Sorpresiva expresión

Por María José Zorrilla

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Hace algunos días se celebró en la Sala de Cabildos un homenaje a Don Francisco Medina Ascencio, y, publiqué en mi perfil de Facebook, algunas fotos alusivas al evento donde la Sociedad de Geografía y Estadística de Jalisco capítulo Vallarta, reconocía el legado que dejó el ex gobernador jalisciense.

Abundaron los comentarios sobre lo positivo del accionar de don Panchito, a quien en mucho se debe el desarrollo e infraestructura de la ciudad y de la presencia amable de doña Conchita su esposa.  La entonces primera dama del Estado siempre se mostró preocupada entre otras cosas, por los destinos del dispensario médico guadalupano a cargo de Lupita Covarrubias y doña Ofelia Solórzano, según lo publicaron también en mi muro.

De pronto sobresale en una sorpresiva expresión. Un comentario que jamás imaginé alguien se atrevería a realizar respecto al ex gobernador que se preocupó por Vallarta sin tener un solo metro cuadrado de posesión en estas tierras.   Lo transcribo tal cual.  “No veo lo provechoso de esto, solo propaganda, deberían hacer estudios sobre cómo erradicar o aminorar la pobreza en Puerto Vallarta”.

Más que preocuparme por la descalificación del acto en reconocimiento al legado del Lic. Medina Ascencio, mucho me impactó la visión de la señora en cuestión respecto al entorno que vivimos. Es definitivo que Vallarta vive dos experiencias, el Vallarta turístico y el qué está tras bambalinas, pero menospreciar este sentido homenaje a un personaje al que se le debe tanto en Vallarta, me parecía impensable.  No obstante, este comentario me hizo reflexionar que no todo mundo tiene la misma forma de visualizar el entorno.

Margarita como así aparece en su perfil, se preocupa por la pobreza y no hay nada criticable en ello, desde su perspectiva, la historia allá debe quedar en un capítulo para el olvido.  No hay motivo para traerla de regreso.  Para qué perder tiempo en honrar memorias pasadas.  El presente, el aquí y ahora es lo que preocupa.  Me gustaría decirles a esas Margaritas que reconociendo cómo sucedieron las cosas ayer, identificando qué oportunidades se presentaron en ese momento, tendremos más opciones de abrir oportunidades hoy.

Cierto, los tiempos han cambiado y nada es igual al México de los 50´s y 60´s.  Vallarta tampoco es lo mismo.  Pero gracias a sus gestiones ante el Presidente de la República en turno y la influencia que en su momento ejerció el Gobernador para que la región se desarrollara, tuviera conexión aérea más allá de los transportes aéreos regionales, se construyera el aeropuerto, la dársena, la carretera, se concretara la reunión Nixon-Díaz Ordaz entre otras muchas acciones, no puede negarse.

Se pueden cortar las hojas pero nunca la raíz, rezaba un pensamiento a la muerte del Doctor Armando Soltero.  Y las raíces de lo que significó el despegue de la infraestructura y las comunicaciones en Vallarta, están en ese señor que para Margarita no tiene la mayor importancia.  Los miles, los cientos de miles de trabajos que se generaron por esas acciones, redundaron en beneficio sustancioso para quienes a lo largo de este medio siglo como ciudad, han también contribuido con su granito de arena en el desarrollo.

Si, la pobreza es un tema que nos lacera, es un tema que nos preocupa, pero la mejor manera de erradicarla es generando empleos, abriendo fuentes de trabajo con acciones planificadas como en su momento  fueron las que se ejecutaron en los tiempos de Medina Ascencio.  Hoy día hace falta planear mejor la inversión, hacen falta personas con la entrega y la madera del ex gobernador al que se le ha honrado con el nombre de la principal avenida de ingreso a Vallarta.  Margaritas, también hacen falta, si pero con tristeza veo cuanto hemos fallado en comunicar y darles más herramientas a esas Margaritas que deben ser bastantes, para que se conviertan en mexicanas que puedan contribuir de manera más productiva y más efectiva en el desarrollo de su comunidad.