Alfaro, con pies de barro

Por Luis Alberto Alcaraz

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Y TODO A PULMÓN. Enrique Alfaro estaba llamado a ser el gobernador de Jalisco más poderoso de la historia, la forma contundente en la que se convirtió en alcalde Guadalajara y se proyectó para ser el futuro gobernador lo consolidó como el político jalisciense más influyente en muchas décadas. Aristóteles Sandoval llegó a la gubernatura gracias al entramado que le fabricó su padre Leonel, Alberto Cárdenas llegó al poder gracias al error de diciembre, Francisco Ramírez Acuña fue el más priista de los panistas y su uso desvergonzado del aparato judicial le permitió hacer ganar a Emilio González Márquez. En cambio a Enrique Alfaro nadie le ayudó, se forjó solo a raíz de su salida del PRI, aunque siempre asesorado por personajes como Juan Enrique Ibarra, quien seguramente será el próximo Secretario General de Gobierno. Al igual que López Obrador, Enrique Alfaro labró su futuro basado en un discurso antigobierno que le permitió capitalizar gran parte del voto antiPRI para conseguir la gubernatura de manera apabullante. Su victoria habría sido más holgada de no haberse atravesado el huracán AMLO que provocó que el candidato de MORENA le metiera presión a la candidatura del emecista, sin embargo no hubo forma de bajarlo del primer lugar, aunque los torpedos lanzados en la recta final de la contienda fueron demoledores.

LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS. De manera similar a lo ocurrido en el 2006, cuando el gobierno panista abusó del aparato judicial para ensuciar la campaña de Arturo Zamora Jiménez, en la semana final de la contienda pasada Enrique Alfaro fue blanco de una feroz acusación que lo involucra al narcotráfico, concretamente al Cartel Jalisco Nueva Generación. La diferencia es que mientras el priista Zamora fue víctima de una calumnia, Alfaro fue denunciado públicamente por la  reconocida periodista Anabel Hernández, quien citando documentos oficiales del gobierno norteamericano y de la Marina mexicana lo exhibe en una maraña de lamentables complicidades. Según la periodista, cuyo reportaje publicó Carmen Aristegui en su portal, el gobierno de estados Unidos está a punto de cancelarle la visa al gobernador electo de Jalisco, lo cual en caso de confirmarse sería un escándalo internacional. Gracias a la pronta intervención del INE el reportaje fue retirado casi de inmediato de las redes sociales, lo cual contribuyó a que al daño no fuera mayor. Pero en algo afecto a Enrique Alfaro porque pese a su triunfo no se advierte feliz. Por el contrario, sus mensajes públicos posteriores a la elección han sido poco triunfalistas, especialmente el que usó para anunciar que ésta fue su última elección porque se retirará al terminar su mandato como gobernador de Jalisco. Al mismo tiempo dio a conocer su decisión de deslindarse del Partido Movimiento Ciudadano, decisión que por donde se le busque no tiene lógica alguna pero por lo mismo implica un mensaje cifrado para algún interlocutor en especial. AMLO tal vez.

EL PODEROSO QUE NO SERÁ. Difícil recordar alguna fotografía en la que Alfaro luzca sonriente. Su sello personal es la mueca del disgusto, el ceño fruncido en señal de malestar. Pese a su exitosa carrera no se ve como un político triunfador, no luce feliz, parece no disfrutar sus logros. Su personalidad anticlimática no ayuda a explicar sus logros en la política jalisciense, sobre todo con un electorado bastante conservador. Sus tres años como alcalde de Guadalajara estuvieron marcados por el escándalo, sin embargo no hubo nada que hiciera cambiar de opinión al electorado, ese mismo que durante 18 años mantuvo en el poder al más rancio panismo que hayamos visto en México. Haiga sido como haiga sido, Enrique Alfaro ya es gobernador de Jalisco pero se advierte un sexenio incierto, como si trajera sobre si la mítica espada de Damocles. Como dice la periodista Anabel Hernández, hasta el día de hoy ninguna autoridad ha salido a desmentir sus acusaciones. Lo peor es que no se trata únicamente de tinta y papel, hay en el pasado inmediato incidentes que empañar la imagen de Alfaro, como la reciente ejecución del suegro de su hermano, quien era también inspector Sanitario del ayuntamiento de Guadalajara. El hermano de Alfaro es David Alfaro, a quien recordábamos la semana pasada por haber adquirido en Puerto Vallarta las propiedades del polémico Thomas White. No es un hecho que David Alfaro está muy ligado a su hermano Enrique y forma parte de su estructura privada de negocios. La sola posibilidad de que el gobierno de Estados Unidos proceda contra Enrique Alfaro pone a temblar a todo el aparato político y justifica la actitud de disgusto que muestra Alfaro en los últimos días.

COMO QUERIENDO PELEAR. Al margen de la sombra penal que lo amenaza, Alfaro tiene por delante con pleito cantado con el presidente electo Andrés Manuel López Obrador, con quien se subió al ring en la pasada contienda. Bueno, en realidad fue AMLO el que se puso los guantes y se lanzó contra Alfaro, quien aguantó muy bien la ofensiva. El candidato de Morena Carlos Lomelí también lo acusó de nexos con el crimen organizado, abriendo heridas difíciles de sanar, sobre todo porque aunque Lomelí perdió la contienda se ha empoderado gracias a su próximo nombramiento como coordinador federal en Jalisco del próximo gobierno. Contrario a su famosa postura de amor y paz, López Obrador no ha dado señas de estar interesado en hacer las paces con Enrique Alfaro, por el contrario, su actitud pasiva ante la beligerancia de Carlos Lomelí parece un claro mensaje de que no vienen tiempos mejores. Si es real la investigación de la Marina en contra de Alfaro seguramente el próximo gobierno federal la utilizará para lanzarse a fondo contra el nuevo gobernador de Jalisco, y tal vez por eso Alfaro no luce feliz. La reciente visita de Alfonso Durazo le dio una bocanada de aire fresco a Alfaro porque le abre la puerta para que establezca relación con el próximo gobierno federal entendiéndose con los Secretarios de Estado en lugar de rebajarse a coordinarse con Carlos Lomelí. Lo malo es que Jalisco no es un estado cualquiera, es uno de los más importantes del país, por lo que un pleito entre Jalisco y el gobierno federal será de consecuencias desastrosas para millones de mexicanos que viven en esta entidad.

POSDATA. Los tropiezos de Enrique Alfaro no solamente son en el ámbito federal. En Puerto Vallarta comenzó con el pie izquierdo al declarar que está en contra de la promoción conjunta de Puerto Vallarta y la Riviera Nayarit. El primero en acusar recibo fue el presidente de la Coparmex Gabriel Igartúa, quien salió a defender la promoción conjunta que según los empresarios ha dado excelente resultados para toda la región.

VOX POPULI. Aprovechando el viaje Igartúa señaló que la dirigencia nacional de Coparmex está en contra de la figura de los coordinadores federales que pretende imponer López Obrador en la próxima administración para acabar con la figura de los delegados federales que tanto dinero le cuesta al país. Será muy bueno que López obrador tenga contrapesos a la hora de ejercer el poder, porque pese a su abrumadora victoria está obligado a gobernar para todos los mexicanos.