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Miniestudio de gente “todo incluido”

La gente, sigo hablando muy en general, es cada vez más impertinente, más impaciente y menos tolerante. Y estamos hablando de un lugar de vacaciones donde se supone ellos no tienen prisa.

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Por Consuelo Elipe

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8 semanas trabajando en un hotel. Sin salir. Mucho trabajo, una experiencia muy diferente y para mí se ha convertido en una especie de estudio sociológico de cómo somos y como nos comportamos.

Viendo gente de muchos países, de diferentes edades, razas, religiones, gustos, aficiones, inclinaciones gastronómicas.

Hoy les voy a contar un poquito que cosas estoy viendo.

Para empezar, me doy cuenta de que cada vez me gusta menos la gente, así en general. De unas 500 personas que pueden estar aquí por semana, son unos 10 los que realmente recuerdo, o noto algún tipo de afinidad, simpatía y gusto cuando te los encuentras en un pasillo o un ascensor.

La gente, sigo hablando muy en general, es cada vez más impertinente, más impaciente y menos tolerante. Y estamos hablando de un lugar de vacaciones donde se supone ellos no tienen prisa.

Vamos al lado gastronómico. Alergias e intolerancias de todo tipo. Alergia a todo, especias, cosas del mar, hierbas, lácteos y así hasta el infinito. ¿De verdad todo el mundo es de repente alérgico? O ¿simplemente algo cae pesado, como toda la vida ha pasado y ya hay que decir que es una alergia?

Le añadimos las dietas, incapaces ni de acabar un maravilloso menú gourmet porque comer el postre va en contra de la dieta. ¿Tienes un chef top del mundo y tú no te comes más que un bocado del postre porque estas a dieta?

Tiempos de espera, esperar en vacaciones unos 12 minutos es suficiente para levantarte y no hacer el menú. ¿Qué tienes que hacer en un hotel en vacaciones además de cenar a gusto y sin prisa?

Vas al gimnasio y entonces te cruzas con toda la fauna cool del planeta. La que se filma haciendo abdominales para subirlo a las redes, la que llega en pantuflas porque se ve divina así en ropa de deporte con ellas, súper casual desde luego. Los que tienen ocupados 3 aparatos porque como pagan el hotel tienen derecho a todo, incluido ocupar lo que los demás pueden usar.

Y hablando de eso, tenemos los que bajan a la alberca a las 8 de la mañana, dejan un sombrero y apartan todos los camastros para no bajar hasta las 12 y usarlos 15 minutos.

Continuamos con los y las que cruzan la frontera a México, y en ese momento se les rompe el volumen por lo que hablan a gritos todas las vacaciones, comen a gritos, ríen a gritos, cenan a gritos y viven a gritos para alegría de todos los de alrededor.

Y como detalle inolvidable tengo el de la señora que bajó a cenar en bata de baño, ¡porque como paga el hotel tiene derecho a eso y más! Y es que claro ver cómo bajan muchos a hacer una cena con un chef Estrella Michelin es un poema. Cómo olvidar a esa mujer que cenó en chanclas de piscina, y para colmo, se las quitó toda la cena para que los de alrededor gozaran de la vista de sus pies que tenía encima del sillón.

Y es que estamos en un tiempo de gente insolente, que amenaza permanentemente con chantajes en las redes, y así tienen a los negocios con el temor de un mal comentario.

Qué pena que todos los hoteles, restaurantes y lugares de servicio no le echen valor y acaben con esta generación de tiranos sin educación. Pero para eso también la gente tendría que dejar de hacer caso a tanto comentario sin sentido de gente sin importancia.