Con Marina Vallarta toparon

Por Luis Alberto Alcaraz

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EL CUENTO DE LOS ELEFANTES. Esto es como la canción de los elefantes que se columpiaban en la tela de una araña, como veían que resistía fueron a llamar a otro elefante. Una tras otra, nuestros funcionarios municipales pasaron por encima de la ley violando los reglamentos de construcción permitiendo la proliferación de condominios verticales en el centro de la ciudad sin importarles las graves consecuencias futuras. El colmo ocurrió durante la administración de Ramón Guerrero El Mochilas, cuando cínicamente se aprobó la venta de una calle que estaba habilitada como andador en la colonia Emiliano Zapata, donde hoy es posible ver el enorme chorizo de apartamentos que se construyó a lo largo de esa ex vialidad. Decenas de inversionistas que tienen sus propiedades en la zona de la noche a la mañana se toparon con una enorme muralla de concreto que les canceló la vista que tenían al mar. Sin pagar consecuencia alguna estos malos funcionarios públicos condenaron al desastre a decenas de habitantes de la zona, sin que nadie, salvo la opinión pública, los llamara a juicio. La facilidad con la que se cometió ese atropello los animó a seguir por ese camino, autorizando permisos de construcción que abiertamente violan el uso de suelo de esa zona, llegando a extremos terribles en la zona de Conchas Chinas, donde en terrenos que antes albergaban residencias unifamiliares de pronto levantaron enormes edificios de condominios obstaculizando la vista al mar de muchos ciudadanos que tienen desde tiempo atrás sus propiedades en esa zona de la ciudad.

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EL CIELO ES EL LÍMITE. Como plaga bíblica los edificios de condominios proliferaron al grado de que quienes tenían un año sin visitar el llamado viejo Vallarta de pronto se toparon con una colonia distinta, más propia de cualquier urbe norteamericana que del destino de playa que presume ser el más mexicano de todo el país. Siendo la parte más antigua de la ciudad, diseñada para una determinada cantidad de habitantes, de pronto el viejo Vallarta empieza a saturarse de condominios que en el corto plazo reclaman servicios básicos que no hay forma de darles, especialmente agua y drenaje, sin contar las vialidades mínimas. Pero eso no le ha importado a estos voraces inversionistas que de pronto encontraron una auténtica mina de oro en la explotación inmobiliaria vertical de Puerto Vallarta, obteniendo millonarias ganancias en el corto plazo sin importarles el colapso que provocarán en el mediano plazo. Inicialmente la presente administración se escudó en que la mayoría de estos escandalosos permisos habían sido otorgados en administraciones pasadas, sin embargo recientemente el alcalde elector Arturo Dávalos acabó con cualquier duda al presumir que lo único que su gobierno está haciendo es acatar el mandato de la ONU al promover el desarrollo vertical de las ciudades. Dicho lo anterior, lo único que nos resta es apelar a nuestro santo favorito, porque vienen por delante tres años de más atropellos gubernamentales.

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¡PERMÍTAME TANTITO! Engolosinados con el boom inmobiliario en el centro de la ciudad y colonias como la Versalles, gobernantes y empresarios se afilan las garras para entrarle al pastel principal en Marina Vallarta, donde ya un abusivo empresario levanta una torre de 12 pisos en tan solo 900 metros cuadrados. El inicio de esta masacre en contra del desarrollo controlado de Marina Vallarta activó las alarmas entre los inversionistas de la zona, quienes el viernes pasado mandaron  a sus fuerzas vivas a manifestarse en el ingreso principal de Marina Vallarta, protesta que ante la nula respuesta de la autoridad municipal derivó en el cierre parcial de la avenida de Ingreso por cerca de una hora, generando el malestar de algunos automovilistas que no entienden el enorme peligro que se cierne sobre Puerto Vallarta si sigue adelante este alocado desarrollo inmobiliario. Lejos de solidarizarse con los manifestantes, algunos observadores optaron por descalificarlos, haciéndose de la vista gorda sobre el origen del problema: un gobierno municipal que abiertamente está pasando por encima de los reglamentos al autorizar la construcción de edificios con alturas superiores a las que permite la ley. El férreo control que el gobierno municipal ejerce sobre la mayoría de los medios de comunicación de la ciudad provocó que se pretendiera distorsionar el origen de la protesta, acusando a los hoteleros de utilizar a sus empleados para darle mayor consistencia a su protesta, pretendiendo deslegitimar el origen, que es la ofensiva violación al reglamento de construcción de la zona.

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EL COMIENZO DEL FINAL. Vale la pena recordar que Gustavo González Villaseñor pasó a la historia como el primer ex presidente municipal sometido a juicio político por haber autorizado el cambio de uso de suelo de los predios donde hoy están los desarrollos Península y Grand Venettian. Sin embargo no pasó lo mismo cuando otro presidente municipal permitió que donde estaban proyectadas unas cuantas residencias se edificara una gran plaza comercial. Por autorizar dos desarrollos de altura considerable Gustavo González debió enfrentarse a poderosos empresarios vallartenses que a punto estuvieron de lograr su inhabilitación, en cambio hoy esos y otros empresarios han guardado silencio ante el ostentoso atropello a la reglamentación mediante la construcción desbocada de condominios verticales. Pero todo tiene un límite y Arturo Dávalos ya conoció el suyo al chocar con los intereses de los propietarios de Marina Vallarta, quienes ya dejaron claro que no van a permitir que pase en su fraccionamiento lo que está pasando en colonias como Emiliano Zapata y Versalles. La manifestación del pasado viernes es apenas un anticipo de la guerra que seguramente veremos en los próximos meses, porque las protestas públicas no pasan de ser un acto mediático para la prensa y las redes sociales, lo verdaderamente importante son los juicios administrativos y penales que seguramente ya están en marcha. Es justo que finalmente nuestros funcionarios entiendan que están para respetar la ley, no para violentarla a cambio de beneficios personales.

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POSDATA. En lo que sí erraron los organizadores de la protesta de Marina Vallarta fue en responsabilizar del problema a Arturo Dávalos y exigirle que dé la cara para responder a sus reclamos. Y es que jurídicamente el responsable del municipio es Rodolfo Domínguez Monroy, alcalde interino hasta el próximo 30 de septiembre, cuando finalmente terminará este trienio y arrancará el que de nueva cuenta encabezará Arturo Dávalos, un trienio que seguramente ya no se caracterizará por la tersura entre alcalde y empresarios que vimos durante esta administración.

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VOX POPULI. La arrogancia del actual gobierno municipal quedó de manifiesto cuando en lugar de acudir ante los protestantes para formalizar una mesa de diálogo se optó por ignorar la protesta y amenazar con proceder penalmente contra quienes participaron en el bloqueo de la Avenida de Ingreso. Qué pena que el alcalde Rodolfo Domínguez y sus asesores no sepan que manifestarse en la vía pública no es causal de delito, en cambio violar el reglamento autorizando permisos de construcción por encima de la ley sí lo es.