Lágrimas de cocodrilo

Carlos Lomelí, Enrique Alfaro, Andrés Manuel López Obrador y Aristóteles Sandoval.

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Por José Reyes Burgos

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Un escándalo enorme se generó ayer debido a la protesta organizada por los residentes de Marina Vallarta, quienes pidieron al alcalde reelecto de Puerto Vallarta, Arturo Dávalos Peña, que les cumpliera en no permitir más desarrollos verticales mayores a 8 pisos en la zona, ante las obras que se realizan para unos edificios de mayor altura.

El tema tiene meses cocinándose, al parecer tanto hoteleros y empresarios, además de algunos residentes, con intereses en la Marina no comparten el entusiasmo de quienes construyen actualmente un par de edificios muy altos de alta plusvalía, que por el impedimento que representará del paisaje, o bien por que violan la norma y contribuyen a que se destruya la imagen de Puerto Vallarta,

Esta confrontación entre promotores y habitantes de la Marina y el gobierno municipal ha atraído muchísimos reflectores y generado harta polémica. Pero, lo cierto, es que este es un problema totalmente irrelevante para el resto de la población de Puerto Vallarta, ese 90% que no vive en esa zona residencial ni en la franja turística.

Y es que, se puede dar cuenta uno, que las reacciones de la población ‘de a pie’ respecto al reclamo de los inconformes apuntan a la ironía y baja congruencia de su causa. Es decir, para el vallartense de clase popular, no hay verdaderamente una cruzada contra la explosión inmobiliaria, cuando quienes aclaman estar emprendiéndola viven, literalmente, sobre esteros que fueron deforestados para construir lujosos condominios, hoteles y centros comerciales.

En pocas palabras: el reclamo de los residentes y empresarios de Marina Vallarta es válido como el de cualquier ciudadano, pero ante la opinión generalizada de la mayoría, no es más que un ‘berrinche’ que no importa si tiene éxito o no, pues la Marina entera es un ícono de cambio sustancial al paisaje original de Vallarta.

Por su encontrada vocación turística, naturalmente el puerto necesitó expandir su infraestructura urbana y levantar hoteles de gran turismo; la Marina fue desde luego concebida para albergarlos, y acompañarlos de exclusivos fraccionamientos y campos de golf. Todo eso se erigió sobre esteros, lo seguimos comprobando cuando los cocodrilos no han dejado de procurar las lagunas y charcos del área, además de los embarcaderos, como su hábitat natural.

Pero no es el caso desmeritar la inédita protesta de los residentes y empresarios de la Marina realizada ayer; para nada vale menos que cualquier otra acción de reclamo ciudadano. Pero, si cabe preguntarse: ¿donde están ellos para también exigir que la colonia Emiliano Zapata y el Centro Histórico deje de ser un foco de rapiña inmobiliaria? Valdría la pena unir causas y no detenerse en la petición de parar la construcción de dos edificios.

Puerto Vallarta tiene muchísimos problemas urbanos que igualmente necesitan ser atendidos. La que era considerada una “zona tradicional y romántica” es hoy un cúmulo de edificios altos que además de impedir el bello paisaje, saturan y poco a poco destruyen los drenajes y la capacidad del municipio para recibir y procesar desechos.

Si los residentes de la Marina están peleando por evitar más edificios altos en una zona donde ya los hay desde hace una década y que esta cimentada sobre un ecosistema arrasado, nadie puede juzgarlos con toda la razón del mundo. Empero, para muchos estos reclamos llegan demasiado tarde y pueden representar auténticas lágrimas de cocodrilo, por decirlo de alguna manera. A ver, empresarios y residentes de alto poder adquisitivo en la Marina: ¿de verdad les interesa la imagen de Vallarta?  Vayan y pídanle al fideicomiso del estero El Salado que le asignen un presupuesto, pidan además regulación y transparencia con las construcciones del Centro y sur de la ciudad, y soliciten gestión de los drenajes adecuados. Si no hay respuesta, entonces, a bloquear cuanta calle se pueda.

Brillaron con AMLO por su ausencia

El presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, visitó Guadalajara en su denominada “gira de agradecimiento” que lleva a cabo en todo el país. Al mitin en la capital de Jalisco acudieron morenistas prácticamente de todos los municipios importantes de Jalisco. Sin embargo, trascendió que nadie en Puerto Vallarta tomó la iniciativa de hacer acto de presencia.

Ni los líderes militantes o los regidores y dos diputados electos, se pararon en el acto en Guadalajara y mucho menos organizaron alguna salida. No es que haya sido su obligación, pero este tiempo de transición es de vital importancia para lograr colocar en el escenario a quienes ejercerán la responsabilidad de ser la imagen y ejecutores de la “Cuarta Transformación”.

Y es que sigue un tanto fragmentado el bloque morenista en Vallarta, donde quien hasta el momento más (sólo un poco) se ha perfilado como líder, ha sido Laurel Carrillo, regidora electa, pero no lo suficiente para concretar la unidad ante la opinión pública y la ciudadanía. En julio pasado quedaron en sus posiciones gracias al efecto arrasador de Andrés Manuel. Pero en las próximas elecciones intermedias, no habrá tal ayuda electoral.

Mucho más difícil será que los funcionarios morenistas legitimen su trabajo con la ciudadanía sin un correcto trabajo de vinculación y comunicación hacia la población. Todavía no entran en funciones; vamos a creer que se están preparando cabalmente para construir y consolidar el proyecto morenista, del cual muchos se preguntan sin encontrar respuesta cual será el rumbo y la jerarquía a seguir a nivel local.

Quiere gobernar sin diatribas a medias

Algo que verdaderamente causó impacto en la opinión pública esta semana fue la reunión que Andrés Manuel López Obrador sostuvo, al mismo tiempo, con Enrique Alfaro, Carlos Lomelí Bolaños, y Aristóteles Sandoval. El primero, gobernador electo; el segundo, próximo “delegado federal en Jalisco”; y el tercero, gobernador saliente de la entidad.

Mofa y mucha burla generó que cada quién compartiera la escena de su conveniencia: Enrique Alfaro expuso fotografías en las que se le ve a él junto a López Obrador y Aristóteles, sin Lomelí; y más tarde, una foto en donde a él y Enrique Ibarra Pedroza se les veía comiendo con el tabasqueño.

Esto, en congruencia con su discurso de que no aceptaría al delegado federal y su relación como gobernador sería “directa” con la federación, ante su evidente rivalidad con Carlos Lomelí. Este último no compartió en sus redes foto alguna del encuentro, pese a que hay imágenes en donde se les ve a los 4 en un solo cuadro.

En resumen, Enrique Alfaro empieza a dialogar con Andrés Manuel para no generar un inicio de gestión confrontado, y llevar a la mesa proyectos como el de la Línea 4 del Tren Ligero. Lo que es inevitable, es que a la par el próximo 1 de diciembre entre en funciones Carlos Lomelí como delegado federal en Jalisco. No ha existido diálogo alguno entre este y Alfaro, por iniciativa de ninguno.

Hay de dos sopas: o Andrés Manuel acepta minimizar a su propio pilar que apuntala la estructura política de Morena en Jalisco, para hacer una excepción en el estado y llevar una relación directa con Enrique Alfaro; o este último piensa que el oriundo de Macuspana no es un político de mayor antigüedad y pragmatismo que él, y cree firmemente que ya le está cediendo el territorio. Es decir, busca extirpar la diatriba que nación en las campañas, pero no de raíz. Sigue en la incertidumbre cómo será el trabajo en equipo entre Lomelí y Alfaro, o si aunque sea existirá.