Recuento de unas vacaciones

Por María José Zorrilla

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Regreso después de un mes de vacaciones.  Espléndidos días lejos de la cotidianeidad. Un verdadero descanso físico y mental del trabajo diario, los problemas cotidianos, la vida real.

En Madrid caminé por las tradicionales avenidas, la Calle de Alcalá, Paseo del Prado, asistí a un par de museos y vi a la Dama de Elcce que no había tenido oportunidad de conocer. Palermo me deslumbró por sus iglesias con estilos muy propios de una geografía donde confluyen culturas diversas cuya expresión entremezcla estilos románico, bizantino y morisco.

También las hay helénicas y hasta etruscas. Tuve la suerte de estar durante el Festival de música clásica y me tocó un concierto de un joven talento ruso que fue todo un deleite para el espíritu.

En la costa amalfitana nos llevamos una sorpresa, y sólo pudimos apreciarla desde las alturas, donde tuvimos la suerte de encontrar un restaurante con un espléndido menú de mariscos y unos deliciosos calamares.  Por exceso de turismo cerraron los accesos a Positano, Amalfi, Ravelo y demás puntos circundantes.

En Venecia disfrutamos de la Regatta histórica, un desfile por El Gran Canal de góndolas con un despliegue de vestuario similar al Carnaval de Venecia.  Las personas y las embarcaciones parecían hacer gala de pomposo  baile acuático de máscaras.  No podíamos dejar pasar la oportunidad de asistir a la Biennale de Arquitectura donde más de 120 países participan con sus propuestas.

Más allá de estilos arquitectónicos espectaculares, la arquitectura contemporánea parece concentrarse en dialogar con los problemas de urbanismo, gentrificación, medio ambiente, límites y fronteras, movilidad.  Estados Unidos, Suiza, Dinamarca, Rusia, España, presentaron propuestas con lenguajes propios pero dentro de una misma temática coincidente y preocupante.  Nos despedimos de la ciudad de fantasía, porque su presencia parece emanada de un cuento de hadas donde la imaginación alcanzó su máximo potencial.  Las callecitas, los palacios, el comercio, los canales son ya un agasajo visual, el remate es sentarse a escuchar buena música en la Plaza de San Marcos en el Gran Café Quadri sin importar cuánto cueste un refresco o una buena copa de vino. Nada comparable a esos momentos de gozo pleno.

Luego emprendimos por carretera un recorrido por Eslovenia, cruzamos por el norte de Croacia hasta llegar a Budapest.  La ciudad señorial por excelencia, donde navegar por el Danubio es parte obligada del tour, así como visitar la impresionante Iglesia de Matías, el bastión de los pescadores y la Basílica de San Esteban donde tuve el privilegio de escuchar un concierto de órgano espectacular.  Viena fue nuestro siguiente destino, nos paseamos en una calandria, comimos como austríacos, visitamos esta hermosa ciudad europea de privilegiada geografía con campos y montañas que parecen jardines cultivados por manos de expertos.

Estuvimos en la tierra de Mozart, conocer su casa me llenó de emoción.  Salzburgo es otra pequeña ciudad llena de encanto y los jardines del palacio Mirabell son de presumir. Bolzano fue un pequeño descubrimiento en el norte de Italia, hermoso pueblo donde por sorpresa nos dimos cuenta que el alemán sigue siendo la lengua imperante.  Calles, letreros y demás información está en la lengua de los austríacos que lo dominaron por muchos años.  No les quiero decir cómo se anunciaba un abogado porque era de no creerse la cantidad de letras que en alemán se utilizan para describir esa profesión.

En Verona con su espectacular Arena y el famoso balcón de Romeo y Julieta son los principales atractivos para los turistas que se dejan venir en grandes cantidades más allá de lo que sus callecitas tapizadas de mármol de principio a fin puedan admitir.  Volamos a Paris, la ciudad luz.  Me tocó asistir a una exposición con la obra de Gustav Klimt.

De base un video que es proyectado sobre muros, paredes y pisos es como un espectáculo de luz y sonido con la espléndida obra de Klimt.  El regreso a México fue para encontrarme con una realidad que nada ha cambiado, pero donde las esperanzas están fincadas tan altas como lo fue la entrada del Ejército Trigarante aquel 27 de septiembre de 1821.