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¿Cómo voy a escalar esa montaña?

Por: C.P.C. y M.I. José Mario Rizo Rivas

Las grandes obras son hechas no con la fuerza, sino con la perseverancia.
  – Samuel Johnson

Planes, ideas y resultados que no se culminan en el corto plazo atiborran la dinámica del mundo empresarial. Tener la capacidad de persistir en los objetivos es la diferencia entre un negocio condenado al fracaso y un proyecto destinado a la trascendencia.

El camino a nuestras metas está plagado de grandes retos, trabajo duro y perseverancia. Si bien, ser un empresario profesional es una suerte de carácter que se tonifica con la experiencia que brindan los años, en pocas ocasiones se repara en el hecho de que una formación empresarial efectiva requiere de disciplina.

Valdría la pena tomar un papel y revisar cuántos de nuestros propósitos estamos cumpliendo. ¿Con qué nos encontramos?, ¿proyecciones inconclusas?, ¿planeaciones sin iniciar? Ante los vacíos de productividad, la desidia encuentra un espacio para asentarse.

Existe una guía efectiva para construirse una práctica tenaz de la capacidad de desarrollarse en la perseverancia empresarial:

  1. El valor de las letras

Escribir es una herramienta contra la desidia. En lugar de poner atención en el futuro o describir tus objetivos, redacta lo que actualmente haces con tu tiempo, es decir, un diario de actividades. Con la información por escrito, confronta, discrimina y establece las prioridades que demanda el proyecto. Ya sabes lo que dicen: todo lo que no se mide no se puede mejorar.

  1. La importancia de los recursos disponibles

Cualquier meta que emprendas debe de estar acompañada del reconocimiento de las herramientas que se requieren para conseguirla, e identificar qué elementos carecemos para alcanzarla. Luego, si es necesario, ajusta los plazos o la estructura del proyecto original.

  1. El arte de desglosar

No importa lo que sea que te propongas, escribir un libro o escalar una montaña; la clave para materializar tu meta es dividirla en partes manejables, y luego, realizarlas una a la vez, cumpliendo con un calendario previsto que considere tiempo realistas.

  1.    Actúa para el presente

Enfócate en concretar lo que está frente a ti. Paralelamente a tus actividades en una organización, acontecen una serie de sucesos, pero, para ejercer tus acciones, debes despojarte momentáneamente de lo que está alrededor. Si la estructura de la empresa lo permite, la delegación de funciones es una herramienta factible.

  1. Persevera con sentido común

No hay que confundir la perseverancia con la terquedad, hay que tener la sabiduría para reconocer cuando hemos errado el camino y la fortaleza para enderezarnos. La tenacidad  también implica el análisis objetivo de las condiciones de un contexto o las capacidades propias.

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“Nunca se rindan”

Entre sus pasajes, la Segunda Guerra Mundial resguarda una de las mayores demostraciones de perseverancia. Mientras Adolfo Hitler mantenía el dominio sobre Europa, Inglaterra oponía la más dura resistencia, y su Primer Ministro, Winston Churchill, se concentraba en seguir proyectando fuerza para el pueblo británico. El 29 de octubre de 1941 Churchill llegó a Harrow School, su antigua escuela. Las palabras que salieron del Primer Ministro se escucharon en la comunidad, pero aún resuenan en la historia:

“Nunca se rindan, nunca cedan, nunca, nunca, nunca, en nada grande o pequeño, nunca cedan salvo por las convicciones del honor y el buen sentido. Nunca cedan a la fuerza; nunca cedan al aparentemente abrumador poderío del enemigo”, pronunció.

Sólo el que está dispuesto a no dejarse vencer y el que se levanta después de cada caída, es quien llegará al éxito. Levantar una empresa, hacerla rentable y conseguir que trascienda a través de las generaciones es también una proeza formidable. La perseverancia parte de la convicción de que no hay proyecto ambicioso que sea fácil, pero hay que perseverar con inteligencia, con disciplina, con estrategia, así, tendrás mejores herramientas para escalar esta montaña que te propones conquistar.