Consejos de una abuelita modernaGente PV

El cambio

No podremos esperar “el cambio” positivo en los demás, sin antes iniciar con uno mismo.

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Por un México mejor

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Así como nuestra madre naturaleza cada día cambia constantemente, al igual el ser humano sufre esos cambios que, aunque a veces sean imperceptibles… ¡en realidad suceden en ese maravilloso cuerpo que todos poseemos!, pero somos tan ignorantes que osamos decir no darnos cuenta; o a veces lo rechazamos (pretendiendo ser, quienes no somos); o nos dedicamos a autodestruirle (con alcohol, drogas, o absurdos excesos de diferente índole).

Así como en toda la historia de la humanidad no ha existido, ni existen dos seres exactamente iguales (ni en los famosos gemelos idénticos) ¡jamás ha habido dos días sin ninguna variación!

Hablando físicamente, no existe el día en que tengamos un cabello menos, o una célula sin un cambio constante…

En muchos centros educativos desde muy pequeños, les enseñan a las inocentes criaturas, que como su “cuerpo es suyo”, tienen el “derecho” de hacer con él lo que les plazca (desde tener sexo en edad prematura e irresponsable, hasta matar a sus propios hijos en caso de un embarazo no deseado), pero si en realidad eso fuera cierto, los niños le ordenarían a su ser: ¡crece más!; ¡no tanto!; ¡sé más inteligente!; ¡ahora cambia en forma natural el color de tus ojos, piel o cabellera!, etcétera, o el anciano le diría a su cuerpo decrépito: ¡se más joven!; ¡corre como gacela!; ¡camina derecho y sin dolor!

En conclusión, todos sin excepción algún momento pasamos por “el cambio”; porque nos guste o no, desde el momento que arribamos a éste enigmático planeta, constantemente cambiamos, y tarde o temprano ¿tendremos que partir!, y aunque trabajemos arduamente (o no) para hacernos ricos, poderosos e indestructibles, al final de nuestras vidas, todo lo material ¡aquí se quedará!, y no valdrá la pena hasta el haber destruido a quien se ponga en el camino con tal de lograr nuestro cometido,  capricho, ¡o ambición desmedida!

En la actualidad, “el cambio“ parece  estar de moda, sobre todo en esas personas que no tienen ni la mínima idea de lo que es la ética, ni el respeto: cambian de pareja como de ropa interior (y eso será para las personas que saben un poco de higiene personal), cambian de partido político como de camisetas… estamos viviendo una época de tanto desconcierto que “el cambio” de religión, principios o creencias, es según las conveniencias, y hasta son capaces de destruir a nuestros semejantes robándoles impunemente lo que con tantos sacrificios y años de trabajo honrado lograron obtener… o hasta el perder su dignidad, antes que sus bienes materiales…

Vivimos constantemente “el cambio” y muchas veces en forma involuntaria, sólo basta ver la inmigración a nivel internacional, que por causa de la ambición desmedida de unos cuantos poderosos… ¡las personas se ven en la necesidad hasta de abandonar su modo vivendi, exponiéndose a ser rechazados o separados hasta de su propia familia!

Por desgracia, el ser terrícola irracional, está provocando “el cambio” en nuestra madre naturaleza con sus acciones ególatras y en búsqueda de su propia “comodidad irresponsable”, un sencillo ejemplo: cuando creemos que nadie nos ve, somos capaces de:

¡Tirar la basura donde sea!… o deforestamos… o simplemente extraemos el producto de sus entrañas (petróleo, agua, minerales, etc.), sin darnos cuenta de que con nuestras acciones inmaduras podremos provocar su gran enojo con esos terribles fenómenos “naturales” (inundaciones, terremotos, ciclones, cambio atmosféricos, etc.) ¡olvidando que sólo tenemos éste planeta para poder vivir en completa paz, libertad, armonía, respeto y con mucho amor!

Es tiempo de unirnos, ¡no de dividirnos!, es tiempo de sumarnos, ¡no restarnos!, es tiempo de ayudarnos, ¡no de destruirnos!, es tiempo de amarnos, ¡no de odiarnos!, es tiempo de “el cambio” positivo, ¡no del negativo!, sólo así podremos recuperar todo el tiempo perdido en odios, envidias, guerras inútiles que sólo favorecen a los ególatras hambrientos del poder… pero no podremos esperar “el cambio” positivo en los demás, sin antes iniciar con uno mismo.

Cariñosamente Ana I.