Gente PVSer Vallartense

Sexualidad humana 1/20

El ejercicio de la sexualidad humana (esexh) ha sido desde el principio de los tiempos de nuestra especie, una fuerza poderosa capaz de aglutinar o desagregar grupos.

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El Gentil Expatriado
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[…] tu talle es el de las palmeras. Tus pechos son los frutos. Me dije, subiré a la palmera, comeré sus frutos […]. Cantar de los Cantares 7:8. Biblia de Jerusalem, 1976.

El ejercicio de la sexualidad humana (esexh) ha sido desde el principio de los tiempos de nuestra especie, una fuerza poderosa capaz de aglutinar o desagregar grupos. De manera inherente, esa práctica debería estar en el rango más alto de los derechos humanos y ser inalienable. Pero no es así. El Estado y la Iglesia han mancomunado fuerzas con organizaciones civiles y gubernamentales, corporativas transnacionales, voluntarios de todas las tendencias ideológicas, jefes de familias y hasta ancianas sin quehacer, es decir, la sociedad en forma colectiva, para declarar una guerra de todos contra todos para vulnerar e intervenir la privacidad del esexh. Hoy por hoy y desde tiempos inmemoriales, cualquiera se cree facultado para opinar, aconsejar, intervenir y cuestionar el comportamiento íntimo de los demás. En todos los países y tiempos, se han creado leyes punitivas que intentan regular la conducta de los individuos en cuestiones sexuales.

Las principales religiones del mundo han diseñado castigos divinos para quienes transgredan lo que alguien ha pensado que debe ser una conducta idónea en el esexh. Cárcel, estigmatización, lapidación y diversas clases de ejecuciones crueles y vergonzosas –en el México antiguo una mujer infiel era condenada a una muerte pública, clavada en una estaca que la atravesaba desde la vagina hasta la garganta–, excomunión y, entre varios otros, condenación eterna, se han practicado a lo largo y ancho de todo el mundo desde épocas antiguas y hasta el presente.

El hombre –i.e. el género masculino–, avalado por mujeres de una visión parcial y estrecha, cuentan con toda clase de instrumentos legales –el matrimonio encabeza la lista–, filosóficos, éticos y morales en el afán de normar el esexh. Empero, lo que en verdad subyace detrás de este afán que raya en un cuasi delirium tremens, no es la moral en sí misma; tampoco es una búsqueda de bienestar colectivo; ni mucho menos la felicidad eterna después de la muerte. ¡No, no, no, no, no! El verdadero objetivo que nunca se dice ni jamás será usado en forma de estandarte, es tener el control de dos características femeninas que en verdad son propela y fuente que sostiene la economía global. Las mujeres son fuente de progreso, desarrollo, bienestar, harmonía y paz de todos los pueblos de la Tierra; y son portadoras de la capacidad de generar vida nueva y placer erótico, éste, miles de veces superior a cualquier otro–las drogas sintéticas reemplazan de muchas maneras el placer erótico e inhiben el deseo sexual–.

El esexh está inmerso en características únicas con respecto al resto de los organismos que habitan nuestra Nave Espacial la Tierra. Son esos rasgos distintivos, diseño genético formidable moldeado por la cultura, lo que ha hecho que cada ser humano pasado, presente y futuro tenga interés en el esexh. En la siguiente entrega comenzaré por desglosar el primer rasgo distintivo.