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“Vallarta está en vías de generar una buena tradición teatral”

Por Miguel Ángel Ocaña Reyes

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Nació en la ciudad de México en 1974. Es actor, director de escena y dramaturgo. Entre sus maestros se cuentan Jesús González Dávila, Alejandro Licona, Gustavo Ott y Paco Bezerra. Fue becario como autor residente del Lee Strasberg’s Theatre and Film Institute de Hollywood.

Fundó su compañía teatral ¡Eureka! Arte y Producción en 1990, con la que produce regularmente desde Puerto Vallarta. Organizó el Festival Cultural Tlatelolco y el 68 en la ciudad de México en 2003 y en Puerto Vallarta fue director artístico del Festival Cuale, 2010. En 2007 obtuvo una mención de honor en el Premio Nacional de Dramaturgia Gerardo Mancebo del Castillo por su obra Killer Queen (Teatro de La Gruta VII, Tierra Adentro, 2008). Con ¡Tengo un arma! ganó el Primer Concurso Nacional de Monólogos convocado por el Instituto Coahuilense de Cultura y Paso de gato en 2004.

Actualmente Alberto Sosa trabaja en la obra Quiler Cuin, que presentará en el Teatro Vallarta el próximo 14 de septiembre en punto de las 20 horas luego de una exitosa serie de presentaciones en el Teatro Julio Castillo de Bellas Artes. En entrevista comparte su visión del arte escénico vallartense.

¿Qué te motivó a dedicarte al arte escénico?

Fue algo que me encontré básicamente en la secundaria, fue una tarea por equipos, y ya tenía la idea, pero el día que ya prendió más este rollo fue cuando nos encargaron hacer una obra de teatro clásico para la clase de español, y entonces vi a una chava de otro equipo como poseída, pegando gritos y toda la cosa, tenía una energía muy fuera de lo común que yo no había visto en otro lado, yo dije, “ah caray”, qué onda con esta chica, pero como yo traía la onda de que me gustaba la actuación desde la primaria, pensé en no quedarme atrás, entonces me tocó hacer Otelo y me aventé la adaptación en 10 cuartillas, dirigí a todos los chavos, digamos que fue mi primer ejercicio de dirección, fue entonces que realmente me enganché y pensé que no era tan malo para esto…

¿Se te dio de manera natural?

Sí, de alguna manera, fue casi todo por intuición en ese momento, y de los detalles que a mí me marcaron mucho, fue la indecisión, porque un día yo quería ser médico, otro quería ser científico, otro día deportista, y al otro súper héroe, y como no sabía qué hacer, un día me encontré con la actuación y entendí que trabajando como actor podía hacer lo que yo quisiera, cuando yo quisiera, no es tan cierto, pero bueno.

¿Cómo te inicias en el teatro formalmente?

Formalmente comencé en el bachillerato, yo fui estudiante de la Vocacional, fui Burro y ahí en el taller de teatro fue muy extraño porque yo era el único estudiante entonces el maestro me preguntaba ¿qué hacemos?, y estaba desesperado, porque ya ves que cuando un taller no funciona los cambian o los quitan, entonces se le ocurrió presentarme el proyecto de un monólogo que se llama Volver a decir el mar, es un monólogo que habla de un joven, que yo tenía esa edad en ese entonces, 13 o 14 años, que embaraza a su novia, se escapan de su casa y no saben qué hacer, y empecé a hacer el monólogo y gustó bastante, ahí fue cuando yo empecé a tomar la actuación y el teatro de manera más formal y empecé a identificar que ya tenía mucha empatía con el público, que había esa conexión.

¿Qué te trae a Puerto Vallarta?

El teatro, curiosamente, yo vine a Puerto Vallarta porque a pesar  de que acababa de ganar un premio nacional en ese momento con una obra que escribí, que se llama Tengo un arma, me aventé como un año tratando de levantar el proyecto, con muchos actores, porque es un monólogo, hablé con gente como Carlos Cobos, Héctor Suárez, Héctor Bonilla, montones de actores que tratando de contactar porque ese es el primer monólogo que recibe un premio de estas características en la literatura, entonces se me hizo importante encontrar un actor de prestigio, y hasta la fecha no ha habido un actor que le haya dado esa proyección al trabajo, tristemente, sin embargo como fue un proceso desgastante, no encontrábamos quién, pues decidimos montarlo entre mi esposa y yo, el resultado no fue tan interesante como esperábamos.

