Empresa FamiliaGente PV

Eficiencia empresarial, ¿cuál es el secreto?

Eliminar la exigencia de un alto desempeño por los lazos familiares es una visión peligrosa que termina por arriesgar el patrimonio.

.

Por: C.P.C. y M.I. José Mario Rizo Rivas

.

Los resultados se obtienen al explotar las oportunidades, no al resolver los problemas.
Peter Drucker

.

Obtener resultados extraordinarios con elementos mínimos. Las limitaciones de una organización familiar demandan, como en ninguna otra clase de empresa, la ejecución de prácticas que capitalicen los recursos que se tienen a la mano. ¿Cómo atajar las ineficiencias empresariales que obstaculizan nuestro máximo esfuerzo?

Frente a un mercado cambiante y una economía en desarrollo, la empresa familiar necesita incorporar la eficacia como el eje transversal de sus acciones. En realidad, se trata de la mejor política con la que se cuenta para enfrentar la competencia de firmas con mayores posibilidades de estructura y recursos que disputan el mercado. Hacer lo más con lo menos, y aun así entregar una oferta superior.

La ruta para la eficacia puede abordarse desde dos perspectivas: la estructural y la que corresponde a cada integrante de la organización.

.

El todo y sus partes

La productividad puede diluirse en las lagunas que deja la desorganización. La raíz de la mayoría de los conflictos en las empresas familiares parte de la falta de profesionalización en su estructura y desempeño*. Por lo tanto, el primer paso para potenciar la productividad es implementar una estructura de Gobierno Corporativo, o si éste ya existe, proceder a revisar el funcionamiento de los órganos que lo conforman, y que son los encargados de regular la administración, la dirección y los intereses de la familia propietaria.

Al organizar la empresa, los cargos de cada colaborador deben contar con tareas perfectamente definidas para evitar la duplicidad de funciones —basta con echar un vistazo a la historia y reconocer en la división del trabajo, desde los tiempos más antiguos, el factor que ha permitido el desarrollo de las organizaciones sociales—.

También hay que concederle importancia primaria al perfil de cada puesto; que quien lo asuma demuestre objetivamente la capacidad para ocuparlo y supere las evaluaciones permanentes que se le apliquen. Eliminar la exigencia de un alto desempeño por los lazos familiares es una visión peligrosa que termina por arriesgar el patrimonio y la sobrevivencia misma de la empresa.

.

La responsabilidad personal

Si la eficacia se asume desde lo más alto de la jerarquía, el compromiso también se legitimará en el resto del organigrama. Sin embargo, aunque se respete el qué, es difícil encontrar el cómo. ¿Cuál es la forma de resolverlo? Existen cinco consejos prácticos para reconvertir el trabajo en un proceso eficiente desde el margen personal:

  1. Entiende

Todas las actividades implican un proceso que, en muchas ocasiones, se asume sin más. ¿Conoces por qué se realiza de tal manera? ¿Qué existe atrás? ¿Cuál es su importancia? Tradición no equivale a eficiencia. Olvídate de lo mecánico. El primer paso para mejorar una actividad es cuestionar y analizar; luego es posible confrontar las ventajas y desventajas de la dinámica, discriminando lo improductivo.

  1. Apóyate

Nuestro trabajo siempre afecta a otras personas y viceversa. Una empresa no se trata de labores aisladas, sino interrelacionadas, así que podemos investigar quiénes dependen de nosotros y cómo (la clave es la comunicación). Toma la iniciativa de hablar con las personas a quienes afectas antes de que existan impactos para la empresa. Habla también con aquellos de los que dependes: tomar conciencia de las implicaciones permite comprometer a cada área de un proceso.

  1. Limítate

¿Te es familiar la necesidad de acaparar trabajo? ¿Tienes complicaciones para delegar funciones? Éstos son los síntomas de la microgestión (micromanagement, en inglés), en donde un individuo acapara el trabajo en una organización por el convencimiento de que, si no se hace a su manera, los resultados serán negativos. Deja que cada quien haga lo suyo y concéntrate en no descuidar tu responsabilidad fundamental: la que tienes con la familia empresaria.

  1. Reconoce

No es extraño quedarse en la oficina esperando a que alguien más termine su parte en el proceso para finiquitar tus responsabilidades. Sin embargo, esta situación significa una fuga de productividad y una pérdida del recurso temporal: aprende a reconocer cuándo las cosas ya no dependen de ti, aléjate del tiempo muerto en el trabajo y utilízalo para nutrir tu calidad de vida.

  1. Prioriza

Un dicho popular señala que, si un vaso se llena con arena y después con piedras, estas últimas ya no tendrán cabida. La única solución es primero colocar las piedras, luego echar la arena para rellenar los huecos. Ahora, aplica esta lección a tu desempeño profesional: busca cuáles son tus grandes prioridades y concéntrate en ellas, dejando que los asuntos pequeños y de menor importancia llenen los momentos que sobran.

También es importante la honestidad: si es el caso, es tu deber reconocer si existe una sobrecarga de trabajo; éste será el primer paso para aprender a corregir la carga o aprender a lidiar con ella en términos manejables.

En la empresa familiar, las dificultades respecto a las oportunidades y recursos deben ser resignificadas como la posibilidad de implementar la cultura del empeño máximo. Como Paul J. Meyer lo refirió, “la productividad nunca es un accidente. Es siempre el resultado de un compromiso con la excelencia, la planificación inteligente y centrada en el esfuerzo”.

NOTAS AL PIE: *Romero, Luis Ernesto. “Competitividad y productividad en empresas familiares pymes”.