Una perspectiva ética del modelo económico mundial

No disfrutaremos la seguridad sin desarrollo, no disfrutaremos el desarrollo sin seguridad, y no disfrutaremos ninguna sin el respeto por los derechos humanos.
– Kofi Annan.

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Por Mtro. Luís Ignacio Zúñiga Bobadilla
luis.zuniga@univa.mx

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En consideraciones aprobadas por el Papa Francisco sobre temas de carácter económico y financiero, para alcanzar un camino de bienestar del hombre que sea real e integral, ordenó la publicación del texto que recuerda la necesaria unión entre el saber técnico y la sabiduría humana y con estrecha vinculación a un fundamento verdaderamente ético.

Asevera el Papa Francisco que las cuestiones económicas y financieras, nunca como hoy, atraen la atención de la Iglesia Católica, debido a la creciente influencia de los mercados sobre el bienestar material de la mayor parte de la humanidad; lo que demanda una regulación adecuada de sus dinámicas y  un real fundamento ético que garantice el supuesto bienestar logrado de esa calidad humana que los esquemas  económicos, por sí solos, no pueden producir.

Se plantea en el documento presentado por la Congregación para la Doctrina de la fe y el Dicasterio para el servicio del Desarrollo Humano Integral, contando con la participación de monseñor  Luis Ladaria y el cardenal Peter Kodwo Turkson, Prefectos de la Congregación para la Doctrina de la Fe y el Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral respectivamente; que “es un vínculo necesario entre el conocimiento técnico y la sabiduría humana, sin el cual todo acto humano termina deteriorándose y con el que, por el contrario, puede progresar en el camino de la prosperidad para el hombre que sea real e integral”.

En alusión a la Encíclica Laudato sí, del Papa Francisco, el documento, motivo de esta reflexión, señala el amor a la sociedad y el compromiso por el bien común,  como una forma excelente de la caridad, que no sólo afecta a las relaciones entre los individuos, sino a “las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas”. De ahí la propuesta de la Iglesia al mundo ideal, de una “civilización del amor” tanto al bien integral en unidad con el amor a la verdad, como  clave de un auténtico desarrollo.

En un fuerte llamado a los liderazgos internacionales, el documento analizado hace referencia a un mundo gobernado aún con criterios obsoletos, en clara aseveración del análisis de la historia reciente del modelo económico mundial y la última crisis financiera; la cual señala pudo haber sido  una oportunidad para desarrollar una nueva economía fundamentada en principios éticos y una regulación de la actividad financiera, que erradicara aspectos depredadores y especulativos.

El planteamiento del texto no deja de reconocer y apreciar los esfuerzos positivos que se han realizado en diversos niveles, sin embargo advierte que no ha habido ninguna postura que haya llevado a repensar los criterios obsoletos que continúan gobernando el mundo; sino que por el contrario, “a veces parece volver a estar en auge un egoísmo miope y limitado a corto plazo, el cual, prescindiendo del bien común, excluye de su horizonte la preocupación, no sólo de crear, sino también de difundir riqueza y eliminar las desigualdades, hoy tan pronunciadas”, a decir de los altos niveles de pobreza y pobreza extrema en que se encuentra sumida una importante porción de la población mundial.

Una de las importantes preocupaciones que esgrime el citado documento, es el aumento de lo que el Papa define como “cultura del descarte”, que advierte  estar en  juego el verdadero bienestar de la mayoría de los seres humanos que corren el riesgo de verse marginados, cuando no de ser “excluidos y descartados” del progreso y el bienestar real, por algunas minorías que explotan y reservan en su propio beneficio vastos recursos y riquezas, indiferentes a la creciente desigualdad social y el deterioro de nuestro medio ambiente.

La exhortación va encaminada a retomar lo que es “auténticamente humano”, ver hacia un modelo económico diseñado desde la mente, pero inspirado en el corazón, para reconocer y atender  las legítimas exigencias de la verdad y del bien común, ya que de lo contrario  el sistema social, político y económico está destinado al fracaso si está sustentado en el egoísmo, que hace pagar a todos un precio demasiado alto; por ende, si queremos el bien real del hombre, el dinero debe servir y no gobernar.

La perspectiva va encaminada a establecer nuevos esquemas de economía cuyas prácticas y normas se orienten al progreso del bien común y sean respetuosas de la dignidad humana, en la línea planteada por la enseñanza social de la Iglesia.

Con el documento desarrollado por la Congregación para la Doctrina de la Fe, por su ámbito de competencia en las cuestiones de naturaleza moral; en colaboración con el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, propone algunas consideraciones de fondo para apoyar el progreso, defender dignidad humana y emprender una reflexión ética sobre aspectos del orden financiero, cuyo funcionamiento desvinculado de fundamentos antropológicos y morales apropiados, no sólo ha producido abusos, injusticias y grandes desigualdades evidentes, también  ha demostrado su capacidad de crear crisis económico sociales sistémicas en todo el mundo.

Muestra de lo anterior, son los evidentes resultados a los ojos de todos , de la grande brecha existente entre un grupo mayoritario que se encuentra en la marginación y una pequeña minoría desbordada en la opulencia, por lo que el documento propuesto, desea contribuir con la conciencia de que no hay recetas económicas válidas universalmente y para siempre; y partiendo del hecho de que toda realidad y actividad humana, si se vive en el horizonte de una ética adecuada, es decir, respetando la dignidad humana y orientándose al bien común, es positiva.

Esta propuesta, asevera el documento, es aplicable a todas las instituciones globales o regionales responsables de la operación económica y financiera en todos los mercados, que más que basarse en dinámicas anónimas, elaboradas por tecnologías cada vez más sofisticadas, se sustentan en relaciones, que no podrían establecerse sin la participación de la libertad de los individuos.

Es evidente la necesidad ética  en  la misma economía, como cualquier otro ámbito que vincula al ser humano,  para su correcto funcionamiento; y señala “no de una ética cualquiera, sino de una ética amiga de la persona” de ello parte Una perspectiva ética  del modelo económico mundial.

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(*) Director de la Univa-PV.