Como empezamos a caer en problemas económicos, descubrí el típico anuncio en el que decía que si quería ganar 20 mil pesos mensuales y vivir en Puerto Vallarta, y me pregunté por ¿qué no cambiar de aires?, fue así como conocí la industria del tiempo compartido cuando llegue a Vallarta, estuve haciendo tiempo compartido como un mes y medio, no me iba tan mal pero descubrí que no era lo mío, en ese entonces llegó un punto en que no tenía ya la visión de hacer nada del teatro, sino de hacer dinero, y llegó un momento en que tratando de escapar del teatro, en lo que me estabilizaba y todo, fue el teatro mismo el que me rescató, porque cuando se ponían las cosa más feas y más complicadas, resulta que alguien me llamaba y me pedía la autorización para montar la obra, y entonces me pagaban regalías, y cuando se produce mi ausencia en la ciudad de México, empieza a darse a conocer con mayor fuerza mi texto, entonces decidí escapar del teatro por falta de dinero, y el teatro me dijo, no, no, no, vente de regreso acá.

¿Cuántas puestas en escena has presentado en Vallarta?

Presentamos Raptola, violola y matola, Abuelita de Batman, de Alejandro Licona, Canto de esperanza, una obra que le escribí a mi esposa Adriana Millán, nosotros hacemos en teatro cosas más simbólicas, más poéticas, más abstractas, más propositivas, y en este caso canto de esperanza era una obra que con dos sillas y un pedazo de tela se hacían un montón de ambientes, entonces la gente vio eso y dijo, “ni tiene nada de producción”, nosotros siempre le hemos apostado a incentivar la imaginación, a que la gente no necesariamente tiene que tener todo digerido, es algo más boceteado, teníamos ya producida Tengo un arma, la presentamos aquí, que fue la que ganó el Premio Nacional de Monólogos, presentamos también El Ornitorrinco, que es de Humberto  Robles, Un mañana diferente, original de Adriana Millán, Que no se culpe a nadie de mi muerte, otra obra de Humberto Robles, La Scuola di Mangiare, que son las que recuerdo ahorita.

Nuestra producción teatral se vio mermada varios años por dos factores, el primero, obviamente el económico, porque hay que subsistir, sacar adelante incluso a una familia, que no se lleva para nada bien con la profesión. Y el segundo, porque a nosotros nos interesa tratar de cumplir con una labor social, entonces muchas veces lo que nos ha pasado es que en lugar de proponer cuestiones a nuestro propio beneficio, nos gusta mucho también tener la visión global de en qué podemos apoyar a la sociedad desde nuestra perspectiva, entonces hemos buscado que nuestra parte cultural o de gestión nos permite tener amistades o nos permite negociar acuerdos para que haya experiencias importantes en el ramo actoral de formación, y hemos buscado traer eventos importantes e invitados destacados para ayudar a la promoción de Vallarta, a formar nuevas personas que les guste hacer teatro, entonces esa labor de pronto nos ha mermado un poco en el quehacer actoral.

¿Cuál ha sido el principal obstáculo al que te has enfrentado?

Antes había una visión muy diferente del teatro a lo que hay hoy en día en Puerto Vallarta, actualmente hay nuevas visiones que han refrescado mucho más esa parte, entonces el descifrar, entender y encontrar el equilibrio entre la formación  del público, la captación de gente en los espectáculos y hacerlo redituable, siempre es la ecuación más compleja para la gente que hace teatro, como hacer que tus trabajos puedan tener viabilidad financiera, pero que al mismo tiempo no te prostituyas artísticamente y no hagas lo que a la gente le gusta, que termines haciendo botargas o cosas así.

Es una parte lo económico, pero también de la visión, capacidad, viabilidad logística, porque también si no hay gente especializada en una parte de iluminación, en cómo organizar un evento, en cómo recibir a la gente, ese tipo de cosas también dificultan mucho, y evidentemente la gestión, que también incide en lo económico, y muchas veces la gente no cree en el teatro, aunque presentes pruebas de que estás logrando cosas, de que estás generando algo, la gente no cree en este tipo de cosas porque hay momentos en que aunque seas destacado en algo, nos han tocado algunos empresarios, que dicen, lo apoye o no lo apoye, vaya a verlo o no vaya a verlo, de todos modos él no lo va a hacer, y va a promover Vallarta, y no hay bronca, no creo que sea solamente privativo del teatro, pienso que también puede suceder en el deporte, en la danza, la gente que destaca en ciertos ámbitos tiene que picar piedra y rascarse con sus propias uñas y sacar adelante las cosas.

¿Cómo ha sido la respuesta del público a través de los años a la fecha?

