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Los cansados

Siento que estamos viviendo como de puntillas, como las caricaturas que cuando corres a toda velocidad no tocas el suelo, ni el agua, ni la realidad.

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Por Consuelo Elipe

Mucho hemos oído y leído sobre las diferentes generaciones:
Baby Boomers (nacidos entre 1945 y 1964)
Generación X (nacidos entre 1965 y 1981)
Generación Y o Millennials (nacidos entre 1982 y 1994)
Generación Z o Centennials (nacidos a partir de 1995 y hasta el presente)

Y aunque al final a mí se me hacía todo un lío y nunca me acuerdo cuál es la mía, estos días no sé porque me dio por pensar todo el tiempo que la nuestra, sin importar edades, es la GENERACIÓN DE LOS CANSADOS.

No hay persona con la que hable, que no esté agotada, exhausta, muerta a correr de un lado para otro, sin tiempo ni para respirar.

Estoy inmersa en la organización de nuestro evento más grande y obviamente yo estoy “reventada”, pero es que ya no tiene ni gracia mencionarlo, porque cada día hablo con muchas, muchísimas personas y esa es la tónica general.

No sé en qué momento nos inscribieron a un concurso, tipo master chef, ¡pero de la vida!, a ver quién está más vuelto loco, y tengo que decir que ganar va a estar complicado, sobran candidatos.

Se suponía que nuestra generación que estaba a caballo entre la cero tecnología o “fase fax”, al pasar a esta revolución todo sería de color de rosa, ganaríamos en eficiencia, en tiempo, en ocio, en VIDA, y ha sido todo lo contrario.

¿Qué hemos hecho mal?, ¿nos hemos pasado de listos? Yo creo que no hemos sabido dar un salto tan rápido y tan brutal. Era todo tan emocionante que todo se disparó y llego internet, y luego las redes sociales, y las miles de aplicaciones, y así como respirar nos fuimos subiendo a todos los carros y creo que nadie leyó la letra pequeña. Esa que decía que nada tenía vuelta atrás y que todo parecido con la realidad soñada era mera coincidencia.

Lo más curioso, o lo más tonto, es que sí podemos vivir de otra manera, pero es tan estrecha la luz al final de ese túnel, que mejor nos quedamos en el mal de muchos.

Siento que estamos viviendo como de puntillas, como las caricaturas que cuando corres a toda velocidad no tocas el suelo, ni el agua, ni la realidad. Dormimos poco, nos bombardean con información, y tenemos tanto trabajo que un análisis de los que recibimos es del todo imposible.

Así vamos haciendo lo que podemos, despertamos, agarramos el celular, desayunamos la basura que el mundo emite en diferentes formatos de frases vacías, felicidad falsa y alguna cosa salvable, y nos disponemos a trabajar. ¡Bueno nos duchamos en medios gracias a Dios! Trabajar como posesos, como si la vida nos fuera a esperar y la felicidad también.

Pero oh sí, hay cientos de esos artículos y frasecillas de vivir el presente, estar presente. ¿Socorro!, no puedo con una más. Pero si es que nadie tiene ni tiempo de aplicarlas. Hasta los más supuestos zen están desquiciados.

Me da que en esta situación actual la solución no pasa por fases, sino por un puñetazo encima de la mesa, o vives así o mandas todo a freír espárragos y de verdad cambias de vida, y cuando digo de verdad, es que como la caridad, que nadie se entere, solo tú.