más importante de desahogo de la Colonia Emiliano Zapata que se divide en Oriente y Poniente precisamente a partir de esta calle.  En Insurgentes se puede encontrar casi todo lo que alguien necesita para vivir o turistear.  Hay gasolinera, banco, hospital, mercado, río, hotel, restaurante, farmacia, bar, doctor, agencia de viajes, relojero, cerrajero, centros de entretenimiento, abarrotes, frutería, dulces típicos, fabricación de huaraches, tienda de ropa, artesanías.  También se encuentran establecimientos de venta y reparación de computadoras, relojes, celulares y por supuesto el emblema urbano del siglo XXI en México,  varios OXXOS.    Difícilmente  se podrá encontrar otra calle con estas características en la ciudad, de tener casi todo.  Hace no mucho hasta cine tenía.

En este lapso de más de tres décadas, las reglas han cambiado o más bien no ha habido reglas claras.  Ahora línea amarilla, ahora no, ahora se puede pagar por el espacio para uso exclusivo del hotel, ahora no.  Entre esos avatares, en  los últimos años, me quedé en un limbo sin saber de qué color era la línea, pero había un cierto respeto hacia la operación natural del hotel, aunque persistían ciertas irregularidades.  De pronto todo cambió.   Pareciera coincidencia, pero antes que iniciara la demolición del Cine Bahía era muy común ver patrullaje continuo por la zona y casi de rigor, dos agentes de tránsito parados en la esquina de Insurgentes y Aquiles Serdán.  Hoy día, los agentes brillan por su ausencia y en la Calle Insurgentes empieza a reinar la ley del más fuerte.  A partir de la caída del primer ladrillo del Cine Bahía, se extendieron unas estructuras provisionales de triplay sobre la banqueta para proteger a los peatones.  También se desplegaron unas grandes mantas de plástico anunciando los nuevos condominios, lo que obligó a los camiones a hacer parada justo frente al Hotel Belmar.  Misteriosamente también desaparecieron tanto el patrullaje cotidiano como los agentes de tránsito.  Entonces la parada del camión ahora es frente al Hotel Belmar, pero allí también se estacionan por horas los camiones de turistas que vienen de paseo al centro, lo que provoca doble fila forzosa.   Los taxis, también se andan peleando por un espacio en ese pequeño sector de la calle casi intersección con la Aquiles Serdán y la operación cotidiana del Hotel pasó a ser imposible.  Frente a la propiedad de los nuevos dueños del Cine Bahía nadie absolutamente se atreve a parar.  Ya no están las mantas, la demolición ya terminó, pero el lugar es sagrado y respetado a pesar de que ya nada acontece allí por el momento.  La acción se desarrolla en los escasos 20 metros frente a mi propiedad donde todo ocurre. Hay una especie de complicidad de quedarse allí, estacionarse allí, dejar los motores prendidos del camión allí y hacer parada en doble fila muy campechanamente.  Contactamos alguien de la autoridad para pedir su apoyo, dijeron que la nueva parada oficial es frente al  OXXO que hace esquina con la calle Francisco I Madero.  Se solicitó la presencia de agentes de tránsito para reacomodar la ruta y explicarle a la gente la modificación, pero nada ha cambiado.  Al parecer no existe una política clara donde dejar los camiones que traen turistas de visita al centro y al parecer los camiones se estacionan allí porque tránsito se los permite. La calle con más variedad de bienes y servicios de la ciudad no merece este desorden que pronto derivará en caos.  O acaso ¿tendremos que esperar 18 años para que las cosas cambien?