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Tiempo Compartido, una vista escalofriante al paraíso

Este filme es protagonizado por Luis Gerardo Méndez, Cassandra Ciangherotti, Miguel Rodarte y Andrés Almeida.

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Por Sebastián Hernández

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¿Cuándo fue la última vez que cumpliste tus sueños? La pregunta viene a sonar como el principio de un manipulador e hipócrita discurso empresarial, pero no deja de ser intrigante.

Todavía hay algunos vicios que corregir en el cine mexicano de comedia, pero Hoffman y el equipo que lo respalda han dado un gran paso.

A menudo uno suele invertir una buena parte de su vida (algunos necios hasta la entregan en su totalidad) en la búsqueda de metas inalcanzables, querer vivir una vida de película, y tener todo lo que supuestamente debe tener uno para ser feliz, aunque ese todo varía dependiendo a quién se le pregunte. Al final del día, uno decide seguir los espejismos que más le parezcan, sobre todo cuando estos se anuncian como la cura de todos sus males, ¿qué estaríamos dispuestos a entregar por conseguir el paraíso, aunque este fuese una mentira?

Con estas y otras tajantes incógnitas Sebastián Hoffmann nos muestra una exploración de las a veces incomprensibles relaciones humanas en Tiempo Compartido.

Este filme, protagonizado por Luis Gerardo Méndez, Cassandra Ciangherotti, Miguel Rodarte y Andrés Almeida, nos narra cómo la familia de Pedro Álvarez es obligada a compartir su habitación de hotel debido a un error administrativo. Poco a poco, Pedro se dará cuenta que el lugar al que ha llegado esconde una oscura realidad debajo de su placentera y relajada fachada.

Hoffman retrata algunas de las facetas más oscuras de la psique a través de personajes absurdamente caóticos, atrapados en una situación construida a partir del deslinde de responsabilidades, de culpabilizar a otros por la desdicha propia, y de soñar con ilusiones prefabricadas en las reuniones de marketing.

La dirección de actores es uno de los grandes aciertos de la cinta, en particular el personaje interpretado por Rodarte, Andres, un deprimente y acabado camarero del hotel, que es menospreciado hasta por su esposa, Gloria (Monserrat Marañón), cuyos mejores años han quedado en el olvido. También vale la pena destacar el trabajo actoral del reconocido Luis Gerardo Méndez, que, sin alejarse de su habitual papel de niño rico, lo aprovecha con eficacia para trasmitir el desmoronamiento moral y espiritual de un padre de familia que es incapaz de encontrar la felicidad.

Matías Penachino, cinefotógrafo de este filme, crea una imagen aterradora e inquietante de los paisajes paradisiacos, donde el punzante contraste de colores, el recurso de grabar en zonas de penumbra, y el uso de reflejos distorsionados, motivo constante, provocan una profunda sensación de encierro y paranoia. Sin duda la puesta en cámara ha sido uno de los elementos que más caracterizan a esta película, y se ha convertido en una de las propuestas visuales más interesantes de los últimos años en la cinematografía nacional.

La música original, acompañante burlona en este viaje sombrío, nos aborda con extrañas progresiones disonantes de instrumentos agudos, que, en conjunción con la imagen, crean una atmosfera perturbadora y de suspenso inigualable.

Todavía hay algunos vicios que corregir en el cine mexicano de comedia, pero Hoffman y el equipo que lo respalda han dado un gran paso. Este gran ejemplo del humor negro, inteligentemente escrito y llevado a cabo demuestra que los talentos emergentes están buscando llevar nuevas visiones a la pantalla grande, tan extrañas e irreverentes como estas puedan llegar a ser.