Vino y gastronomía, oportunidad turística

Por Nacho Cadena

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Estuve de visita en un lugar, en un puerto, un destino del Pacífico mexicano, que por mucho que lo visité encuentro siempre algo nuevo, algo que te mueve las ganas de ser y de hacer, un encuentro en la belleza, la sabrosura, el aroma disfruté y también de la productividad y, por consecuencia, una alegría de gente noble, buena, bien educada y sonriente, nunca he visto en esa ciudad un automovilista que no permita el paso a un transeúnte, nunca alguien que se haya pasado la luz roja de un semáforo, o que obstruya un estacionamiento de minusválidos. Bueno hasta las motociclistas guardan el reglamento y las normas de buena conducta vial.

Ensenada es una región de Baja California y que sin entrar en precisiones históricas por más de un siglo se ha sembrado vid y procesado vino, hoy muy buenos vinos rusos, italianos, franceses, españoles, europeos del este, llegaron a establecerse y a sembrar, cosechar y transformar el fruto de la vid en ese elixir de los dioses que hoy llámanos vino; pero también por supuesto mexicanos, bajacalifornianos,  sonorenses y ahora reciente defeño se han convertido en los mejores agricultores, en lograr y transformados del jugo de la uva en el elixir.

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LA METAMORFOSIS

En Ensenada, el milagro consiste en que, partiendo de la elaboración del vino, la región se transformó, sin abandonar su origen en una productora y reproductora de alimentos vegetales y, sobre todo, de productos del mar y también de tierra firme.

Criadero de ostiones, almejas, langostas, abulón, caracol, criaderos y engorda de atún de gran calidad, y una diversidad de peces criados y controlados con la más sofisticada tecnología de punta; también vegetales de mar como la salicornia (espárrago de mar) el pepino marino (más animal que vegetal y las diversas variedades de algas frescas y deshidratadas).

El milagro empezó a funcionar: de la producción del vino nació la producción de alimentos y juntos ambos generaron riqueza nueva, una increíble y riquísima riqueza, la gastronomía, basada en las ya muchas variedades de uva, ya muchas bodegas elaboradas de vino, ya muchas y diversas etiquetas con varietales o ensambles fabulosos, sumado a la producción dela fruta del mar y otros de la tierra como el cordero, obligan a la creación de nuevas cocinas y convocan a la transformación de talentos, aprovechando el clima y las circunstancias formando lo que hoy encontramos como la cocina BAJAMED.

Esta empieza a brotar en los valles, junto a los viñedos y las bodegas, como en las lluvias los hongos del bosque, restaurantes de todos los tamaños, de todas las formas, con especialidades diversas, con formatos diferentes, con creadores sin generaciones comandados por capitanes y líderes de cocina como Diego, Javier, Benito y también otros talentos  y así vino, producción de alimentos y restauración de alta calidad, con liderazgos muy definidos abría una gran ventana al mundo del placer, del descanso, del entretenimiento, del encuentro de nuevas experiencias, de la diversión familiar, la nueva ventana al mundo maravilloso que conocemos como turismo. Ahora existe una nueva oportunidad la Ensenada, la industria hotelera que muda se queda en la cuidad y otra se implanta en el campo como pequeños hoteles boutique llenos de gracia y finura; comienza a diferenciarse a otros, más grandes, con nombres más conocidos y más internacionales.

En síntesis, es la historia de un pueblo feliz que supo evolucionar aprovechando sus ventajas competitivas, sus particularidades, sus fuentes y las ganas de sus poblados por trascender.

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PV, NUESTRA REALIDAD

Presenté hace años, desde el gobierno de Emilio González Márquez hasta el de Aristóteles Sandoval, pasando por los puntos intermedios, un plan estratégico de desarrollo económico y social de la región de Puerto Vallarta y a lo más lejos que he llegado es al fondo de un cajón, en el escritorio de alguien y cuando por fin logré que una persona entendiera el fondo y la razón, el resultado y del beneficio y se interesaría, pues ya en dos meses termina su gestión, y si bien me va aparecerá en alguna biblioteca elegante, gracias a Enrique de la Madrid por haberlo intentado.

En Ensenada, sin celos, sin envidias, sin temor al éxito, lo adoptaron y lo hicieron funcionar.

No pretendo decir que mi plan es perfecto, muchas faltas y fallas debe tener, pero entre varios, con amor y con pasión el final pudo ser diferente.

Por hoy es todo. Muchas gracias. Hasta el próximo viernes.