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Nick-san Grata fusión mexico-nipona

Nick-san, un restaurante diferente en la región.

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  •  El chef Masayuki Niikura junto con Ángel Carbajal, de Los Cabos, son los creadores de este exitoso concepto restaurantero.

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Por Luca Manterola

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Hace poco tocaría visita al popular Nick-san. Era viernes y se acordó reunión social con visitantes de Guadalajara. Ya se sabe que cuando se recibe a gente de fuera hay que llevarles a lugares para presumir, dignos, a fin de que se lleven una grata impresión de estas tierras. Se trataba de una comida con amigos verdaderos que tuvo como sede el restaurante que une, con gran acierto, dos gastronomías fascinantes, siempre sorprendentes, la japonesa y la mexicana.

Mesa para cinco. El lugar estaba a medio llenar, sobre todo de turistas nacionales. Nuestros invitados ya nos aguardaban con bebidas refrescantes. Breves 40 minutos son siempre un tiempo razonable de espera cuando el lugar es agradable. Los visitantes se veían contentos, estaban bien atendidos. En cosa de instantes, cerveza y tequila se sirvieron a los recién llegados. Tras los saludos de rigor, la conversación impedía ordenar de inmediato algo para comer. Era algo tarde y hacía un poco de hambre. Al menos este cronista se sentía desfallecer por el prolongado ayuno.

Por fortuna, no tardó en hacer acto de presencia el capitán quien sugirió entradas y platillos fuertes. Hay ciertos comederos y figones donde es una tortura mirar el menú pues todo se le antoja a uno, cosa que experimentamos cuando hemos hecho acto de presencia en el Señor Nick, líder en la zona Nuevo/Viejo Vallarta en asuntos de comida del archipiélago nipón.

Esto crea un gran conflicto pues, como bien es sabido, elegir es dejar de elegir. Así que la lista de delicias que el diligente caballero enunció fue una excelente noticia para quien siempre se debate entre elegir el platillo A o el B o el C o el D… (ad infinitum). Es decir, este buen samaritano se permitió hacer una selección de cosas ricas, un resumen ejecutivo del Top List de su menú. Uno muerto de hambre y este caballero nos restregaba en la cara puras cosas sabrosas, aunque con el buen tino de sutilmente insinuar una selección de ricuras. Cuando uno escucha palabras e ingredientes como atún, curry, camarón, cilantro, serranito, langosta, jaiba, gorgonzola, sake de limón… no puede evitar que el sentido del gusto se encienda llegando al 100%. “Venga, uno de cada uno”, alguien de la mesa dijo con voz de mando luego de las sugerencias recibidas.

La tentadora carta del restaurante del Grupo Marival incluye entradas, sushi y sashimi, tempura, langosta, nigiri, makis y temakis, rollos especiales, más unos postres deliciosos. El establecimiento se precia de ofrecer platillos únicos elaborados a lo largo de más de 15 años de investigación y mucho experimentar (La verdad, a quién no le gustaría que le llamen para esas sesiones de ensayo y error, para ofrecer retroalimentación sobre sus creaciones. Sería como tocar el cielo con las manos o más bien con la lengua…).

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LISTA DE ÉXITOS

Según nos hemos enterado, entre de los favoritos de leal clientela sobresale la tostada de atún, junto con una amplia variedad de sashimis (el black & white, el hamachi curry, así como el exitoso cilantro…). Destacan por ahí ensaladas, rollos, sushi, y platos fuertes como callos dinamita, cabrilla misoyaki, langosta curry, filete de res teriyaki…

El chef Masayuki Niikura (el Señor Nick) junto con Ángel Carbajal, de Los Cabos, son los creadores del exitoso concepto Nick-san. Ambos lanzaron una audaz propuesta de fusión de lo mejor de sus países de origen. Para no ir lejos, Niikura-san es el creador del célebre Spicy Tuna (atún picante). De acuerdo con los directivos del establecimiento, buena parte de sus ingredientes son importados desde la tierra del Sol Naciente, tema vital para un buen restaurante nipón. Es sabido que los japoneses son obsesivos con los detalles a la hora de cocinar y la proveeduría es uno de ellos.

Los postres del Nick-san son muy buenos, Aunque no hemos ido más de media docena de ocasiones, siempre sorprenden y dejan una sensación de dulce placer. Hay platillos fríos y algo de repostería, incluyendo brownies o pastel de queso, aunque a nuestro humilde juicio, un comedero japonés debería prescindir de los postres occidentales y enfocarse más en ingredientes y sabores del archipiélago nipón ofreciendo más cosas de soya dulce o lichis.

