Aventuras de un pintorGente PV

Novela 11 Segundos

Por León de la Vega
Entrega 1

.

Íñigo se sentía como un muchacho de seis décadas que siempre, o casi siempre, había disfrutado la vida. Un innato optimismo le había enseñado a superar los pasajes dolorosos.

Nacido en la postguerra, después que el triunfo de los aliados con Estados Unido produjo esa incontenible ola del sueño americano: James Dean, Beatles, Beach Boys y en especial Ruta 66 inflamaron su corazón de niño, haciéndolo soñar con viajes espaciales. Creyó en un futuro brillante, sustentado por una modernidad y civilidad que parecía crecer y expandirse. Esa modernidad era como un ferrocarril al que urgía subirse, o más bien como un avión jet al que se nos invitaba abordar. Resulta buena la figura del jet porque entrado el siglo XXI y aún después del 11 de septiembre 2018 recordaba con nostalgia aquellos vuelos en que la sobrecargo recorría cada asiento preguntando a cada pasajero: ¿prefiere usted carne o pollo? Y luego le servía a cada uno comida caliente, con cubiertos de metal y un salerito y un pimentero individuales. Para trepar en la ola del sueño americano lo mejor era estudiar inglés y terminar una carrera universitaria, de ser posible con maestría.

Creció en un ambiente de optimismo progresivo. Disciplinado por instituciones sólidas como entonces fue la iglesia católica, con sus escuelas de órdenes monásticas. Los valores sociales estaban claros y, si uno se guiaba por ellos, alcanzaría a vivir aquél sueño tan deseado. Un regreso a la guerra y a la tragedia parecía imposible. La revista LIFE en español daba testimonio gráfico de lo indeseable de más conflictos armados. Fotografías donde cerros de cadáveres eran empujados por tractores a inmensas fosas comunes presentaban la más grave advertencia. La convicción general era que aquello nunca se repetiría.

Desde joven se había propuesto no llegar a viejo o, al menos, a no ser como esos viejos pesimistas que ocasionalmente escuchaba platicar con sus padres.  Algunos de ellos eran judíos que habían escapado al holocausto o sobretodo, españoles que habían emigrado por la guerra civil. Sus anécdotas eran horribles, lamentables, pero al fin eran algo del pasado, algo que no volvería a suceder.

En esta nueva era y con el espíritu modernista, con la nueva manera de pensar, quedaba claro que cada problema se podría resolver con ciencia inteligencia y buena voluntad. Recordaba haber escuchado en algún sermón “… convertirán sus espadas en azadones y sus lanzas en hoces…” y concluyó con certeza que ésta sentencia se refería a los tiempos que le había tocado vivir.

Este mismo sentir se expresaba en canciones como “Forever Young” de Dylan, y era común entre la juventud de los 70’s. Íñigo pasó esas décadas doradas de música sana escuchando Beach Boys, Air Supply y la era temprana de los Beatles. Cuando los Beatles sacaron “Lucy in The Sky with Diamonds” algunos compañeros de escuela comenzaron a usar el pelo largo y a fumar marihuana. Desde entonces presintió que algo no marchaba bien, pero él continuó usando el tradicional copete con casquete corto, sin fumar siquiera tabaco.

Estimaba que su sueño estaba bien cimentado y que no debía arriesgar su futuro por modas pasajeras. Había un ideal que perseguir, algo trascendental a qué aspirar, una ilusión que inflamaba su corazón con ilusiones. Aunque se fue separando de algunos grupos, su confianza estaba puesta en el consenso social.

Admitía que no todo lo que los diarios publicaban era verdad, y que algunos gobernantes cometían actos desacertados; en cuanto a éstas fallas el avance de la ciencia y la democracia junto con la buena intención de la silenciosa mayoría, ya irían a su tiempo perfeccionado las instituciones. Entre los de la generación de la posguerra, Íñigo resultó de los más aferrados idealistas. Aún décadas más tarde se mantuvo. Algo en su espíritu le mantenía en espera de un mundo mejor que el que a veces, entre verdades siniestras, se podía percibir.

floendelavega@gmail.com
Continuará…