Uber, entre la legalidad y la inmoralidad

Por Luis Alberto Alcaraz

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UN MUNDO RARO. A mediados de julio tuve la suerte de vacacionar unos días en la Riviera Maya y mi primera intención al salir del aeropuerto de Cancún fue utilizar la aplicación para solicitar un Uber. El taxi cobra 900 pesos por un traslado de 50 kilómetros entre la terminal aérea y el hotel Vidanta, así que uno tiene la esperanza de que con Uber el costo sea mucho menor. Extrañamente la aplicación sólo respondía con un escueto mensaje: Lo sentimos, por el momento no estamos operando en esta zona”. Y es que gracias al contubernio de los empresarios del autotransporte con el gobernador, Carlos Joaquín González, el servicio de Uber fue cancelado en el estado de Quintana Roo con grandes posibilidades de que nunca regrese, pese a la enorme presión que ejercen distintos sectores de la sociedad. Siendo Cancún el principal destino turístico de México debe ser extraño para millones de turistas extranjeros llegar a la Riviera Maya y enterarse de que Uber no funciona, por lo que están obligados a pagar el transporte tradicional a un precio evidentemente más elevado. Aunque el taxi del aeropuerto cobra 900 pesos de la terminal a Vidanta, un taxi tradicional cobra 500 pesos por el recorrido inverso, cantidad que sigue muy por encima de la tarifa que aplicaba Uber. Por suerte para los taxistas tradicionales en Quintana Roo siguen imperando los cacicazgos tradicionales, lo que obstaculiza el retorno de Uber programado para el mes de septiembre.

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CONCECIONES POLÍTICAS. En Puerto Vallarta estamos en una etapa muy próxima a la que vive actualmente la Riviera Maya, con un Uber casi clandestino al borde de la parálisis. Como podrán recordar, Uber llegó a Puerto Vallarta contra todo pronóstico, ya que evidentemente afecta los intereses del transporte tradicional, un gremio que por desgracia se niega a la modernización y exige la exclusividad de su monopolio. Se entiende la postura de los taxistas amarillos –choferes liderados en Puerto Vallarta por Jaime Aguilar Mejía-, quienes en las últimas décadas han padecido la voracidad de los empresarios hoteleros que han encontrado la forma de movilizar a sus huéspedes reduciendo la ganancia a los taxistas amarillos. Al parecer la decisión de algunos políticos de invertir en Uber fue lo que hizo posible que esta plataforma iniciara operaciones con normalidad en la Zona Metropolitana de Guadalajara y posteriormente se extendiera a Puerto Vallarta, donde desde el primer día fue manifiesta la oposición de los taxistas tradicionales. Gracias a un amparo federal Uber logró operar con regularidad en Puerto Vallarta durante algunos meses, sin que ello haya logrado que los taxistas amarillos se resignaran a la competencia que la plataforma les implica. La cercanía del proceso electoral pasado obligó a los protagonistas a asumir costos y compromisos, sellando la suerte de Uber en Puerto Vallarta. La creencia de que los taxistas representan una potencia electoral animó a los políticos a buscar la forma de quedar bien con ellos, dando la espalda a cientos de miles de usuarios de la región.

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CONTAMINACIÓN POLÍTICA. Un acuerdo cupular entre el gobierno de Jalisco y los sindicatos del autotransporte provocó que se endurecieran las medidas en contra de Uber en Puerto Vallarta, una vez que se venció el amparo y la plataforma quedó a merced de los intereses políticos. Obligado por la ley estatal –vigilada rigurosamente por el secretario de Movilidad, Servando Sepúlveda Enríquez-, el Ayuntamiento de Puerto Vallarta se sumó al operativo en contra de Uber, procediendo a la detención de decenas de vehículos, generando un caos y provocando un alza inevitable de las tarifas. Convencidos de su rentabilidad electoral, los taxistas amarillos buscaron presionar a los candidatos con mayores posibilidades de triunfo, consiguiendo el apoyo de parte de Arturo Dávalos, quien en sintonía con la instrucción estatal avaló la arremetida en contra de Uber, sin que a cambio hubiera tenido que pagar un costo político, ya que cerca de 50 mil vallartenses le otorgaron su voto. Y es que la sociedad vallartense es muy buena para criticar en las redes sociales pero a la hora de actuar prefiere mantenerse en su zona de confort. Gracias a eso Puerto Vallarta podría quedarse sin el servicio de Uber en el corto plazo, ya que la ley de Movilidad establece claramente que para operar en el interior de Jalisco las plataformas como Uber primero deben registrarse en Guadalajara y esperar un lapso de dos años. Reticentes a acatar los ordenamientos políticos, los directivos internacionales de Uber estiran la liga y con ello alargan los plazos.

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UNA SOCIEDAD MENOR DE EDAD. Aunque de dientes para afuera muchos taxistas presumen no estar preocupados por la competencia, en la práctica prefieren enarbolar el garrote para defender su monopolio. Por su parte Uber se escuda en los derechos universales que tenemos como ciudadanos a elegir libremente el servicio de transporte que más nos convenga. Por eso Uber se niega a cumplir con ordenamientos que ciertamente parecen ridículos, como el de limitar el número de unidades en Puerto Vallarta, que al parecer supera fácilmente los 2 mil. A nivel Jalisco se habla de 33 mil socios conductores. Mientras que los políticos han buscado la forma de contener el número de permisos para taxis amarillos, en Uber la cantidad de conductores es ilimitada, ya que a la plataforma le da lo mismo que sean 500 o 5 mil los llamados socios conductores, porque al fin de cuenta sus ingresos se mantendrán fijos, aunque a mayor número de conductores la ganancia per cápita será menor. Eso ha provocado que en el corto tiempo que Uber lleva operando en Puerto Vallarta su servicio no sea tan bueno como al inicio, incluso las tarifas son a veces tan caras que sale más barato tomar un taxi tradicional. También vemos en conductores Uber algunos vicios de los taxistas tradicionales, como vehículos sin aire acondicionado, con vidrios polarizados y con música estridente. Hace unos meses intenté tomar un Uber en la Francisco Villa pero por falta de unidades resultó imposible, al final tomé un taxi amarillo que me cobró prácticamente lo mismo que me cobraría el Uber.

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POSDATA. Por supuesto que como sociedad merecemos los mismos servicios que los habitantes de cualquier ciudad del mundo, por desgracia cada país tiene su propia reglamentación en materia de transporte. En México el servicio de taxis es un monopolio que poco a poco se ha ido rompiendo en ciudades como la CDMX y Guadalajara, pero que sigue firme en estados como Quintana Roo. Por desgracia somos una sociedad desarticulada, sin capacidad para organizarnos en defensa de nuestros intereses, lo que nos deja a merced de los grupos políticos que sólo velan por sus cotos de poder.

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VOX POPULI. Es un hecho que en países como Japón el servicio de Uber finalmente no operó porque simplemente el transporte tradicional es muy bueno, con 50 mil unidades tan solo en la capital Tokio. Ante la amenaza de Uber, los taxistas de Tokio habilitaron una aplicación que permite a los usuarios conectarse con 6,500 taxistas en el centro de la ciudad. Otros países como España, Canadá, Brasil, Alemania, India, China y Francia han obstaculizado terriblemente la operación de Uber en su territorio, respondiendo con un servicio de taxis altamente competitivo. Para que los vallartenses renunciemos a Uber es necesario que los taxistas amarillos se modernicen y nos brinden un servicio de calidad, algo que por desgracia no se ve posible en el corto plazo.