El juego de los pensamientos imposibles

Por Nacho Cadena

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Teníamos exactamente una hora y cuarto. Era el tiempo-carretera que nos llevaría hasta llegar de nuestro origen a nuestro destino; eran exactamente las 7:40 de la noche, por cierto, las 8:40, hora del centro; es decir estábamos disfrutando una hora exacta de juventud o por lo menos más jóvenes que el día anterior.

Acabábamos de vivir una experiencia, un “performance” de ese que solo la naturaleza sabe actuar. Un paño de mar envuelto en montaña, más bien cerros de color rojizo, en forma de picos, todos terminando en su cumbre con unas esculturas gigantescas de piedra semejando la cresta de los gallos. Uno en particular tiene una forma excepcional, semeja con claridad la ubre de una cabra, lleva por nombre el cerro Tetakaui que según los moradores de la zona quiere decir Tetas de Cabra.

En el mar tranquilo acomodados como cigarrillos en su cajetilla, barcos y barquitos de todas formas y colores, predominando los blancos con lonas azules. De pronto aquello que hacia arriba era la región más transparente del aire, empezó a cambiar de color conforme el sol se iba acercando al Tetas de Cabra, en menos que te platico la atmósfera, la tierra, el agua del mar, los barcos, las piedras, la arena, las personas, todos se vistieron de color dorado, impresionante, el mundo era de oro, ahí empezó el performance de sonidos y colores… el ruido era el sonido del silencio y los colores minuto a minuto se fueron transformando del dorado al amarillo, del amarillo al azul claro, del azul al lila y hasta al naranja y al rojo; lo de abajo volvió a su color normal, la tierra, la arena, las casas, los barcos, la gente adquirió los colores que les corresponden y el cielo abandonó el azul para convertirse todo -dije todo- en rojo. De pronto se bajó el telón, el escenario completo obscureció. Los espectadores guardamos silencio, callamos y cada quien, yo creo, sacó sus propias conclusiones. Recogimos las pocas pertenencias, un maletín negro, papeles, dos cuadernos, un libro de diseño y otro de cocina, unos zapatos tenis y unos mocasines blancos, archivamos todo en una mochila y nos montamos en el vehículo plateado que a esas horas nos conduciría al destino. Solamente las luces de los coches en sentido contrario rompían el silencio que habitaba en el interior de aquel coche con diseño modernista; de pronto la presencia de la luna obligó a iniciar el diálogo. El me llamaba por mi nombre y yo me dirigía a él con mi mismo nombre, no pienses que era un diálogo entre yo y yo, no, lo que pasa es que el que conducía fue bautizado también con el mismo nombre que llevo yo y también en vida, respondían a él, mi padre y a mi abuelo.

La luna nos condujo a los dos Nachos a un juego divertido, que por lo visto los dos ya habíamos jugado y empezamos a platicar del regocijo, la felicidad que se tiene cuando te das el tiempo a imaginarte cosas difíciles de imaginar, descubrir temas, mejor dicho, intentar, que son difíciles de comprender, buscar verdades donde la mente no tiene acceso. La luna nos llevó a hablar del firmamento, de los astros, de las estrellas, de los espacios siderales, de las distancias, de la velocidad, de lo visible o lo invisible, del más allá de lo conocido. Platicamos de la bóveda celeste que desde el interior del coche plateado se veía inmensa e interminable. Platicamos de por qué no le arrancábamos a la vida diaria más momentos para pensar imposibles, para tratar de alcanzar lo inalcanzable y comprender lo incomprensible; lo divertido que era fantasear.

Brincamos del firmamento a la creación. Él se preguntaba cómo de un espermatozoide y un óvulo pudiera salir un ser que tuviera facultades como la creatividad, la imaginación, la sensibilidad, la capacidad de amar, también la capacidad de odiar, de admirar, de emocionarse. El por qué los hombres, los humanos pues, sabemos reír y reímos y sabemos llorar y lloramos. Sabemos amar y entregamos a causas buenas, porqué tenemos sentimientos, porqué somos diferentes. Porqué, porqué, y porqué, la palabra mágica de los sabios y los científicos.

Nos divertíamos en el camino, jugando a la imaginación y a la diversión de buscar y no encontrar, pero en el entre tanto vas descubriendo cosas que te llenan de gusto. Total, no pierdes nada en intentar. Es un poco como la felicidad, en la vida hay que buscarla, hay que poner los medios para lograrla y ya con eso en cierta forma es alcanzarla. La mayor felicidad es la búsqueda de la propia felicidad.

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JUGUEMOS UN JUEGO DE LA VIDA REAL

Me parece que pudiera ser un buen ejercicio que tratáramos de imaginar cual será el futuro de nuestro querido México, en estos momentos en que aparecen noticias todos los días y en todas direcciones, donde encontramos declaraciones de unos y otros, donde los llamados analistas políticos presentan sus propias versiones de lo que ha pasado, de lo que está pasando y de lo que pasará en el futuro.

Repito, sería muy conveniente que cada uno de nosotros se metiera en este juego de la imaginación para tratar de leer, entre líneas, lo que sucede en la vida diaria y cómo puede presentarse el futuro en lo bueno y en lo malo. El mayor valor de este juego probablemente sería que encontráramos cada uno de nosotros nuestro lugar, nuestra posición, nuestras acciones probables, nuestra participación personal, para que este juego de la imaginación tenga resultados positivos para todos.

No podemos olvidar que dentro de los grandes movimientos y sucesos en el México presente y en el México del futuro próximo, no lleguemos a estar ausentes en nuestro compromiso personal. Estaremos convencidos que lo que viene no pertenece solamente a los demás, ni será el compromiso único de terceros, sino que será el resultado de las acciones conjuntas y del posicionamiento de cada uno de los ciudadanos.

No podemos negar que en el ambiente se perciben cosas inciertas, pero tampoco podemos negar qué oportunidades vendrán, después de la tormenta viene la calma y esa calma debemos potenciarla a que se convierta en grandes oportunidades para todos.

Es tiempo de pensar, es tiempo de idear, pero, sobre todo, es tiempo de hacer. La vida sigue adelante.

Por hoy fue todo, muchas gracias. Hasta el próximo viernes.