Inseguridad, pero nomás tantita

Por Luis Alberto Alcaraz

.

EL VASO MEDIO LLENO. “Admito que no estoy contento con el tema de la inseguridad, pero dejamos a Vallarta dentro de las 10 ciudades más seguras de México”, presumió el alcalde interino, Rodolfo Domínguez Monroy, al rendir su informe de gobierno, unas horas después de que un sujeto armado con una pistola de plástico asaltó una sucursal bancaria ubicada a unas cuentas cuadras de la presidencia municipal llevándose un botín de 30 mil pesos. Mucha sangre fría debe tener una persona para atreverse a cometer un asalto bancario con una pistola de juguete, pero también debe tener mucha seguridad de que el numerito le saldrá muy bien debido a la ostentosa falta de vigilancia que padecemos en toda la ciudad. Por eso los ciudadanos nos sentimos comprendidos cuando el presidente municipal reconoce que no se tiene la seguridad pública que nos merecemos, pero luego el mea culpa se esfuma cuando el alcalde presume que deja a Puerto Vallarta en la lista de las 10 ciudades menos inseguras de México, lo cual evidentemente parece un gran logro en estos tiempos en los que la inseguridad vuelve a ser galopante en todo el país. O sea, el viejo argumento de siempre, no estamos tan mal, podríamos estar peor. El problema es que el incremento o decremento de a inseguridad no depende del esfuerzo del gobierno municipal sino de los deseos de los criminales de hacer de Puerto Vallarta un santuario.

.

COMO PEDRO POR SU CASA. La fragilidad del sistema policiaco de Puerto Vallarta quedó demostrada la tarde en que la llamada banda del marro decidió dar dos golpes espectaculares al mismo momento en dos puntos diferentes de la ciudad. Mientras una célula atracaba una joyería del centro comercial La Isla la otra hacía lo propio en una joyería del centro de la ciudad, justo frente al mítico hotel Rosita, poco después de las dos de la tarde en un día cualquiera entre semana. La espectacularidad con la que operó el comando hizo pensar a muchos que se trataba de uno más de los rodajes fílmicos que con frecuencia se ven en las calles de la ciudad. Porque eso de asaltar una joyería a plena luz del día, desarmar al guardia, darle unos cachazos en la cabeza y disparar al aire parece más bien de película. Tras la fuga en plena hora pico los temerarios asaltantes quedaron  atrapados por el tráfico pero tras abandonar la camioneta familiar nadie volvió a saber de ellos. Al segundo grupo no le fue tan bien ya que al escapar de la Isla perseguido por la policía quedó atascado en una callecita vallartense por culpa de otro auto que venía en sentido contrario. Las imágenes son de risa loca: los asaltantes saltando del auto para correr como locos mientras los regordetes agentes del orden intentan darles alcance. Al final solamente uno de los malandrines fue detenido, del resto, así como del botín, nada se supo. Podríamos destinar decenas de páginas a documentar uno a uno los casos de delitos con violencia registrados en Vallarta en los últimos meses, pero tristemente eso en nada cambia la realidad, no pasa nada.

.

NI VIENDO ATINAN. El problema es que nuestras autoridades están convencidas de que están haciendo un excelente trabajo en el tema de la seguridad, porque como bien presume el interino, Puerto Vallarta se sigue manteniendo en el ranking de las 10 ciudades menos inseguras de todo el país, según el nada seguro estudio de percepción que dos o tres veces al año realiza el INEGI. De acuerdo con esa dependencia federal, Puerto Vallarta es en estos momentos la ciudad número siete menos insegura del país, aunque apenas el año pasado estuvimos ranqueados en primero y segundo lugar. Lejos de hacernos un bien, esa poco confiable medición que realiza el Inegi nos afecta porque da argumentos al gobierno municipal para presumir sus logros en materia de seguridad pública. Y es que mientras los ciudadanos vemos el vaso medio vacío, nuestros alcaldes prefieren verlo medio lleno, como cuando en Nayarit el Presidente, Enrique Peña Nieto, le otorgó al gobernador Roberto Sandoval un reconocimiento por ser uno de los estados más seguros del país, aunque luego se sabría que era gracias a que el mismísimo fiscal general del estado era el jefe de la plaza. En Puerto Vallarta no hemos llegado a esos extremos, pero es más que evidente que los delincuentes tienen manga ancha para hacer lo que se les venga en gana con muy pocas posibilidades de que los alcance el brazo de la ley.

.

TRES AÑOS CON LO MISMO. La llegada de un nuevo gobierno genera en automático la renovación de la esperanza, la lógica creencia de que el gobierno que llega será mucho mejor que el que se va. Es el caso de Andrés Manuel López Obrador, a quien muchos vemos como el gran salvador de la patria y esperamos con ansias a que llegue el momento de que asuma formalmente las riendas del país, el próximo primero de diciembre. Por desgracia en Puerto Vallarta no tenemos esa ventaja debido a que el nuevo gobierno que arrancará el primero de octubre será una prolongación del actual debido a que Arturo Dávalos es el primer alcalde de la historia en lograr la reelección. Esto quiere decir que viene por delante tres años de más de lo mismo: más inseguridad, más explosión inmobiliaria sin  planeación, más derroche de recursos públicos en populismo y menos inversión en proyectos que realmente cambien el rumbo de la ciudad. Y es que no hay peor ciego que el que no quiere ver, si tenemos un alcalde convencido de que todo marcha muy bien entonces no habrá forma de resolver los problemas que nos afectan como ciudadanos porque simple y sencillamente esos problemas no existen en la mente del gobernante. Pero aún, ya sin la posibilidad de una reelección, el nuevo gobierno trabajará sin la necesidad de ganarse la aprobación ciudadana porque independientemente de los resultados estos serán los últimos tres años de la carrera política de nuestro alcalde.

.

POSDATA. El alcalde, Rodolfo Domínguez Monroy, presumió en su informe de gobierno que redujo en más de 200 millones de pesos la deuda pública del municipio. El problema es que nunca nos dice a cuánto asciende la mentada deuda pública, que desde 2009 ha sido un verdadero misterio para el ciudadano común. El último alcalde del PRI, Salvador González Reséndiz, presumió que entregó una deuda similar a la que había recibido, de 720 millones de pesos, pero luego llegó El Mochilas a decir que la deuda superaba los 3 mil millones de pesos, luego Arturo Dávalos le bajó varias rayitas diciendo que la deuda era de unos mil 300 mdp. El caso es que hasta el día de hoy nadie se ha tomado la molestia de informarnos con certeza a cuánto asciende el adeudo, y eso que el informe de gobierno es para enterar a los ciudadanos del estado que guarda la administración.

.

VOX POPULI. La Suprema Corte de la Nación anunció un recorte de 800 millones de pesos para el presupuesto de egresos del año entrante para estar a tono con el plan de austeridad impulsado por López Obrador. Pero los senadores ya le dijeron que no, que es muy poquito toda vez que el presupuesto a ejercer será de casi 72 mil millones, en los cuales una reducción de 800 millones es una bicoca. Lo peor de todo es que durante este año la SC tiene un subejercicio de por lo menos 3 mil millones de pesos, así que los senadores esperan una reducción de por lo menos 5 mil millones. Vamos a ver si los señores ministros aceptan la respetuosa recomendación del Legislativo o de plano hacen valer su independencia.