Hodie Evangelium

Por Dr. en derecho Miguel Ángel Rodríguez Herrera

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Por institución debe entenderse por toda organización humana establecida y que forma una estructura. Desde luego las instituciones tienen diferentes fines que para eso sirven. Están formadas por seres humanos afectos a esos fines. Éstos deben de reunir ciertos y cuales requisitos para ser aceptados en ellas. Sin embargo, pocos, muchos o ninguno están convencidos de la bondad de esos fines y de los medios que se utilizan para llegar a ellos. Su único interés de permanecer en esas estructuras sociales es el interés económico para poder sobrevivir, es todo.

Los pequeños y pusilánimes burgueses de hoy se olvidan de dos fines importantísimos que deben ser objeto prioritario de toda institución, a saber: dar ayuda al que la necesita y no dañar. Lo demás, como bien lo decía el teólogo Santiago, “bien puede valer madre”. Los protocolos, los instrumentos y todos los implementos que se usen como medios de fines no son tan importantes como esos dos fines. En el aspecto religioso que nos anuncia el Evangelio del domingo pasado Jesús nos da claramente la respuesta que como ya se dijo es la de ayudar y no dañar (“DEJÁIS A UN LADO EL MANDAMIENTO DE DIOS PARA AFERRAROS A LA TRADICIÓN DE LOS HOMBRES”).

Toda organización humana debe cumplir con esos dos fines y si no lo hace de nada sirve. Para ello los seres humanos que la componen deben estar convencidos de esos fines como buenos. El mismo Adolf Hitler, sí, ese “asesino” denigrado por los dueños del dinero mundial, en su Mein Kampt dice: “Una agrupación así no merece la victoria. La victoria sòlo pertenece a los fuertes y a los convencidos a los que luchan con fanatismo por el triunfo de sus ideas.”

El mensaje de Jesús es claro: es necesario que el hombre esté convencido de que sólo la ayuda fraterna y el no daño a los demás son los dos elementos que formarán el Reino de Dios.