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Confesiones de un abuelo académico

Gracias a Alma, Mitzy, Aresmi, Mafer, Abunader, Griselda, Ángeles, Alondra, Monsserrat, Ketzali, Jazmín, Viviana, Laura, Pamela, Kenia, Irene, Claudia, Andrea, Jessi, Neida, Manuel, Aries, por tantos y tan agradables recuerdos, son ya un grupo que no podré olvidar.

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Por Dr. Jesús Cabral Araiza

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“Una buena actitud, motivación y ganas de lograr tus metas son el motor de tu éxito.”

Me he dedicado, entre otras cosas, a la docencia desde los niveles de pregrado hasta postgrado, a lo largo de ya casi treinta años de experiencia he podido vivir diversas situaciones en el mundo académico, la mayoría de alta satisfacción personal. Entre dichas experiencias están algunos reconocimientos formales, asensos laborales, preseas diversas, publicaciones, conferencias internacionales, nacionales, y gratificaciones económicas entre muchas otras cosas.

Por otra parte, hay aspectos vinculados a la tarea docente que no se pueden comprar, esos que se ganan fruto de la pasión el gusto y la motivación consecuencia de enseñar a otro ser humano. En mi caso, considero que he sido muy afortunado todas estas décadas, pues en su gran mayoría, los grupos y los alumnos a los que he tratado de enseñar algo, creo haber logrado algún cambio, a veces cambiar alguna actitud, en otras, curiosidad por aprender, en otras más, deseos de superación y en muchos otros casos he construido una sólida relación de amistad y hasta de compadrazgo.

Personalmente he tenido la dicha de procrear y tratar de educar un par de hijos maravillosos, que me han dado y siguen dando sinfín de satisfacciones, fruto de sus logros y esfuerzos, sin embargo, he de confesar que me quedé con las ganas de tener una hija, pero cosas de la vida, el destino me colocó en un ambiente docente en el que predomina un poco más del ochenta por ciento el sexo femenino, por tanto, no es difícil imaginar que ya desde hace un tiempo a muchas de ellas las he “adoptado” con un cariño y formas cercanas a las que un padre puede tener precisamente con una hija.

De igual manera, sé que es injusto que las vea como hijas a sus 18, 20 o poco más de años, pues sus padres biológicos con justa razón me podrán señalar que existieron años complicados cuando eran más pequeñas ellas, y seguro que así fue. Pero la satisfacción que ahora ellos tienen y que yo sólo puedo imaginar, nadie se las podrá quitar. Por mi parte yo me consuelo con tratar de complementar esa importante labor parental que me permite mi posición de ser guía docente y que egoístamente mantengo su oído atento a mis indicaciones y señalamientos, no solo académicos, igual de experiencia profesional y de vida.

Recientemente está por concluir la primera generación de un nuevo plan de estudios de alumnos de la carrera de psicología en el CUCOSTA, me correspondió iniciar con ellos desde primer ciclo escolar, y también concluir con una materia de prácticas profesionales. La experiencia ha sido increíble, un viaje surrealista pasando por aprendizaje, profesionalismo, anécdotas, angustia, certeza, enojos, alegrías, presiones, rebeldías, asesoría, comprensión, crecimiento, tolerancia, respeto, entre muchas otras más emociones y sensaciones que producen casi cinco años de formación profesional.

Un día de esta semana, pude verlas por fin a todas peinadas y bañadas, cosa que no sucedía hace tiempo (ver a la mayoría) y no pude menos que sentirme muy nostálgico, precisamente como un abuelo o un padre que sabe que los pájaros en el nido tienen edad para emigrar, que las ilusiones iniciales que manifestaban esos alumnos en un semestre muy temprano de su formación profesional, ahora se materializaban en áreas de oportunidad que están al cruzar la esquina.

Muchos de ellos ya tienen en claro a dónde irán, que seguirán estudiando en alguna ciudad, igual en qué lugar estarán trabajando. Ello por una parte me llena un tanto de satisfacción al saber que de alguna manera un algo de uno se va con ellos, que quizás esas veces que fui estricto, ahora lo entenderán, que cuando la vida les presente obstáculos, ellas y ellos estarán atentos para sortearlos, que nada los asustará más que sus propios miedos, que deberán tener la certeza de que harán bien las cosas y estarán orgullosos de ello como muchos de sus maestros lo estamos.

De igual manera, cuando se enfrenten a una dura prueba, sepan que no estarán solos, muchos estaremos siempre dispuestos a tender una mano, dar un consejo, exigir más de lo que ellos creen que pueden dar y ayudarlos a ser más de lo que uno ha sido.

Gracias a Alma, Mitzy, Aresmi, Mafer, Abunader, Griselda, Ángeles, Alondra, Monsserrat, Ketzali, Jazmín, Viviana, Laura, Pamela, Kenia, Irene, Claudia, Andrea, Jessi, Neida, Manuel, Aries, por tantos y tan agradables recuerdos, son ya un grupo que no podré olvidar. Sé que no estaremos muy distantes y espero poder trabajar en diversos proyectos junto con ustedes y decirles colegas.