El mundo Occidental: la otra cara del colonialismo y su crisis

No entiendo porque el mundo se ha divido en Oriente y Occidente. La educación no es oriental u occidental. La educación es un derecho para todos y cada uno de los seres humanos.
– Malala Yousafsai.

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Por Alfredo César Dachary

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Todo comenzó con la recuperación de Rusia de la mano de Vladimir Putin, algo que puso al descubierto la elemental mentalidad gringa que pensó que poniendo un alcohólico en el poder, Boris Yeltsin, ellos podían terminar de destruir la URSS, que había sido saqueada y humillada por los expertos de occidente.

Vladimir Putin reconstruyó la vieja Rusia, que ya había sido el imperio más extenso y unificado en el mundo con los Zares, y también había recuperado las creencias religiosas apoyándose en la Iglesia Ortodoxa rusa, y a todo lo integró bajo una misma bandera: el orgullo nacional de los rusos, que estaba por los suelos, luego de las humillaciones y presiones externas para mantenerlos de rodillas.

Rusia del siglo XXI es capitalista, como la China post-maoista; ambas son la expresión más moderna de un nuevo capitalismo, con una cierta dirección del Estado muy fuerte en China y menor en Rusia, pero también ambas son las otras grandes potencias nucleares.

De allí la pregunta que a veces a las personas inquieta, ¿por qué Estados Unidos y Europa atacan a Rusia y luego a China como en la guerra fría, siendo ambos países competidores, pero con las mismas reglas de la economía de mercado?

¿Por qué emerge una nueva guerra fría en la segunda década del siglo XXI?, las respuestas podrían simplificarse en una sola, el ocaso de la hegemonía capitalista hoy, cuya mayor expresión es el propio Trump, una versión caricaturesca del viejo Pato Donald y la defensa de su lugar en el centro del mundo.

Pero para ello hay que dividir esta crisis en tres grandes rubros que son:

  • El económico, en la globalización la competitividad de Estados Unidos es menor que la de sus rivales, lo que ha servido de argumento en las últimas décadas para el proceso de deslocalización de gran parte de su industria pesada y manufacturera.
  • El segundo es el militar, la recuperación económica de Rusia, un país cuya extensión es de 11 husos horarios, por ello con grandes recursos naturales y humanos, ha logrado sorprender en la exposición y en la acción a Estados Unidos y sus corifeos de la Unión Europea.
  • El tercero es el ideológico, el eurocentrismo como seudo-ideología es la expresión de la caída de la modernidad, el colonialismo y ambos sobre el carril del progreso han construido una idea falsa de la superioridad de occidente frente a oriente, lo cual hoy es fácilmente demostrable. De allí que no pueden dejar de ser el centro hegemónico sin mantener el liderazgo ideológico, hoy una utopía.

Esta situación ridícula, de ser el centro de la cultura “universal”, ha logrado mantenerse en los países conquistadores y colonizadores de occidente, como una premisa inalterable, en la medida en que día a día la realidad pone al descubierto la gran mentira de la civilización más moderna.

En la segunda parte del siglo XX y coincidiendo con la consolidación de la hegemonía de Estados Unidos, la civilización occidental era la idea y el ideal centrales en el discurso político e intelectual estadounidense, y los líderes políticos sostenían que ese país era el heredero de la civilización occidental y por eso tenía el deber de defender a Occidente contra todos sus enemigos, como el bloque comunista liderado por la URSS, “el Este”.

La academia trataba con respeto la tradición occidental y los cursos sobre civilización occidental fueron muy enseñados y a menudo requeridos en las universidades de Estados Unidos y las instituciones líderes de este país, y con apoyo de Europa, con seguridad y elocuencia identificaban y promovían la tradición occidental.

A fines del siglo XX, el tema es poco mencionado y mucho menos promovido, en el discurso político e intelectual, ni en Estados Unidos ni en Europa, pero dos hechos cambiarán esta historia: el 11-S, o sea, el atentado contra las Torres Gemelas en New York en el 2001 y el libro de Samuel Huntington “El Choque de Civilizaciones” y la reconfiguración del orden mundial, que había aparecido unos pocos años antes pero este hecho que desata la guerra del Golfo, le sirve de plataforma para expandir la idea racista que lo envuelve, a la vez, que supremacista blanco que lo distingue.

