El destino nos alcanzó

Por Luis Alberto Alcaraz

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EL MAÑANA ES HOY. Lo publicamos apenas el pasado 5 de septiembre, a propósito del mortal ataque de un cocodrilo a un pescador del río Ameca: “Es fácil anticipar lo que le espera a Puerto Vallarta como destino de playa internacional cuando los cocodrilos comiencen a ser una constante en sus playas”. Me llamaron alarmista y exagerado, pero el martes pasado casi a la medianoche lo más temido se hizo realidad: una turista de origen canadiense de tan solo 30 años fue atacada cuando paseaba por la playa del hotel Marriott, sitio ubicado a 3.3 kilómetros en línea recta del lugar donde otro lagarto atacó mortalmente a una persona debajo del puente del río Ameca. Suponiendo que se trate del mismo animal, el cocodrilo debió desplazarse 7 kilómetros nadando por mar y río para llegar a la playa del Marriott e intentar merendarse a la canadiense, quien para su fortuna solamente perdió 35 centímetros de piel en una de sus piernas. Una cosa es que en las aguas del río Ameca sea constante el riesgo de ser atacado por un animal de este tipo, de ahí que abunden quienes defienden al cocodrilo que asesinó al pescador diciendo que éste invadió su hábitat, pero otra muy distinta es que una turista extranjera que pagó un buen billete para vacacionar en uno de los hoteles más exclusivos de la ciudad corra el riesgo de perder la vida sólo porque decidió salir a disfrutar de la playa a medianoche.

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MÁS PAPISTAS QUE EL PAPA. Divierte y preocupa la actitud de algunos pseudo ambientalistas que recurren a todo tipo de malabares verbales para justificar la agresión de ambos cocodrilos. Desde el clásico “nosotros invadimos su hábitat” hasta el “ellos ya vivían aquí antes de que llegáramos”, todo tipo de argumentos se expresan en redes sociales para defender lo indefendible: no es posible convivir en armonía cocodrilos y seres humanos. En cuanto a que les invadimos su hábitat, por desgracia es verdad, el ser humano ha sido el gran depredador de este planeta, provocando muerte y destrucción en todos los ecosistemas debido a sus afanes colonialistas. Pero aceptar eso no cambia la realidad, invasores o no ya estamos aquí. Marina Vallarta, una de las zonas más exclusivas de la ciudad, se asentó sobre lo que era un sistema de esteros, lo cual alteró por completo el equilibro de la región. Pero una cosa es que la Marina esté construida sobre lo que antes era un estero y otra cosa muy distinta que los pescadores que usan esa marina se dediquen a cebar irresponsablemente a dos enormes cocodrilos que han descubierto que en esa zona turística pueden conseguir jugosos desechos de otros animales. Hoy los dos enormes cocodrilos que se dejan ver en las aguas de la marina son un gran atractivo turístico, pero no hay que ser experto en el tema para anticipar el riesgo que eso implica en el mediano plazo.

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UNA TURISTA IRRESPONSABLE. En las redes sociales es posible ver todo tipo de reacciones ante el gravísimo ataque de un cocodrilo a una turista canadiense. En especial llama la atención el comentario de una mujer que acusa a la turista de irresponsable porque se metió a nadar en la playa del Marriott a pesar de que había letreros indicando que era peligroso hacerlo a esa hora. Es evidente que en ninguno de esos letreros estaba asentada la posibilidad de ser devorado por un saurio si decides meterte al agua a medianoche. Es lógico que la advertencia tiene más que ver por el riesgo de nadar en un mar agitado por las mareas que por el peligro de ser atacado por un cocodrilo. Seguro estoy que si la turista hubiese sabido de la presencia del lagarto difícilmente se habría atrevido a meterse al agua, aunque la versión oficial señala que la mujer fue agredida cuando paseaba en la playa. Lo único cierto es que el destino ya nos alcanzó, ya tenemos una bahía poblada de cocodrilos, y aunque los expertos aseguran que sólo son unos cuantos la realidad es que es complicado establecer un censo exacto y, lo más importante, saber con certeza cuántos de ellos muestran tendencia de atacar a los humanos en cualquier acercamiento que se dé. Porque una cosa es no acercarse a las zonas marcadas con presencia de cocodrilos y otra cosa muy distinta es no poder meterse a las aguas de la zona turística porque cabe la remota posibilidad de ser agredido por un animal de estos.

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EL EFECTO CUCARACHA. Como es bien sabido, el hábitat de los cocodrilos está muy bien definido en Puerto Vallarta, siendo el estero El Salado el principal foco de reproducción y convivencia. Basta asomarse bajo el puente del estero, a unos metros de la conocida Galerías El Triunfo, para descubrir un enorme lagarto que duerme plácidamente entre el manglar. Por los rumbos de Boca de Tomates también es fácil verlos en grandes cantidades y grandes tamaños. Se presume que la desembocadura del río Ameca es un gran santuario de cocodrilos, desde los puentes de la carretera Vallarta-Tepic hasta la playa. El problema es que en los últimos meses la empresa Vidanta literalmente está arrasando con buena parte de ese entorno natural, convirtiendo en zona turística recreativa, lo que antes era una zona de reproducción de los cocodrilos. Ante la invasión de esa reserva natural, es lógico que los cocodrilos estén moviéndose hacia el sur por lo que es frecuente verlos cada vez más cerca de la zona turística de Vallarta, al grado de registrarse avistamientos en los ríos Pitillal y Cuale, algo que los viejos vallartenses simplemente no recuerdan como cosa normal. En un destino de playa al que se le han invertido miles de millones de dólares en infraestructura y promoción, lamentablemente se descuidó el equilibrio del ecosistema y hoy empezamos a pagar las consecuencias. Porque una cosa es que un cocodrilo asesine a un anónimo albañil chiapaneco en las turbias aguas del río Ameca y otra muy distinta que un animal ataque a una turista canadiense en las cálidas playas de un hotel de cinco estrellas.

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POSDATA. Por si a alguien no le queda claro, es importante asentar que la solución a este gravísimo problema no es la extinción de los cocodrilos de Vallarta, sino su reubicación y perfecta confinación en sus santuarios. El problema es que nuestros políticos y empresarios no están muy acostumbrados a invertirle al medio ambiente, así que difícilmente destinarán los recursos necesarios para atender con eficacia esta emergencia. Porque, por si no se han dado cuenta, estamos ante una emergencia que podría generar consecuencias tan graves como la de la Influenza que nos afectó como país y como destino.

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VOX POPULI. La sola posibilidad de que un particular obtenga una concesión para cobrar 25 pesos por ingresar al muelle de la playa de Los Muertos hace que se nos hinchen las amígdalas. ¿Cuándo terminará esa etapa en la que unos cuantos vividores busquen hacerse ricos a costillas del ciudadano común? Por si ya lo olvidaron, ese muelle se llama muelle de la Solidaridad y es uno de los atractivos más buscados por propios y extraños, así que por favor ni le muevan, ya se robaron las calles y las banquetas, ya se robaron los parques y los edificios públicos, por favor tengan tantita progenitora.