A través de los años ya se ha formado un púbico y eso está muy padre, y el púbico mismo se ha ido diversificando, el poco público teatral que se ha formado a lo largo de los años, se ha formado gracias a la constancia del maestro Alberto Fabián, mucha gente sabe que existe el teatro por él, entonces la pasión que él ha impreso durante todos estos años ha dejado una huella, y a lo largo del tiempo nosotros y las nuevas generaciones hemos ido capitalizando esa parte independientemente del nuevo público que nosotros vamos formando, es poco a poco penetrar en la susceptibilidad personal de cada uno.

¿Cómo ves el panorama teatral en Puerto Vallarta?

Yo encuentro un momento muy emocionante aquí en Vallarta, porque a raíz de que el maestro Fabián se jubila y deja el Grupo Municipal de Teatro, poquito antes de eso ya se estaba presentando un fenómeno que por pura inercia generacional, varios de sus chicos más allegados empezaron a generar sus propias propuestas, entonces grupos como Boa Viagem, Dionisio, han decidido por su lado hacer sus propuestas y experimentar, además del trabajo de Edgar Treviño, gente valiosa que va llegando a Vallarta, Víctor Jiménez, Coral Arroyo, la oferta artística se ha diversificado mucho y ha ayudado a que la gente consuma más teatro, y es importante destacar la aparición del Teatro Vallarta, aunque los artistas renieguen de él en algunas ocasiones, nosotros también lo hemos llegado a hacer, fue una gran catapulta para darle mayor presencia al nicho teatral aquí, entonces eso fue lo que le picó la cresta a los grupos que están aquí y empezaron a abrir muchos espacios independientes, a innovar, a arriesgarse más y buscar nuevos niños.

¿Consideras que ya ha prendido la semilla de la cultura teatral en Vallarta?

Yo creo que falta pero que va muy bien, es algo emocionante, como te digo, surgen nuevos grupos, surgen nuevos espacios, y eso no pasa en cualquier lado, incluso en ciudades importantes como Guadalajara y la ciudad de México, al contrario, están cerrando espacios emblemáticos de muchos años, entonces el hecho de que surjan nuevas propuestas para exhibir es algo verdaderamente interesante, y hay ya algo muy curioso que nuca había ocurrido, que está empezando a abrirse una conexión entre la comunidad extranjera radicada aquí, que abre sus espacios para uso de ellos y sus públicos cautivos, y han estado haciendo coaliciones con gente como Dionisios o Boa Viagem, ya están abriéndos hacia ese tipo de propuestas, entonces eso para mí es algo muy promisorio.

¿Cuál es tu visión del teatro?

Broadway comenzó como en la época de las 13 colonias, como un grupo de gente que estaba feliz porque ya no iba a estar sometida a un yugo de gente que no le interesaba lo que ellos hacían, entonces por pura alegría y felicidad empezaron a hacer teatro, por puro entusiasmo, y por esa pasión Broadway empezó a crecer y se consolidó hasta lo que es hoy, con una gran tradición a lo largo de los años, ahorita, aunque es un municipio joven, Vallarta está en vías de generar una buena tradición teatral, podría ser que tal vez tenga más potencial iniciar con una tradición cinematográfica por el origen que tiene Vallarta como destino turístico, pero sin lugar a dudas sí hay gente que quiere consumir teatro.

¿Hasta dónde quieres llegar en este ámbito?

Dicen que el cielo es el límite, a mí me gusta vivir en Puerto Vallarta, tiene años que entendí, o cuando menos esa es nuestra lectura, y por lo tanto tenemos la camiseta de Puerto Vallarta bien puesta, podemos desarrollar una identidad, podemos tener un sello, podemos ser identificados como algo interesante, podemos estar en el mapa sin necesidad de hacer la competencia en la ciudad de México, todo mundo quiere ir a la ciudad de México o Guadalajara, nosotros estamos tranquilos desde acá porque nos podemos mover hacia donde queramos, entonces Puerto Vallarta es nuestro lugar de residencia, el lugar que nos abrió las puertas, nos recibió con los brazos abiertos, pero la idea es que si a la gente le gusta nuestro trabajo en China, nos vamos a China, ahorita queremos gestionar una gira por el extranjero, tiene años que lo quisimos hacer, nos echaron para abajo el proyecto pero seguimos con el dedo en el renglón, es la constancia la que va determinando cuál es tu lugar, vas negociando tu talento, tus ganas, con tus posibilidades, con el entorno y con lo que vas viviendo.