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Sor Juana Inés de la Cruz

Sin duda una mujer valiente, inteligente y considerada en su tiempo como una niña prodigio, ella es, Juana de Asbaje y Ramírez más conocida como Sor Juana Inés de la Cruz.

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Por Teresita Hernández

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¿Quién no escuchó el poema aquel: “Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis”?

Sin duda una mujer valiente, inteligente y considerada en su tiempo como una niña prodigio, ella es, Juana de Asbaje y Ramírez más conocida como Sor Juana Inés de la Cruz.  Gran escritora y pensadora, es reconocida por la belleza de su obra, como una de las figuras más importantes para las letras y las mujeres de la historia universal.

Era considerada una niña prodigio pues, según los registros, aprendió a escribir y leer a los tres años; y a los ocho escribió su primera loa. No se conoce mucho de su infancia, sólo que vivió en la hacienda de su abuelo, donde aprendió náhuatl.

Por su gran conocimiento y talento, causó gran impresión en la corte virreinal de Nueva España y fue nombrada dama de honor de la esposa del virrey. A pesar de su fama entre la sociedad, antes de los 20 años decidió ingresar al convento. Se cree que ingresó a los conventos no por su vocación religiosa, sino porque así no tendría que casarse, que era lo natural en su tiempo,  y así, podría seguir aprendiendo.

En su celda, así se les llama a las habitaciones en un convento, leyó, hizo experimentos, coleccionó libros, compuso obras musicales y escribió, pasó por todos los géneros, de poesía a teatro hasta textos filosóficos y estudios musicales.

Parte de su obra se perdió, debido a la censura que vivió en su tiempo, como lo muestra un incidente muy famoso protagonizado por Manuel Fernández de la Cruz, el obispo de Puebla, en 1690, puesto que bajo el seudónimo de Sor Filotea de la Cruz le escribió a Sor Juana Inés reconociendo su talento, pero recomendándole que se dedicara a su vocación religiosa, ya que eso iba más de acuerdo a ser monja y mujer, ya que la reflexión, en su tiempo, era ejercicio de hombres. Por supuesto no se quedó callada y contestó en la “Carta atenagórica”.

Un dato muy interesante sobre lo que hacía para lograr sus objetivos, es que se cortaba el cabello y tenía que aprender lo que se había propuesto en el tiempo que le creciera.

Finalmente, murió en una epidemia que azotó a México en 1695. Murió sin saber que sería recordada como una de las mujeres más importantes de nuestra historia y a quien también se le conoce como la décima musa, porque antes de ella hubo otras nueve:  nacidas cuando Zeus se unió a Mnemosine nueve noches consecutivas. Estas jóvenes musas a las que se les reconoce, como sumamente bellas, así al ser ellas nueve, y bajo la grandeza y excelencia de Sor Juana se le Nombra como la Décima Musa.