Consejos de una abuelita modernaGente PV

Por un México mejor

No creas en esos cuentos ni seas fetiche; mucho menos te aferres a esos objetos para la “buena suerte”, no debes de olvidar que: “la buena o la mala suerte”… ¡Tú mismo te la labras!…

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Cada vez que veo a una familia unida y contenta, recuerdo con mucho cariño que mi padre siempre decía que un hogar sin flores naturales y un sillón ¡no era un verdadero hogar!

Cuando era niña, todos los días antes de dormir mi mamá,  después de rezar nuestras oraciones, se sentaba en su sillón, nos contaba un cuento y cantaba una canción de cuna, mientras mecía al hermanito más pequeño y mi hermana mayor y yo, sentadas en el piso esperábamos pacientemente nuestro turno, para que nos cargara en sus piernas; porque  conforme nos dormíamos, mi papá nos cargaba para llevarnos a nuestras respectivas camas.

Uno de sus cuentos, para mí inolvidable fue “El trébol de cuatro hojas”, donde describía que el protagonista ¡un día se lo encontraba! y desde ese día su suerte cambiaba positivamente en todo lo que hacía y decía, y aunque soy católica, apostólica y veracruzana, a pesar de que siempre se nos decía que tanto la buena como la mala suerte dependía de la forma en que nos comportáramos por la vida, siempre que veía esas famosas plantitas, trataba de encontrar  entre ellas… ¡el trébol de cuatro hojas!

Pasaros muchos años, y cuando era adulta, el día menos esperado, a mis pies, apareció en mi vida… ¡el trébol de cuatro hojas!, de inmediato lo corté y al observarle llegaron a mi mente esos recuerdos infantiles rodeada de mi maravillosa familia llena de amor, cuidados y protección, no nada más de parte de mis padres, también de mis abuelitos, tías y tíos, todos solteros, por lo tanto, como no tuvimos primos hermanos ¡nosotros éramos los consentidos de toda la familia!

Lo que es el poder  mental, desde que encontré “el  trébol de las cuatro hojas”, me sentí feliz al recordar esos hermosos momentos de mi maravillosa infancia, y lo guardé en un libro; pero al pasar los años, como la familia se iba reduciendo  y tenía una gran colección de libros, sobre todo infantiles y los clásicos de la literatura universal, los doné al cambiarme a un espacio más pequeño, y ¡lo más seguro es que el famoso “Trébol de cuatro hojas”… ¡Tambien cambió de domicilio!

Al llegar a mi quinta edad, cuando de nuevo llegó a mis manos uno de los cuentos acerca de “El trébol de cuatro hojas“, me dio risa al no recordar en cuál de todos los libros lo había guardado y quién sería el afortunado que lo encontró en caso de que seguiría existiendo.

Pero con o sin “El trébol de cuatro hojas”, mi vida sigue siendo un verdadero milagro de amor desde antes de mi llegada a éste enigmático planeta Tierra, pues desde mi fabulosa vida en el maravilloso vientre de mi hermosa y muy valiente mamá a pesar de que ella estaba desahuciada, nos amaba a todos muchísimo.

No permitió que me mataran, con el pretexto de que el médico opinaba que, con un aborto, habría más posibilidades de vida para ella; pues como ya tenía a mi hermanita mayor y un marido que la amaba profundamente, ambos la necesitaban mucho, a lo que ella respondía “Dios nunca se equivoca”, y que, si me estaba esperando, era por y para algo maravilloso…

Y sin tener “El trébol de cuatro hojas”, a mi madre la operaron embarazada; le quitaron la parte inferior del pulmón, y yo tuve la dicha del llegar a éste enigmático mundo y conocer… ¡A tres hermanitos más! Y ella nació a otra nueva vida (drásticamente dicen que murió) ¡Después de conocer y disfrutar a mis tres nietecitos!…

Conclusión, no creas en esos cuentos ni seas fetiche; mucho menos te aferres a esos objetos para la “buena suerte”, ni esperes encontrar “El trébol de cuatro hojas” para que tu vida cambie, porque no debes de olvidar que: “la buena o la mala suerte”… ¡Tú mismo te la labras!…

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Cariñosamente Ana I.