La globalización promueve lo que sería el conflicto entre grupos de civilizaciones diferentes y que el autor considera que los choques de civilizaciones son la mayor amenaza para la paz mundial, lo que ha servido de referencia a una nueva oleada de anti-musulmanes, a los que se ha acusado de extremistas y terroristas, cuando la verdad es que fue Inglaterra la que los invadió y dividió y Estados Unidos quien lo volvió a invadir con dinero para apoderarse del petróleo.

Para Edward Said, uno de los hábitos humanos más extraños, menos estudiados y más persistentes, es la división absoluta que se hace entre Oriente y Occidente. Esta geografía imaginaria, de origen casi enteramente occidental que divide al mundo en dos esferas desiguales y fundamentalmente opuestas, ha producido más mitos, mayor ignorancia con conocimientos y más ambiciones que cualquier otra apreciación de diferencias. Durante siglos, los europeos y norteamericanos se han embelesado con el misticismo oriental, con la pasividad y las mentalidades orientales. Traducido a la política, exhibido como conocimiento, presentado como entretenimiento en artículos de viaje, novelas, pinturas, música o películas, este orientalismo ha pervivido virtualmente inalterado como una especie de sueño que justificaba, a menudo, aventuras coloniales occidentales o una conquista militar.

Hoy el problema es muy complejo y difícil de digerir para Europa – Estados Unidos, que en el capitalismo como modelo, los países árabes, gran parte de éstos han logrado superar ampliamente a los países centrales construyendo desde la periferia una nueva centralidad.

Dubái, Qatar, Omán y Abu Dabi, entre otros, ya que son más, no solo tienen un PIB por habitante más alto que Estados Unidos y la mayoría de los países europeos, sino que la distribución de la riqueza es menos asimétrica, hay ricos, pero estos países han inaugurado un nuevo estado del bienestar diferente al europeo porque es más amplio, pero solo para los nacidos en esos países.

El éxito de Qatar Airways, Emirates y Etihad ha hecho que líneas aéreas de Estados Unidos y Europa apunten contra la política de subsidios estatales que, según estas voces, les permiten manipular precios para ganar nuevas porciones del mercado, ya que las tres compañías han crecido vertiginosamente en la última década.

En 2008, tuvieron 50 millones de pasajeros, y en 2014, alrededor de 115 millones. Entre las tres aerolíneas suman unos 700 aviones y tienen más de 900 en construcción. La aerolínea de bandera de Dubái, Emirates, es la séptima a nivel mundial, con unos 3,300 vuelos por semana con destino a 148 ciudades en 78 países. Qatar Airways comenzó a operar en 1994, a registrar ganancias 10 años más tarde y se lanzó a partir de 2010 a una conquista de rutas aéreas con 22 nuevos destinos que le permitió sextuplicar el número de pasajeros. Etihad, fundado por decreto del Emirato de Abu Dabi, es la segunda línea de bandera de los Emiratos Árabes Unidos con unos 85 destinos que en 2014 le representaron ingresos de 7,600 millones de dólares.

China, Singapur, Vietnam, India, Tailandia y Filipinas son países emergentes con diferentes niveles de crecimiento, pero todos por encima de los bajos crecimientos de los países de los otros continentes.

El cambio de eje oceánico del Atlántico al Pacífico ha sintetizado un verdadero cambio de era, cuyo liderazgo es ejercido por China y sus aliados del Grupo de comercio de Shanghái, y la única respuesta que había ante este avance la formula Obama con el Tratado Transpacífico, que Trump no quiso firmar y se salió.

Así, en la segunda década del siglo XXI, las diferencias entre ambos mundos, han dejado de ser lo que Occidente pretendía para tapar los grandes avances de Oriente, no se trata de lugares exóticos, misteriosos, llenos de tradiciones y leyendas, son grandes países emergentes que entrarán a remplazar a los países centrales occidentales en los liderazgos diversos, desde la ciencia a la tecnología, del urbanismo al transporte, ya que esta zona tiene una gran conectividad.

Por ello, la pretendida vuelta a la guerra fría es un tema fuera de lugar, dominado por la versión ideológica y orientado por el miedo a la caída del imperio, una constante en la historia de la humanidad.