Gente PVRed Interna

Cofradía

Hoy en día somos 24 cofrades activos quienes departimos en franca y sincera amistad.

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Por Humberto Famanía Ortega

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Hace algunos ayeres un grupo de vallartenses nos reuníamos a compartir los tragos, anécdotas, alimentos, pero sobre todo melodías, y algunas veces poesía en el restaurante El Dorado todos los viernes de cada semana, lo logramos por más de 30 años. Eran grandes encuentros, el ambiente que se vivía era de camaradería, muchas de las veces se compartían tristezas que se mitigaban con alegría, con la solidaridad de todos sus integrantes.

Dichos integrantes invitaban siempre a estar felices frente a la playa de Los Muertos, rodeados de su bello mar con su brisa y atardeceres nos convertían en verdaderos románticos, el cofrade mayor el Dr. Adolfo Mariscal siempre nos recordaba de la asistencia a la convivencia deleitándonos con su voz y acordes de su inseparable guitarra.

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Encuentros inolvidables

Cómo no recordar a grandes e inolvidables amigos que ahora se encuentran en el más allá, con todo respeto nos recordaban de sus amenas charlas e increíbles aventuras por la vida. Logramos ser reconocidos por propios y extraños por el extraordinario ambiente que desarrollábamos, al grado que recibimos visitas de otros lugares de la república y otros países. Mariachis, tríos, bandas, desfilaban por nuestra mesa, al grado que nos invitaban a cantar y no lo hacíamos tan mal.

Siempre alegres y dispuestos a seguir la pachanga en las discotecas, bares, y centros nocturnos como el famoso Mariachi Loco, nos distinguía el ser buenos anfitriones, nos convertíamos en verdaderos promotores de nuestro destino turístico al mostrar que sí entregamos el corazón en la mano.

Cuando contemplábamos que el sol se ocultaba, hacíamos un brindis a la vida, en honor a la verdad, en agradecimiento al Creador por esas enormes maravillas que nos regalaba. Qué dicha el haber pertenecido a este grupo de extraordinarias personas que con su compañía nos hacía obtener nuevo vigor para seguir luchando por ser mejores, había ocasiones en que la ayuda era reciproca en caso de necesitarla.

Los onomásticos eran celebrados con emoción, y de ahí se derivaban las invitaciones de los festejados para acompañarlos en su celebración. Qué belleza el evocar a esos grandes momentos que siguen clavados en el corazón de algunos que seguimos reuniéndonos para seguir la tradición en otro lugar.

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Camaradería vigente

Hoy en día somos 24 cofrades activos, siendo tres anfitriones quienes ofrecen la comida, nos vamos turnando, también se involucran los invitados especiales. Es de reconocerle al cofrade mayor al Capitán de Altura Rafael Jácome Oropeza, quien gracias a su entusiasmo, tenacidad y disciplina las reuniones resultan ser amenas.

Me siento orgulloso de ser uno de los fundadores, cuando iniciamos empezamos con reuniones semanales, ahora son mensuales a raíz de nuestra edad y condiciones físicas. Contamos con reglas internas que nos hacen trabajar como un verdadero equipo, donde la amistad es el elemento principal que nos hace ser más fuertes, ya que esta palabra mágica nos cohesiona y brinda fortaleza.

Al pasar el tiempo fuimos innovando estos eventos mensuales y resultó en poner un nombre a nuestro club y por unanimidad definimos varias categorías de cofrades; los corsarios, piratas, bucaneros y filibusteros analizando cada concepto y cada quien eligieron un nombre con la libertad que se estila. Cuando estamos en las reuniones cada grupo anfitrión se organiza con el mantenimiento, comida y ambientación del mismo recinto, contamos algunas veces con música viva o ambiental para amenizar el tiempo de convivencia, algunos tocan algunos instrumentos y cantan amenizando una hermosa tarde.

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Fraterna amistad

Algo que caracteriza a este grupo de amigos es la solidaridad entre todos, el respeto que nos hace sentir armonía dándonos la libertad de expresarnos cuidando no herir a nadie e involucrar a todos en las pláticas que muchas de las veces resultan muy Interesantes tratando de vivir este tiempo con generosidad, dejando a un lado egoísmos.

La edad fluctúa entre los 40 y 75 años. Me he puesto a pensar en muchas ocasiones que el hombre vive en un mundo irreal, ya sea por sus fantasías, o por perderse en un mundo cibernético, con cientos de amigos pero sin relaciones reales, esto es parte de lo que tratamos de evitar a través del diálogo permanente.

Otras veces se vive preocupado por un futuro que no ha llegado, o agobiado por el pasado que no se puede superar. Comprendo muy bien que el tener sueños o deseos de superarse en la vida nos es malo; por querer disfrutar en otro lado, con otra gente, en otra situación, la verdad no se disfruta el momento presente, es en esta forma que todos los cofrades tratamos de siempre estar felices compartiendo en forma activa con todos nuestras vivencias. Estoy seguro que solamente interactuando con un grupo de amigos de una forma sincera, debemos actuar con prontitud para no condenar a la sociedad a su destrucción, dejando campo abierto a los malos, son los tiempos de encontrarnos unos a otros.

El tomarse un tiempo libre para convivir es esencial para renovarnos de energía; dejemos a un lado el hecho de querer hacer las cosas de inmediato, ya que nos contagiamos de lo instantáneo, lo desechable, lo espectacular, lo nuevo, o aquello que toma tiempo en su realización y que no produce o genera utilidad o ganancia económica por eso se desprecia. Lo que es cierto que una sana rutina y los buenos hábitos dan seguridad y confianza en lo que se planee como objetivo principal.

Las cofradías cuando se erigen como grupo compacto dan muy buenos resultados, el cambio constante de rutina con la pretensión  de ser creativo o de integrar la novedad a sus vidas conlleva un halo de seguridad en nuestras vidas.

-. Es cierto que una inteligencia sin práctica es ideología, una práctica sin inteligencia es fanatismo. Solamente una inteligencia con practica y una práctica inteligente dan razón a la integridad, abarca todas las dimensiones de la persona y por ende al reconocimiento de la Fe hacia nuestro Creador.-