Gente PVSer Vallartense

Tiempos de fruta madura

  • En honor a las mujeres del Sta. Gertrudis de hoy, quienes han construido una comunidad sustentable.

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El Gentil Expatriado
ictiosapiens.vallartensis@hotmail.com

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[…] tus pechos han capturado la tersura y fragancia de los mangos de Mayo; tus pezones tienen el color de la piel de esa fruta madura, zaherida por el diferencial neto entre el rocío de la fresca mañana y la luz intensa del sol de mediodía. Me dije, miraré extasiado, aspiraré la esencia, palparé la suavidad y apenas apreciaré con mis labios ese diseño perfecto y magnífico de Dios, mientras escucho los latidos de tu corazón […]

[…] para completar el gasto, nosotros los jodidos, tenemos que alzar la mirada para descubrir lo que nos brinda la naturaleza. Hoy, señor Gentil, […] ¿de dónde dices que vienes? […], son tiempos de fruta madura. Ciruela, lima, naranja, mamey y mango, […] ¡ooh padre santo! esa fruta se produce aquí de humor; tenemos de todo eso y más, a raudales, sin medida, en demasía, cuasi igual que las mentadas de madre que florecen allá por su Tierra, ¿de dónde eres?

El mango de Santa Getrudis es una variedad criolla plantada por los hacendados antiguos.

[…] la mayoría de las mujeres de acá, hacemos cajeta de mango en estos tiempos para completar el gasto […]. El mango de Santa Getrudis es una variedad criolla plantada por los hacendados antiguos; los árboles son muy altos, robustos y frondosos; según se cree, de unos 150 años de vida. En la temporada, antes de la primera tormenta, juntamos del suelo todos los días por las mañanas, la mejor fruta; yo selecciono color, fragancia y consistencia. Quitamos la cáscara a mano. Las bolas limpias, de un color amarillo más hermoso que el oro, se voltean con un tlamoolastli, pala de madera, en un cazo de cobre hasta que el mango, sin ningún ingrediente, afloja el néctar. El néctar, aún con hueso, reposa una noche completa. Temprano por la mañana removemos las semillas y de nuevo llevamos el cazo a la lumbre. Se debe mover el néctar con el tlamoolastli hasta rendir, hasta alcanzar el punto de condensación; el indicador es que se forma una masa de color ámbar, firme, pesada, difícil de mover dentro del cazo. Esta masa se vierte en moldes de madera de unos 20 centímetros cúbicos.

Una cubeta de veinte kilogramos de mango limpio, sin cáscara, rinde un kilogramo de cajeta. Vendemos a $ 110.0 cada cubo. Hacer éste que es un dulce regional único, parece un trabajo agotador, extenuante. Con más de veinte horas de actividad continua, por supuesto que lo es. Pero con el producto de ese trabajo puedo vestir y calzar a mis hijos, darles lo que ocupan en la escuela; por si fuera poco, en esta temporada compré para mí una licuadora, molino de mano, matate nuevo, un colorete de labios y ropa de lujo para mi viejo, ¡mmmm! ¿Cómo te quedó el ojo?