Los supercoordinadores, un superproblema

Por Luis Alberto Alcaraz

.

OJOS QUE NO VEN. Quien no quiera ver el enorme problema que se está generando Andrés Manuel López Obrador con su proyecto de imponer coordinadores estatales que suplan la figura de los delegados federales es porque carece de la mínima visión crítica de corto plazo. No hay duda en cuanto a las bondades de esta iniciativa desde el punto de vista de la política de austeridad que está impulsando el nuevo presidente, pero lo que es una idea genial podría contaminarse terriblemente y echar a perder las buenas intenciones. Hasta el día de hoy las delegaciones federales no sirven para gran cosa, salvo para premiar a amigos y familiares de los hombres del poder, incluso en casos como el de Jalisco algunas delegaciones sirvieron para acomodar a las amantes. En términos prácticos su trabajo es imperceptible en la mayoría de los casos, aunque los sueldos que reciben incluso pueden superar los 200 mil pesos mensuales. Desde ese punto de vista desaparecer a decenas de delegados federales para suplantarlos por un solo coordinador estatal parece en principio una excelente idea, aunque el aparato burocrático de cada delegación estatal se mantendrá prácticamente intacto, representando un enorme gasto para el gobierno federal a cambio de casi nada bueno para el ciudadano común.

EL ARRIBISMO POLÍTICO. La puerca tuerce el rabo cuando muchos de quienes han sido anunciados como futuros coordinadores estatales son políticos de tiempo completo que recientemente aspiraron a un cargo electoral, principalmente la gubernatura. Resulta imprudente, por decir lo menos, designar a Carlos Lomelí como coordinador federal en el estado de Jalisco con la consigna de ser un contrapeso para el gobernador Enrique Alfaro. Los antecedentes de la relación entre ambos nos aseguran que difícilmente habrá una buena relación entre ellos, sobre todo porque el propio Lomelí interpreta su futuro nombramiento como una vicepresidencia de la república para el estado de Jalisco, asegurando que Alfaro tendrá que entenderse con él si pretende llevar una buena relación con el gobierno federal. Algunos incluso presumen que los coordinadores vigilarán el gasto que harán los gobernadores de los recursos que les llegarán de la Federación, generando un profundo malestar entre los gobernadores que no están dispuestos a reconocer un intermediario político con el presidente de la república, rol que en caso de ser necesario es ejercido por los secretarios de Estado. Por eso, obligar a los gobernadores a sentarse a negociar con los gatos que designará López Obrador es efectivamente un atentado contra el pacto federal y una burla a los propios mandatarios.

INVENTANDO EL HILO NEGRO. López Obrador no requiere coordinadores estatales que fiscalicen la forma en que los gobernadores ejercen las participaciones federales. Para ello existe un robusto aparato dedicado de tiempo completo a esa labor. Cientos de burócratas presuntamente altamente calificados laboran cada día en la fiscalización de los estados y sus municipios, así que bastará con que se les de la clara instrucción de no proteger a nadie para que realicen un trabajo impecable y les corten las uñas a los gobernadores tranzas. Así que no hace falta empoderar a los 33 coordinadores estatales para garantizar un correcto uso de los recursos federales en los estados y sus municipios. El problema es que la gran mayoría, si no es que la totalidad, de quienes han sido presentados como futuros coordinadores, son aspirantes en potencia a la gubernatura de sus respectivos estados, como es el caso de Carlos Lomelí, en Jalisco, y Miguel Ángel Navarro Quintero, en Nayarit, lo cual generará que todo el trabajo que estos realicen estará ligado a sus proyectos políticos personales. Por ello, en lugar de 33 coordinadores estatales lo que tendremos será 33 precandidatos de Morena en abierta campaña por la gubernatura, algo que contraviene el espíritu de la Cuarta Transformación.

CUNA DE GRILLOS. El perfil de los futuros coordinadores y la beligerancia de algunos de ellos está provocando lo que parecía imposible: que los gobernadores comiencen a reagruparse y algunos de ellos incluso a amenazar con romper el pacto federal. Otros críticos advierten la necesidad de poner limitaciones a la figura del coordinador, como la de establecer en la ley que no podrán postularse a cargos de elección popular en determinado tiempo tras concluir su encargo. ¿Ustedes creen que Carlos Lomelí aceptará ser coordinador en Jalisco si la ley le prohíbe ser candidato a gobernador en el 2024? Por supuesto que no, porque la intención de AMLO al designarlo como su representante en Jalisco es empoderarlo como gobernador de facto para que rivalice con Enrique Alfaro en la aplicación de los recursos públicos. Por eso sería genial que AMLO aceptara esa propuesta de poner candados a los coordinadores, para que vea cuántos de sus candidatos aceptan de buena gana el sacrificio. Lo cierto es que la figura del coordinador estatal simplemente no existe en la ley por lo que habrá que modificar la Constitución para darle forma y establecer con claridad sus obligaciones y limitaciones. El problema es que AMLO no se muestra muy decidido a aceptar las sugerencias de sus críticos, pretendiendo imponer su criterio bajo la lógica de que él no se equivoca. Ya nos urge que llegue el 1 de diciembre, para que las buenas intenciones se conviertan en actos de gobierno concretos, con resultados y consecuencias.

POSDATA. Una balacera en el famoso centro comercial Punto Sao Paulo ocurrida la noche del pasado miércoles interrumpió una reunión de trabajo que sostenía el alcalde interino de Guadalajara Juan Enrique Ibarra Pedroza con el emecista Ismael del Toro y un magistrado. Reunión de trabajo, ¿así las llaman ahora a los comelitones de los políticos? Ojalá que la política de austeridad que impulsa López Obrador también emocione a políticos de otros partidos, para que sus “reuniones de trabajo” sostenidas en restaurantes de lujo ya no le cuesten al contribuyente decenas de miles de pesos.

VOX POPULI. Mientras la clase política de Jalisco se deshacía en elogios y buenos pensamientos para despedir al arquitecto Salvador Rizo Ayala, en las redes sociales un vallartense advertía que aún hay ecos “del atroz y depredador paso de Rizo Ayala por la delegación de la Secretaría de la Reforma Agraria en Jalisco”. Son las escasas ventajas de la muerte, que nos hace buenos a todos, merecedores del más encantador de los epitafios.