Hospitales de primera, empresarios mezquinos

Por Luis Alberto Alcaraz

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UN HECHO COTIDIANO. Alcanzó a hablarle por teléfono a su madre para decirle que se sentía muy mal. Cuando lo recogió la ambulancia lucía tan mal que quienes lo vieron dijeron que seguramente moriría. Tristemente así fue, su corazón dejó de latir minutos antes de que la ambulancia llegara al hospital San Javier Marina, donde al momento de ser ingresado fue declarado sin vida. Pese a la contundente declaratoria del médico que lo recibió, el paciente fue ingresado al nosocomio como si estuviera vivo, en un quirófano se le quitó la ropa y se le puso una bata, aunque a raíz de una denuncia en las redes sociales el hospital aseguró que se le había aplicado el procedimiento médico indicado en estos casos. Minutos después los familiares fueron enterados de que debían pagar una factura de 8 mil pesos por las atenciones brindadas, aunque finalmente el cobro fue de 4,905.99 gracias a un descuento. Pese a ello el médico en turno se negó a extender la correspondiente acta de defunción alegando que cuando el paciente llegó ya estaba muerto, lo cual obligó a la familia a pagar 1,500 pesos extras por concepto del certificado de defunción. ¿Qué atención pudo brindarle el personal del hospital como para aplicar un cargo de 5 mil pesos por los escasos minutos que el cuerpo sin vida se mantuvo en sus instalaciones antes de que lo recogiera el personal de la funeraria? No hay en Puerto Vallarta un hotel de lujo capaz de cobrar 5 mil pesos por hora de hospedaje, pero el hospital puede aplicar esa tarifa con toda tranquilidad sin que ninguna autoridad o institución competente intervenga.

ENTRE HIPÓCRATES E HIPÓCRITAS. “Pasaré y ejerceré mi profesión con inocencia y pureza”, juran ante la imagen de Hipócrates todos aquellos que deciden dedicar su vida a la medicina, pero por alguna razón una vez que desempeñan su profesión se convierten en máquinas de hacer dinero, reflejando su progreso en carros de lujo y departamentos suntuosos. Una simple visita al médico particular más barato implica un pago de 450 pesos, demasiado dinero para quienes tienen la mala suerte de ganar 200 pesos diarios, en el mejor de los casos. Todo en efectivo, sin factura de por medio, sin que las autoridades correspondientes se atrevan a intervenir. Por lo mismo el negocio de la salud se ha convertido en una de las industrias más poderosas en la actualidad, lo que ha llevado a la proliferación de clínicas y hospitales de lujo en toda la región. Lo mismo en un modesto edificio con unos cuantos consultorios que un lujoso hospital, la constante es la misma, profesionistas dedicados al enriquecimiento personal a cambio de darnos salud. Tal vez no haya nada más lamentable en el mundo que el enriquecimiento a través de la cura de enfermedades. Se entiende que un abogado o un ingeniero se pudran en billetes mediante el ejercicio de su profesión, pero cuesta entender a quienes se han hecho millonarios medrando con la salud de sus semejantes. ¿En qué momento se olvidaron de Hipócrates y se convirtieron en hipócritas?

LA DOLOROSA NORMALIDAD. Mientras los hospitales públicos están llenos de pacientes mal atendidos, las clínicas privadas proliferan en la ciudad y se hacen cada vez más ostentosas. Ante la certeza de que sus familiares tendrán una muerte segura si son internados en el Hospital Regional, decenas de vallartenses no se la piensan cuando deciden que sus enfermos sean ingresados a una clínica particular, donde el mismo galeno que aburrido brinda consulta en la clínica del IMSS lo atenderá con pasión y contribuirá a salvarle la vida a cambio de una factura de cientos de miles de pesos. Los casos abundan, se comentan en las redes sociales y a menudo ganan las páginas de la prensa local, como la madre afligida que internó a su hijo sin imaginar que en tan solo tres días la cuenta superaría los 300 mil pesos. “No podemos operar a su hijo porque la operación cuesta más de 400 mil pesos y sabemos que usted no la puede pagar, así que lo único que podemos hacer es trasladarlo al Hospital Regional”, le dijeron a la mamá, quien se estremeció al escuchar la sentencia de muerte de su hijo recientemente accidentado. Yo mismo tuve la suerte de internar a mi padre en el hospital San Javier Marina, donde en menos de 24 horas tuve que pagar 14 mil pesos por una noche de atención y algunos exámenes de rutina. ¿En qué momento brindar alivio a los enfermos se convirtió en una forma de hacerse millonario?

LAS MAFIAS INCONFESABLES. Y ni hablar del contubernio que existe entre algunos hoteleros y hospitales de la ciudad para beneficiarse con los seguros médicos de los extranjeros. El más mínimo indicio de enfermedad es suficiente para ingresar a un paciente y hacerlo generar la mayor ganancia posible. Males sin mayor trascendencia son utilizados de pretextos para costosas operaciones y traslados de alto precio a costillas de un turista que sólo tuvo una mala tarde. Es la ley de la selva, con empresarios y médicos voraces que sin el menor empacho se pasean por la ciudad en sus autos de lujo mientras sus empleados desangran al máximo a sus pacientes. Ni siquiera la muerte los detiene, porque para liberar un cadáver exigen el pago de elevadísimas facturas. Legalmente están en su derecho de cobrar millonadas a cambio de sus servicios, pero en este mundo, en esta humanidad, la medicina no debiera ser una herramienta para amasar fortuna. Al igual que con nuestra clase política, que sólo ve el oficio como un mecanismo para el enriquecimiento personal, la medicina debería estar reservada para hombres y mujeres de buena voluntad que vean esa práctica como una maravillosa oportunidad de hacer el bien a cambio de la satisfacción. La única opción viable en el corto plazo consiste en que los gobiernos de todo el mundo asuman de manera eficiente su obligación de garantizarnos atención médica de primer nivel, para que nadie sea condenado a morir desangrado en un pasillo mientras le toca el turno de ser atendido por un burócratas resentido. Que los millonarios se trepen a sus jet y se vayan a Houston a procurarse salud, pero que los humildes tengan la opción de ser atendidos en hospitales públicos donde la atención sea similar o mejor a la de las clínicas privadas. Sin duda ese debe ser un reto para el secretario de Salud, Alfonso Petersen Farah. La medicina, como el periodismo, no deben ser fábricas de millonarios.

POSDATA. Pocos lo recuerdan hoy, pero fue uno de los políticos jaliscienses más longevos e influyentes del siglo pasado. Salvador Rizo Ayala murió ayer en Guadalajara y la vieja clase política del PRI se estremeció, acaso por la certeza de que muy pronto muchos de sus integrantes seguirán el mismo camino.

VOX POPULI. Enrique Alfaro también se sacude, aunque por motivos diferentes. Quien fuera su coordinador de campaña, Bernardo Fernández, anunció su decisión de irse a vivir al extranjero con toda su familia. Extraña decisión de un hombre que se encuentra en la antesala del poder sexenal. Lo dicho, hay cosas raras al interior del proyecto de Enrique Alfaro que no huelen bien.