Debe resaltarse la presentación sobria y a la vez vistosa de cada elemento del menú. Lejos de cualquier exceso, cada creación es ofrecida con sencillez para nada reñida con el buen gusto. Algo que caracteriza al pueblo nipón es justamente esto: decir mucho con poco, cuando se trata de cosas como su pintura o los siempre sorprendentes haikus (poemas breves), por citar algunos ejemplos. Una frase bien puede representar mucho del credo estético de esa cultura: Menos, es más.

Si bien uno es amante del vino tinto (que consumimos con la fruición con que algunos patasaladas beben cerveza…), en nuestras visitas al Nick-san justamente nos ha dado por pedir este último derivado de la cebada y otros cereales (esperando que la nutrióloga nos felicite por combinar grupos alimenticios e incluir granos). Cosas de gusto y la subjetividad propia de cada comensal, ordenamos cerveza obscura para calmar la sed, particularmente en estos días de canícula, que marida con eficacia con nuestros rollos, salmones, carne, pescados…

Tomamos nota de que se ofrecen buenos caldos nacionales e importados, además de sake, la popular bebida nipona de arroz. En otra de nuestras visitas, habremos de ordenar uno bien frío y dulce para atacar los rigores del calor de la costa y brindar por la amistad y la vida.

Capítulo aparte es del café. Un buen restaurante japonés no solo tiene el imperativo de ofrecer bebidas calientes como el té (bebida aburrida para algunos): pensamos que debe ser capaz de poner a disposición de su clientela satisfactores indispensables como un buen espresso, tema en el que el Nick-san acierta: su café es de buena calidad, además de presentarlo en un platito rectangular que incluye un vaso de agua con media rodaja de limón.

A la hora de la rica sobremesa, sobre todo cuando se conversa de cosas sustantivas –y otras no tanto- con amigos de verdad, al café le siguen los digestivos. Mientras algunos pueden pedir licores de importación con etiquetas de renombre, por fortuna es posible ordenar single malt de calidad de esos con que mitigan la sed en Escocia.

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OTROS DETALLES QUE CUENTAN

El local del establecimiento de Nuevo Vallarta es amplio y moderno, bien iluminado. Lo distinguen sus acabados de buen gusto y la línea funcional de su arquitectura exterior y de interiores. Se puede optar entre la agradable terraza al lado de un pequeño estanque o bien el salón, que cuenta con mesas y una larga barra, como se acostumbra en los restaurantes de Japón, a corta distancia del personal de cocina. El mobiliario es cómodo y las mesas guardan una agradecible distancia una de otra para no tener que escuchar conversaciones ajenas y, sobre todo, privar a los demás de nuestros chismes e intimidades o bromas de color subido.

Tema clave en eso de ir a comer es el servicio. Uno puede acudir a probar los mejores platillos, pero si el personal no es amable y eficiente la experiencia no es la mejor y viene la desilusión. En este caso, los anfitriones, camareros, capitán… todos son jóvenes y muy atentos. Siempre están pendientes de que no falte nada a los clientes: que si una bebida más de lo mismo, que si ya traen los siguientes platillos, que si van a querer postre o café o digestivo… Aquí no hay que sufrir implorando la atención del mesero. La cocina es visible desde el salón y uno puede observar el ajetreo de su personal en la preparación de sus platillos.

¿Alguien pensó en precios? Baste decir que se guarda una justa relación costo-beneficio. Que lo que uno paga vale su precio y vale la pena. Por supuesto, la propina se añade con gusto.

El almuerzo en cuestión (sí, el del viernes, con amigos verdaderos) se extendió por algunas horas. Uno jamás se sintió con hambre, ni sed, ni mucho menos intimidado con indirectas del personal de ahuecar el ala. Había anochecido ya, parecía sensato que el cónclave –que duró hasta poco después de las 21 horas– llegara a su fin. Luego de cubrir la cuenta, vinieron los abrazos de despedida.

Al salir, el local estaba lleno. Había gente esperando mesa. En el camino de salida, encontramos a algunas caras conocidas. Mientras los amigos venían apenas, nosotros salimos satisfechos de una grata experiencia en Nick-san, un señor restaurante.