La fiesta del beisbol en Vallarta

Por Nacho Cadena

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Una verdadera fiesta la llegada de Los Charros de Jalisco a Puerto Vallarta. El estadio de béisbol de la unidad deportiva Agustín Flores estuvo repleto de aficionados; hombres, mujeres, niños, adultos mayores, todos gozando a plenitud cada uno de los juegos que se celebraron el día 2 y 3 de octubre, martes y miércoles; fue un verdadero carnaval con motivo de los encuentros entre Los Charros de Jalisco y la selección de La Marina Armada de México, la primera noche y, el siguiente día, el choque entre dos equipos que, de hecho, participan en la mejor liga de México: la Liga Mexicana del Pacífico que, según mucha gente, es la cuarta mejor liga de béisbol del mundo, en el siguiente orden: la Liga Nacional de Grandes Ligas primero; la Liga Americana del mismo circuito como el número dos; la Liga de Japón número tres; y la Liga a la que pertenecen justamente Los Charros de Jalisco, es la número cuatro. Eso debemos de pensar y de valorar, que no fue poca cosa el espectáculo deportivo donde tuvimos la oportunidad de disfrutar de quienes nos fascina el bien llamado “Rey de los deportes”.

El estadio, aunque pequeño, lucía sus mejores galas ya que se manejó con todo el profesionalismo y de la misma manera que como se llevan a cabo los juegos en la mismísima liga mexicana; música, maravilloso uso motivacional del sonido, el descanso y el canto tradicional del séptimo inning y, desde luego, desde el punto de vista deportivo, tuvimos la oportunidad de gozar los partidos de mucha calidad. Cierto es que estos juegos son parte de la preparación de pre temporada que hacen todos los equipos de béisbol, pero esto no obsta para darnos cuenta de la calidad de peloteros que forman la escuadra beisbolera de Los Charros de Jalisco, el último equipo de ingresar a la liga, pero no por ello es el menos fuerte que el resto de los otros equipos, que desde hace muchos años forman esta liga: de norte a sur Mazatlán, Culiacán, los Mochis, Navojoa, Ciudad Obregón, Hermosillo y Mexicali.

Tengo que hacer un comentario especial en el caso de Hermosillo, los famosos Naranjeros, que por muchos años fueron los máximos ganadores de títulos de estos torneos anuales y que contaban por muchos años con lo que se puede considerar una figura icónica en el béisbol mexicano: Héctor Espino, con cuyo nombre se identificó el estadio profesional.  Fue también aquí y bajo la tutela de los Naranjeros de Hermosillo que se organizó la tutela, la ya famosa Serie del Caribe; donde, por cierto, me tocó ser cabeza de la organización de este banquete beisbolero. En esta serie se encuentran los ganadores del título de las otras famosas ligas de invierno, hoy por hoy, República Dominicana, Puerto Rico, Venezuela, México y Cuba; por cierto, este último país más o menos reciente a la contienda.

Yo creo que, el que lográramos que Puerto Vallarta haya sido el campamento de preparación de pretemporada de los Charros, puede ser algo muy beneficioso; primero, porque los vallartenses podemos tener una fuente nueva de diversión, por cierto, muy sana y divertida; también porque podría ser una gran oportunidad para que niños y jóvenes, con capacidades para jugar este deporte, puedan conocerlo y aprenderlo; segunda porque es una diversión familiar clásica y, por último, el contar con este espectáculo es una herramienta promocional para el destino y un buen pretexto para noticias en todo México.

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EL BEISBOL

A diferencia de muchos otros deportes y, particularmente el deporte que se juega con los pies, es un juego que no implica violencia en las gradas y mucho menos fuera de los estadios. Es un juego donde todos los aficionados mentalmente están participando, porque es estratégico, admite planeación, se juega con inteligencia y pensado en todas las posibilidades y tácticas a utilizar; es complicado de entender por qué tiene muchas reglas, pero por esa misma razón es entretenido y divertido; las jugadas pueden ser espectaculares, un roletazo por tercera base bien fildeado y con la fuerza de un brazo fuerte; el lanzamiento desde el cojín de la tercera a la primera almohadilla es todo un espectáculo y, ni qué decir de “los atrapados” casi volando, que se disfrutan en la parte más profunda del parque; el observar la relación de pitcher y cátcher y tratar de interpretar el manejo del juego que están haciendo es algo único y divertido. El grito oportuno, el comportamiento de los espectadores, los cantos, y la música complementan la alegría de gozar de un juego de béisbol. Por su puesto, hay que agregarle los refrescos, los cacahuates con cascara, los tacos y la correspondiente chela (cerveza); redondean el placer de poder disponer en nuestro querido Vallarta de la oportunidad de asistir a un juego de béisbol.

Debo hacer hincapié de que es un juego limpio, un juego fuerte y un juego netamente familiar; habría que ver la cantidad de chiquillos, señoras, chamacos, y muchachas guapas que, junto con los aficionados, abarrotaron el estadio de la unidad deportiva.

Esta fiesta deportiva fue una promoción conjunta, en primer lugar, de la organización de los Charros presidida por Salvador Quirarte, con el auspicio del municipio de Puerto Vallarta y de tres patrocinadores locales: se destaca en primer lugar nuestro periódico Vallarta Opina, bajo el liderazgo de su director-editor, Luis Reyes Brambila, y los hoteles Fiesta Americana y Friendly, que recibieron en sus instalaciones a los peloteros y directores técnicos de la institución.

¡Bienvenido el béisbol a Puerto Vallarta!

Por hoy fue todo, muchas gracias.