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Rodin

Rodin era un escultor francés, considerado como el padre de la escultura moderna.

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Por Teresita Hernández

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Rodin era un escultor francés, considerado como el padre de la escultura moderna. Seguro lo recuerdas por su obra más conocida, El pensador, que en sus inicios fue llamada el poeta y hay por lo menos 28 versiones distintas en plazas públicas en todo el mundo, esta obra fue inspirada en el escritor Italiano Dante Alighieri.

Pues Rodin, según dicen era excéntrico y un poco escandaloso, lo que le valió para adquirir fama, fue el artista que terminó, en su tiempo, con las esculturas de visión frontal.

Pasó la mayor parte de su vida en escuelas y aprendiendo, trabajó en una empresa de decoración, fue rechazado en tres ocasiones por la Escuela de Bellas Artes, al parecer por su miopía, y hasta pasó un año en una congregación religiosa donde estuvo a punto de tomar el hábito, fue un amigo sacerdote quien lo convenció de dedicarse a lo que realmente era su don, la escultura.

A diferencia de Miguel Ángel, quien era un gran maestro para Rodin, él concebía sus esculturas y empuñaba el cincel para darles vida. Por otra parte, Rodin, no se sabe si por su miopía, dejaba esta tarea a los expertos en esculpir, sin embargo, su talento residía en el tacto de sus manos: ante todo era un modelador. Sus figuras de yeso, arcilla, cera o terracota eran luego transformadas en moldes para fundir en bronce o se esculpían en mármol.

Hasta los 40 años, Rodin no recibió un solo encargo por parte del Estado francés, y no fue otro que “La puerta del infierno” inspirada en la obra de Dante Alighieri, La Divina comedia. Este fue un encargo para un museo, el cual nunca se construyó y la obra jamás se dio por concluida.

Los últimos años de su vida transcurrieron en un hotel cerca de París, pero en 1912, una orden estatal estipuló que el edificio debía ser demolido. El artista persuadió a las autoridades de que lo mantuvieran en pie, le dejaran vivir en él para el resto de sus días y lo convirtieran en un museo en su honor tras su muerte. A cambio, cedió al Estado francés su fortuna y su obra. Con este trato pasó de ser una acaudalada leyenda viva, a un viejo moribundo del que todo el mundo pareció olvidarse. Se dice que él y su esposa vivieron sus últimos días en la miseria.