Cuidar del bien esencial del agua en beneficio de todos

La tierra provee lo suficiente para saciar las necesidades de cada hombre, pero no la avaricia de cada hombre.
– Mahatma Gandhi.

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Por Mtro. Luis Ignacio Zúñiga Bobadilla
luis.zuniga@univa.mx

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En su mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial  de Oración por el Cuidado de la Creación el pasado 1 de septiembre de 2018, expresó su agradecimiento al “Señor por el don de la casa común y por todos los hombres de buena voluntad que están comprometidos en custodiarla”. Así también expresó su beneplácito por todos aquellos proyectos encaminados a promover el estudio y la tutela de los ecosistemas, los esfuerzos orientados al desarrollo de una agricultura más sostenible y una alimentación más responsable; aquí también hizo énfasis para reconocer a las diversas instituciones educativas, espirituales y litúrgicas en el que destaca la participación de cristianos de todo el mundo en el cuidado de la creación; la cuál señala que no hemos sabido custodiar con responsabilidad dado el deterioro que venimos enfrentando en diferentes ámbitos como la contaminación de las aguas, el uso irracional de los recursos, entre otros tantos más  que han llevado al deterioro de nuestro ecosistema y que hoy se reconoce en aspectos como el calentamiento global.

Asevera el Santo Padre que la situación ambiental, tanto a nivel global como en muchos lugares concretos, no es satisfactoria, por ello es que  plantea la necesidad de una renovada y sana relación entre la humanidad y la creación, con la convicción de que solo una visión auténtica e integral del hombre  permitirá asumir mejor el cuidado de nuestro planeta en beneficio de la generación actual y futura; como lo refiere en Carta encíclica Laudato si “no hay ecología sin una adecuada antropología”.

Particularmente en esta Jornada Mundial de Oración por el cuidado de la creación, hace un llamado de atención sobre la cuestión del agua, al que refiere como “un elemento tan sencillo y precioso, cuyo acceso para muchos es lamentablemente difícil si no imposible”, no obstante que se trata de un derecho humano básico, fundamental y universal, que determina la sobrevivencia de las personas, y por tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos.

Los altos índices de pobreza y marginación agrava la deuda social con los pobres que carecen del acceso al agua potable, porque, señala el Papa Francisco en la encíclica antes referida, que “eso es negarles el derecho a la vida radicado en su dignidad inalienable”.

Al igual que la Iglesia Católica celebra desde hace algunos años la Jornada Mundial  de Oración por el Cuidado de la Creación, lo hacen  hermanos y hermanas ortodoxos con adhesión de otras Iglesias y Comunidades cristianas.

Invita el Santo Padre Francisco  a reflexionar sobre nuestros orígenes, refiriendo que el cuerpo humano está compuesto en su mayor parte de agua y también  muchas civilizaciones en la historia han surgido en las proximidades de grandes cursos de agua que han marcado su identidad y han permitido su subsistencia y desarrollo; y hace referencia a la imagen usada al comienzo del Libro del Génesis, que señala “en el principio el espíritu del Creador se cernía sobre la faz de las aguas(1,2)”, en una clara aseveración de la constitución de nuestro planeta por una gran masa de agua, por lo que representa un papel fundamental en la creación y en el desarrollo humano.

Precisamente por esto, cuidar las fuentes y las cuencas hidrográficas lo establece como un imperativo urgente y no solo pensando en lo inmediato sino viendo por las generaciones futuras y superando lo que denomina el Papa como “un criterio utilitarista de eficiencia y productividad para el beneficio individual”.

Habla de proyectos integrales y de resultados concretos, teniendo en cuenta que es inaceptable cualquier privatización del bien natural del agua que vaya en detrimento del derecho humano de acceso a ella y a través de diversos pasajes de la Biblia, hace referencia a la relevancia del agua que señala como “elemento esencial de purificación y de vida. Dar de beber, en la aldea global, no solo supone realizar gestos personales de caridad, sino opciones concretas y un compromiso constante para garantizar a todos el bien primario del agua”.

En su exhortación señala que custodiar cada día este bien valioso representa hoy una responsabilidad ineludible, un verdadero y auténtico desafío pero lamentablemente, muchos esfuerzos se diluyen ante la falta de normas y controles eficaces, especialmente en lo que respecta a la protección de las áreas marinas más allá de las fronteras nacionales.

Tal es el caso del deterioro de los mares y los océanos que se encuentran llenos de plástico flotante y de residuos contaminantes producto de fábricas que de forma irresponsable los vierten a las aguas de forma directa.

En la conclusión de su mensaje el Papa Francisco invita a rezar para “que las aguas no sean signo de separación entre los pueblos, sino signo de encuentro para la comunidad humana” también invita a hacerlo  por aquellos que arriesgan la vida sobre las olas buscando un futuro mejor; a quienes participan en la política en defensa de cuestiones vinculadas a la migración, el cambio climático,  al derecho de todos a disfrutar de los bienes primarios para que los enfrenten con responsabilidad, previsión, mirando al mañana, con generosidad y espíritu de colaboración, sobre todo entre los países que tienen mayores posibilidades.

Finalmente, hace un llamado a las jóvenes generaciones para que crezcan en el conocimiento y en el respeto de nuestro planeta y con el deseo de cuidar del bien esencial del agua en beneficio de todos.

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(*) Director de la Univa-PV.